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Perder peso y mantenerlo puede ser difícil cuando la alimentación está ligada a ciclos de restricción, ansiedad y culpa.

¿Por qué es tan difícil perder peso y tan fácil engordar?

Bajar de peso no siempre depende de fuerza de voluntad. La restricción, la ansiedad y la relación emocional con la comida pueden mantener un círculo difícil de romper.

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Por EFE
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Resumen del artículo:

Perder peso y mantenerlo puede ser difícil cuando la alimentación está ligada a ciclos de restricción, ansiedad y culpa. La psicóloga Noelia Alonso Cabarga explica que muchas personas pasan años alternando dietas estrictas con episodios de descontrol, lo que favorece una relación conflictiva con la comida. Su enfoque propone abandonar la mentalidad de dieta, reconectar con las señales internas de hambre y saciedad y diferenciar el hambre física de la emocional. También destaca la importancia de trabajar los factores psicológicos que pueden estar detrás del problema para construir hábitos más saludables y sostenibles a largo plazo.

Perder peso, recuperarlo y volver a empezar. Para muchas personas, ese ciclo se repite durante años y termina generando frustración, culpa y la sensación de que “algo está fallando”. Sin embargo, el problema puede ser más complejo que simplemente comer menos. Según explicó a EFE Salud la psicóloga sanitaria Noelia Alonso Cabarga, especialista en alimentación y salud mental y directora de Kintsugi Institute, la relación entre el peso, la comida y las emociones puede convertirse en una pieza central del problema.

“Para romper el círculo vicioso de ‘engordar, adelgazar y volver a engordar’ primero hay que abandonar la mentalidad de dietas y a continuación trabajar la reconexión entre las señales internas de hambre y saciedad con el fin de recuperar la sabiduría que nos dice cuándo comer o cuándo parar”, señala Alonso.

Su planteamiento parte de una idea sencilla, pero difícil de aplicar cuando se llevan años haciendo dietas: dejar de mirar la alimentación únicamente desde la restricción y comenzar a prestar atención a lo que ocurre también a nivel psicológico y emocional.

El ciclo que puede mantenerte atrapado

Alonso explica que muchas de las personas que llegan a su consulta han perdido peso varias veces a lo largo de su vida, ya sea mediante dietas hipocalóricas o con medicamentos agonistas del GLP-1, como Ozempic.

El problema aparece cuando termina la dieta o se suspende el tratamiento.

“Gran parte de los pacientes que acuden a mi consulta han conseguido bajar de peso varias veces a lo largo de su vida”, afirma la especialista. Sin embargo, muchos terminan recuperando lo perdido y regresan a la misma pregunta: ¿por qué cuesta tanto adelgazar y, sobre todo, mantener ese resultado?

La psicóloga cita un metanálisis reciente de la Universidad de Oxford, con más de 9,000 participantes, según el cual el paciente promedio recuperó su peso inicial aproximadamente 1.7 años después de interrumpir el tratamiento. El estudio también observó una recuperación más rápida que entre quienes habían perdido peso mediante cambios en el estilo de vida.

La relación entre alimentación, ansiedad, hambre y saciedad puede influir en la dificultad para perder peso y mantenerlo a largo plazo.
La relación entre alimentación, ansiedad, hambre y saciedad puede influir en la dificultad para perder peso y mantenerlo a largo plazo. / Shutterstock

Para Alonso, una de las primeras claves consiste precisamente en abandonar la mentalidad de dieta permanente.

Muchas personas pasan años alternando períodos de control estricto con momentos en los que sienten que pierden completamente el control frente a la comida.

Cuando restringir termina provocando más ansiedad

La secuencia puede resultar familiar: primero aparece la restricción, después el deseo intenso de comer, luego el atracón y finalmente la culpa.

A esa culpa se suma con frecuencia la idea de que falta fuerza de voluntad. Y, según explica la especialista, ahí puede comenzar otro problema: si una persona ha aprendido a utilizar la comida para calmar la ansiedad, sentirse mal por haber comido puede llevarla precisamente a seguir comiendo.

“Esta es una de las claves por la que muchas personas se aferran al tratamiento, puesto que después de años viviendo en este círculo vicioso creen que si lo abandonan, lo único que les quedará será el descontrol”, sostiene.

Pero Alonso advierte sobre una paradoja importante: “La restricción es uno de los antecedentes más directos e inmediatos del atracón”.

La especialista señala que existen investigaciones que relacionan la restricción con ansiedad, alteraciones de la conducta alimentaria y una alta probabilidad de recuperar peso a medio plazo.

Entre los estudios que menciona está el conocido Experimento Minnesota, realizado durante la Segunda Guerra Mundial. En él participaron 36 hombres jóvenes sin antecedentes de problemas de peso o relación conflictiva con la comida.

Aunque el objetivo original era estudiar los efectos físicos de la restricción alimentaria para comprender cómo ayudar a poblaciones afectadas por hambrunas, el experimento también mostró profundas consecuencias psicológicas: participantes que antes no tenían una preocupación especial por la comida desarrollaron conductas obsesivas alrededor de ella.

Volver a escuchar el hambre y la saciedad

Abandonar la mentalidad de dieta, aclara Alonso, no significa comer sin límites.

Su propuesta consiste en recuperar la capacidad de identificar las señales internas del cuerpo, especialmente el hambre y la saciedad, que pueden quedar alteradas después de años de ignorarlas.

“El trabajo que llevo a cabo con mis pacientes se basa en la reconexión entre sus señales internas de hambre y saciedad, que en muchos casos están totalmente distorsionadas tras años de no ser atendidas”, explica.

La idea es volver a reconocer cuándo existe hambre física y cuándo el deseo de comer está relacionado con otra necesidad.

Ahí aparece otro concepto importante: el hambre emocional.

No toda hambre empieza en el estómago

Ansiedad, estrés, soledad, tristeza o situaciones ligadas a la historia personal pueden influir en la manera en que una persona se relaciona con la comida.

“Ansiedad es una palabra muy amplia que en cada paciente nos está hablando de cosas distintas y que tienen que ver con su historia vital”, explica Alonso.

Por eso, trabajar únicamente con el peso puede dejar sin atender lo que realmente está ocurriendo.

“Muchas veces, la problemática real ha quedado sepultada debajo del problema con la comida y el peso”, sostiene la especialista.

Cuando esas situaciones comienzan a identificarse, el objetivo es desarrollar otras herramientas para manejar el malestar sin recurrir automáticamente a la comida.

Solo después, cuando existe una mayor autorregulación física, psicológica y emocional, puede valorarse qué hábitos conviene modificar para buscar una vida más saludable.

Más allá de la báscula

Alonso defiende que la salud mental y el bienestar físico no pueden separarse.

“Como psicóloga, mi enfoque nace de una convicción fundamental: la salud mental y el bienestar físico son inseparables”, explica.

Desde esa perspectiva, perder peso de manera sostenible no consiste únicamente en soportar una dieta durante unas semanas, sino en comprender qué papel ocupa la comida en la vida cotidiana, aprender a reconocer las señales del cuerpo y trabajar las emociones que pueden estar detrás de determinadas conductas.

“Para lograr una transformación sostenible en el tiempo es crucial abordar los aspectos psicológicos que subyacen al problema”, concluye Alonso.

La pregunta, entonces, quizá no sea únicamente por qué cuesta tanto perder peso. También puede ser necesario preguntarse qué ha ocurrido durante años con la relación que tenemos con la comida, el cuerpo, la ansiedad y la forma en que intentamos cuidarnos.