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Transparencia hecha arte

En la carretera a Comalapa se encuentra la única fábrica artesanal de objetos de cristal de El Salvador, donde se ofrece una gran variedad de productos.

José Osmín Monge
El Diario de Hoy
vida@elsalvador.com
La dependiente de la tienda es doña Bessy Argueta, quien atiende con amabilidad a los compradores. Es la encargada de mantener en orden la cristalería. Foto EDH/Maritza Santos

Al viajar de sur a norte por la autopista a Comalapa, en el kilómetro 21, se puede apreciar una colorida venta de objetos de cristal.

Los que pasan veloces por la carretera a lo mejor sólo vean un buen número de floreros colocados ordenadamente en estantes, pero quienes se detienen e ingresan al establecimiento se dan cuenta de la gran variedad de objetos que ahí se comercializan.

Se puede encontrar (en distintos formas, tamaños y colores) un buen número de vasos, copas, fruteros, ceniceros, jarras, picheles, candeleros, lámparas de techo, peceras, adornos y floreros.
Cualquiera pensaría que esos artículos son importados, pero en realidad los objetos son fabricados ahí por un grupo de hombres, liderado por don Carlos Céspedes, un peruano radicado en nuestro país desde hace unos 20 años.

Don Carlos es el propietario de esa venta, a la cual le ha dado el nombre de “Artesanías en vidrio”.

Creatividad soplada

Los objetos en exhibición son fabricados de forma artesanal en el taller ubicado en un amplio galerón (contiguo a la tienda). En él se hallan varios hornos, entre ellos uno de fundición de vidrio. También se encuentra muchas varillas y moldes de metal.

Para la producción se reciclan residuos de vidrios (de botellas, botes, adornos, etc.) que son sometidos a altas temperaturas dentro del horno.

Para la elaboración de las piezas se emplean las técnicas de “soplido” y “halado”. La primera consiste en soplar (con la boca) y formar el vidrio semilíquido y caliente a través de una barra hueca de metal, y la segunda en estirar el material hasta dar forma a la figura deseada; para ello se utilizan varillas sólidas.

Algunos artículos son azules, verdes o amarillos; para lograr esos colores en el vidrio se emplean ingredientes químicos especiales.

“Aquí nosotros reciclamos el vidrio. Es un trabajo muy peligroso, ya que nos exponemos a altas temperaturas”, manifiesta don Carlos.

Los jarrones son uno de los artículos de mayor demanda. Los hay en varios colores y tamaños. Foto EDH/Maritza Santos

Este taller sólo funciona 90 días consecutivos al año, y es en ese lapso que se elaboran todos los artículos que se venden en la tienda y en establecimientos comerciales.

“Llevamos nuestros productos a otros departamentos. Me gustaría exportar, pero eso está difícil hacerlo. El comercio es reducido. En 15 días se provee todo el mercado”, expresa el señor Céspedes.

Dura competencia

Según el señor Céspedes, la cristalería tiene aproximadamente 15 años de existencia y hasta hace unos dos años se encontraba en la ciudad de Santo Tomás, donde no contaba con notoriedad.

El propietario también manifiesta que una de sus preocupaciones es la fuerte competencia, ya que el mercado se ha visto invadido por una gran cantidad de productos extranjeros.

“Nuestra cristalería es la única de El Salvador donde se trabaja de forma artesanal. Hay algunas fábricas que utilizan máquinas industriales; con ellas no podemos competir”, expresa don Carlos.

Pese a esos problemas, “Artesanías en vidrio” sigue adelante ofreciendo sus transparentes y variados productos. Si usted tiene la oportunidad de pasar por esta cristalería, deténgase, asómbrese y compre, ya que los precios de las piezas de vidrio son muy bajos.

Con mucho cuidado

Por ser el cristal un material muy delicado, las pérdidas en el establecimiento son muchas. Constantemente se quiebran algunas piezas. Sin embargo esto no preocupa mucho al Señor Céspedes, pues sabe que lo que se daña se vuelve a utilizar.

“Tratamos de manejar las piezas con mucho cuidado”, dice el propietario.

El Señor Céspedes manifiesta que durante los terremotos del 2001 las pérdidas fueron muchas, ya que las artesanías que se encontraban en los anaqueles se vinieron abajo. “Fue en el primer terremoto que perdí más”, comenta.

Los jarrones son uno de los artículos de mayor demanda. Los hay en varios colores y tamaños.

En el establecimiento se pueden encontrar llamativos adornos para comedor.

Algunas piezas, como los candeleros, están colocadas en estructuras de metal.
 

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