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Tradición
barrida por el tiempo
Hasta
hace 15 años, la fabricación de escobas artesanales
era el principal patrimonio de Santiago de la Frontera, en el departamento
de Santa Ana.
De
no ser por los turistas que visitan el balneario Paraíso
Escondido, Santiago de la Frontera parecería un pueblo
fantasma.
Ahí no hay bullicio ni movimiento comercial; en la calle
principal transitan pocas personas y automóviles, en ella
también se encuentran los edificios más importantes
como la iglesia católica, la alcaldía, el juzgado
y la delegación policial.
Según algunos habitantes, esta población hoy en día
no es ni la sombra de lo que era antes; hasta hace unos 15 años
era frecuentada por comerciantes de todo el país, quienes
llegaban a comprar las famosas escobas que ahí se fabricaban.
La elaboración de esos artículos para el hogar era
el principal patrimonio de la localidad.
Don Óscar Gonzalo Gutiérrez, alcalde del municipio,
recuerda como en las madrugadas de años anteriores, cuando
los gallos aún no anunciaban la llegada de un nuevo día,
se escuchaba en los talleres el constante sonido de los mazos de
madera que golpeaban los manojos de paja con los que se daba forma
a las escobas.
Ese ruido era señal de que la gente del pueblo trabajaba.
Eran muchas las familias que se dedicaban a esos menesteres; ahora
ese tipo de labores está quedando en el olvido, expresa
el jefe edilicio.
Sólo quedan dos
En la actualidad en el pueblo sólo funcionan dos talleres
de elaboración de escobas; uno propiedad de don Israel Méndez
y el otro de don Viviano Umaña.
Las otras fábricas fueron barridas con el pasar
de los años y con la llegada de las escobas plásticas.
Antes había unas 20 fábricas, ahora sólo
sobreviven dos. Estamos esforzándonos por preservar esta
tradición. En algunas ocasiones me he visto tentado a dejar
este trabajo, ya que las ventas han disminuido en forma considerable,
expresa don Israel, quien ha elaborado escobas por más de
40 años.
Según don Israel, antes en el taller de su propiedad se elaboraban
hasta 50 docenas de escobas a la semana, y en la actualidad la producción
ha bajado a 20 docenas.
La
fábrica de don Viviano también se ha visto en peligro
de ser clausurada, ya que en el pueblo es difícil encontrar
personas que quieran dedicarse a esas labores.
La gente no quiere laborar en esto; además los compradores
pagan muy poco por nuestro trabajo, comenta don Viviano.
Según el señor Gutiérrez, muchas personas que
se desempeñaban como escoberos dejaron su trabajo para dedicarse
a otras actividades; ahora la mayoría sólo se preocupa
por recibir las remesas que envían los familiares que residen
en el extranjero.
Afortunadamente en el pueblo todavía quedan algunos
hombres que elaboran escobas con escoba (nombre de la fibra natural
con la que están hechas), manifiesta el alcalde.
A pesar de todos esos problemas, en Santiago de la Frontera manos
ásperas de hombres trabajadores siguen dando forma a esos
artículos que son muy útiles en el hogar. En esas
mismas manos también está la responsabilidad de que
ese patrimonio siga vigente y se herede a las próximas generaciones.
En el pueblo
Santiago de la Frontera es uno de los pueblos más pequeños
de El Salvador; cuenta con una calle principal, no tiene parque
ni mucho menos un mercado.
Este municipio tiene un aproximado de diez mil habitantes, distribuidos
en el pueblo, caseríos y cantones.
La mayoría de sus pobladores vive de las remesas que
envían familiares de los Estados Unidos.
Los que trabajan lo hacen en el campo o se dedican a la ganadería.
El principal atractivo turístico es el balneario Paraíso
Escondido, muy visitado por turistas nacionales.
La alcaldía tienen planeado embellecer el pueblo,
construir una plaza y mejor el turismo en la localidad.
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