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Un
mensaje tras el cristal
Tras
el cristal es el nombre de la obra de teatro de la Fundación
Padre Arrupe, que refleja el grave problema de la explotación
infantil en nuestro país.
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| Los jóvenes actores hacen un llamado
a las personas para que respeten y hagan valer los derechos
de la niñez. Fotos
EDH/Evelyn Ungo |
La explotación y el trabajo infantil son una realidad que
muchas veces pasa inadvertida ante los ojos de los salvadoreños.
En nuestras ciudades, centenares de niños y niñas
se esfuerzan de manera sobrehumana para obtener algunos centavos
y así sobrevivir.
Algunos pasan en las esquinas limpiando parabrisas; otros, en los
mercados pregonando variados productos, y los más desdichados
viven en sucias aceras consumiendo drogas o prostituyéndose.
Esa realidad que a diario se vive en las calles y en las avenidas
es la que se refleja en la obra teatral Tras el cristal,
montada por la Escuela de Teatro de la Fundación Padre Arrupe.
En la obra se pone de manifiesto la vida diaria de los niños
y de las niñas que son explotados y obligados a ganarse la
vida de diferentes formas, expresa Rosario Ríos, directora
de la obra.
Contra la explotación
En el drama participan 12 nóveles actores, quienes, a través
de diferentes personajes y por medio de la poesía coreada,
piden al público que reaccione ante la lacerante realidad
que viven esos niños salvadoreños.
Teniendo como fondo una céntrica calle de San Salvador y
vistiendo ropa raída y sucia, los muchachos expresan con
mucho sentimiento cada uno de sus parlamentos, y con ellos dan a
conocer las diferentes caras del maltrato y de la explotación
infantil.
En el escenario se pueden ver representados a pequeños vendedores,
limpiacarros, acarreadores y payasitos; también
sobresalen una prostituta adolescente y un hombre explotador.
El mensaje de la obra es concientizar a las personas a no
explotar a nuestra niñez, y decirles que los niños
son seres humanos que merecen respeto y comprensión,
expresa Priscila Coto, de 17 años, una de las actrices.
El texto de la obra fue escrito por el dramaturgo salvadoreño
Santiago Nogales.
Para pensar
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| El drama fue presentado recientemente en
el Tercer Encuentro Teatral Universitario, realizado en la Universidad
Dr. José Matías Delgado. Fotos
EDH/Evelyn Ungo |
Esta obra fue presentada por vez primera en el festival de teatro
Las diez peores formas de trabajo infantil, organizado
el año pasado por la Organización Mundial del Trabajo
(OIT).
Según la directora, montar la obra no fue difícil,
ya que la mayoría de los jóvenes actores conoce de
cerca los problemas sociales en los que están inmersos muchos
de nuestros niños.
Los que participan en esta obra tienen un gran potencial actoral.
Hay mucho interés por parte de ellos para hacer ver los problemas
sociales que afectan a la niñez, expresa Rosario.
Tras el cristal no es una obra para reír o para
quedarse con los brazos cruzados. Es un llamado a la sociedad que
cada vez se vuelve más fría y le da menos importancia
a la problemática.
Es un mensaje al corazón y a la conciencia de todos los adultos
que han cerrado sus ojos a la realidad que a diario viven muchos
niños y jóvenes salvadoreños.
Teatro joven
Esta pieza teatral fue presentada el pasado miércoles en
el Tercer Encuentro Teatral Universitario, realizado en la Universidad
Doctor José Matías Delgado.
La obra fue ovacionada por el público y fue merecedora
de buenos comentarios.
Según Priscila Coto, actriz, los muchachos de la compañía
se han sacrificado mucho para presentarla y transmitir su mensaje.
Uno de los mayores problemas que experimenta el grupo es el
distanciamiento de sus miembros. La Fundación Padre Arrupe
nos ha apoyado mucho con la promoción de esta obra,
comenta Priscila.
Para la presentación en este encuentro teatral se
reunieron ex alumnos del Complejo Educativo Padre Arrupe. Algunos
de ellos estudian en las universidades José Simeón
Cañas, de El Salvador, Evangélica y en la Escuela
Nacional de Economía y Negocios.
El montaje ha llamado tanto la atención que la OIT
ha decidido publicar el texto y realizar una gira a nivel nacional.
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