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Las cruces de don Juan

Toda su vida el señor Juan Antonio Rodríguez, de 75 años, se ha dedicado a trabajar rodeado de difuntos, elaborando cruces y nichos en diferentes cementerios del país.

Ricardo Guevara
El Diario de Hoy

vida@elsalvador.com
En la casa donde vive don Juan Antonio guarda una gran variedad de cruces con precios que van desde los 100 hasta los 130 colones. Fotos EDH

No importa las inclemencias del tiempo, si llueve, si hace sol, si es de día o de noche, ya que cuando le encargan un trabajo urgente debe realizarlo casi siempre contra el tiempo.
Sus herramientas de trabajo son una piocha, una pala, una barra y un sombrero de palma que lo acompaña siempre en sus labores diarias.

Don Juan Antonio es originario de Santa Ana, pero ahora reside en la ciudad de Acajutla, en el departamento de Sonsonate, y su casa, casualmente, está ubicada a un costado del cementerio general de esta ciudad portuaria.
En la entrada de su humilde vivienda, fabricada de láminas, madera y con piso de tierra, se puede leer un rótulo que él mismo ha elaborado y que dice textualmente : “Se venden cruces y se hace toda clase de trabajo en el cementerio”.

“Hay días en los que no gano ni un solo centavo, pero en otras ocasiones por lo menos se obtiene un poco de dinero para pagar las deudas”, afirma don Juan.
Las cruces y los nichos que fabrica son reconocidos en diferentes lugares de la zona occidental, ya que muchas veces llegan a solicitar sus servicios personas procedentes de Cara Sucia, Guaymango, Izalco y Santa Ana, entre otras poblaciones.

Las épocas en la que existe más demanda de cruces y de nichos es en la temporada de fin de año y en la celebración del Día de los Santos Difuntos.Fotos EDH

Una vida entre difuntos

Desde su infancia don Juan Antonio ha convivido con los muertos, ya que su padre era enterrador del cementerio Santa Isabel, de Santa Ana, a quien acompañaba siempre en sus labores cotidianas.
Luego de varios años de trabajar junto a su padre fue contratado como vigilante en el mismo panteón, cargo que desempeñó por un largo tiempo.

Luego decidió trabajar de forma independiente y se dedicó a elaborar cruces, capillas, criptas y cualquier otro trabajo relacionado con el cementerio. Aunque hubo una época en la que laboró como albañil.

“A los muertos no les tengo miedo, pues he comprobado que los únicos que asustan son los vivos. A lo largo de mi vida nunca he escuchado, visto o sentido algo fuera de lo normal”, afirma don Juan Antonio.

En ocasiones ha tenido que laborar toda la noche en medio de un cementerio, teniendo como única compañía la oscuridad y el silencio propio de los camposantos.

Ahora que don Juan Antonio ha llegado a los 75 años de edad, continúa compartiendo sus actividades con los vivos y los muertos, esperando en su humilde vivienda a los dolientes que solicitan de sus servicios profesionales.


Una variedad de cruces
Las cruces con diseños de flecha, trébol y punta de lanza son las preferidas para adornar las tumbas.
“Elaborar cruces requiere de un cuidado especial, no sólo es mezclar cemento y arena, ya que estas deben durar mucho tiempo y acompañar al difunto en su morada eterna”, asevera el artesano.
El precio de las cruces oscila entre los 100 y 130 colones, todo depende del estilo y el tamaño, mientras que un nicho puede costar unos dos mil colones, asegura don Juan, quien con mucha satisfacción afirma que una buena parte de las cruces del cementerio de Acajutla han sido fabricadas por él.



 

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