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Las
cruces de don Juan
Toda
su vida el señor Juan Antonio Rodríguez, de 75 años,
se ha dedicado a trabajar rodeado de difuntos, elaborando cruces
y nichos en diferentes cementerios del país.
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En la casa donde vive don
Juan Antonio guarda una gran variedad de cruces con precios
que van desde los 100 hasta los 130 colones. Fotos
EDH
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No importa las inclemencias del tiempo, si llueve, si hace sol,
si es de día o de noche, ya que cuando le encargan un trabajo
urgente debe realizarlo casi siempre contra el tiempo.
Sus herramientas de trabajo son una piocha, una pala, una barra
y un sombrero de palma que lo acompaña siempre en sus labores
diarias.
Don Juan Antonio es originario de Santa Ana, pero ahora reside en
la ciudad de Acajutla, en el departamento de Sonsonate, y su casa,
casualmente, está ubicada a un costado del cementerio general
de esta ciudad portuaria.
En la entrada de su humilde vivienda, fabricada de láminas,
madera y con piso de tierra, se puede leer un rótulo que
él mismo ha elaborado y que dice textualmente : Se
venden cruces y se hace toda clase de trabajo en el cementerio.
Hay días en los que no gano ni un solo centavo, pero
en otras ocasiones por lo menos se obtiene un poco de dinero para
pagar las deudas, afirma don Juan.
Las cruces y los nichos que fabrica son reconocidos en diferentes
lugares de la zona occidental, ya que muchas veces llegan a solicitar
sus servicios personas procedentes de Cara Sucia, Guaymango, Izalco
y Santa Ana, entre otras poblaciones.
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Las épocas en la
que existe más demanda de cruces y de nichos es en
la temporada de fin de año y en la celebración
del Día de los Santos Difuntos.Fotos
EDH
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Una vida entre difuntos
Desde su infancia don Juan Antonio ha convivido con los muertos,
ya que su padre era enterrador del cementerio Santa Isabel, de Santa
Ana, a quien acompañaba siempre en sus labores cotidianas.
Luego de varios años de trabajar junto a su padre fue contratado
como vigilante en el mismo panteón, cargo que desempeñó
por un largo tiempo.
Luego decidió trabajar de forma independiente y se dedicó
a elaborar cruces, capillas, criptas y cualquier otro trabajo relacionado
con el cementerio. Aunque hubo una época en la que laboró
como albañil.
A los muertos no les tengo miedo, pues he comprobado que los
únicos que asustan son los vivos. A lo largo de mi vida nunca
he escuchado, visto o sentido algo fuera de lo normal, afirma
don Juan Antonio.
En ocasiones ha tenido que laborar toda la noche en medio de un
cementerio, teniendo como única compañía la
oscuridad y el silencio propio de los camposantos.
Ahora que don Juan Antonio ha llegado a los 75 años de edad,
continúa compartiendo sus actividades con los vivos y los
muertos, esperando en su humilde vivienda a los dolientes que solicitan
de sus servicios profesionales.
Una variedad de cruces
Las cruces con diseños de flecha, trébol y punta de
lanza son las preferidas para adornar las tumbas.
Elaborar cruces requiere de un cuidado especial, no sólo
es mezclar cemento y arena, ya que estas deben durar mucho tiempo
y acompañar al difunto en su morada eterna, asevera
el artesano.
El precio de las cruces oscila entre los 100 y 130 colones, todo
depende del estilo y el tamaño, mientras que un nicho puede
costar unos dos mil colones, asegura don Juan, quien con mucha satisfacción
afirma que una buena parte de las cruces del cementerio de Acajutla
han sido fabricadas por él.
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