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Hermandad
de fieles nazarenos
La
Asociación del Santo Vía Crucis, de la parroquia El
Calvario de San Salvador, por más de dos siglos se ha dedicado
a la organización y realización de las principales
procesiones del tiempo de cuaresma en nuestra ciudad capital.
José Osmín Monge
El Diario de Hoy
vida@elsalvador.com
Rodeada de un mar de ventas, entre el bullicio de miles de personas
y automóviles se halla imponente la histórica iglesia
de El Calvario, en San Salvador.
Su estilo gótico y los bellos detalles en su arquitectura
la han convertido en uno de los templos católicos más
impresionantes de El Salvador. En esta casa de oración se
organiza la mayor parte de los actos litúrgicos de Semana
Santa, incluyendo las tradicionales procesiones.
Para ello se cuenta con la colaboración de un grupo de hombres
y mujeres que se preocupa por la realización de las principales
actividades religiosas de nuestra capital. Es la Asociación
del Santo Vía Crucis, de la cual se tiene información
escrita que data de 1776
.
Trabajo repartido
A lo largo de su existencia, esta Asociación ha cambiado
de nombres. En sus inicios se llamaba Cofradía del Vía
Crucis, luego Cofradía del Señor del Calvario, posteriormente
Cofradía del Santo Entierro, y a partir de 1960 se le dio
el nombre con el cual se conoce en la actualidad.
Fue el padre Agustín Griseri (Q.E.P.D.), quien reestableció
ese año la Asociación del Santo Vía Crucis.
Gracia a él la organización logró su personería
jurídica.
La iglesia fue destruida en tres ocasiones. La Asociación
comenzó su trabajo el día que fue inaugurado este
templo. A partir de entonces no hubo muchos cambios; se estableció
para que sus miembros organizaran las procesiones de Semana Santa
y del Corpus Christi, expresa el señor Nick Mahomar,
síndico de la junta directiva de la Asociación.
Los miembros de esta hermandad realizan diferentes funciones, no
sólo en la cuaresma, sino también durante el resto
del año.
Durante la Semana Mayor, los hombres se dedican a armar y decorar
las pesadas andas de madera donde se yergue el Nazareno con su cruz.
Ellos se encargan de llevar en sus hombres a las diferentes imágenes.
El trabajo fácil lo realizan las señoras y las señoritas
miembros de la organización. Durantes las procesiones, ellas
llevan los estandartes en los que lucen plasmadas las imágenes
de las diferentes estaciones del Vía Crucis.
Responsabilidad al hombro
La devoción y el respeto de los miembros de la Asociación
se pone de manifiesto en cada acto litúrgico. Ellos y ellas
participan en varias procesiones, pero las más importantes
son las del Viernes Santo. Ese día, por la mañana,
se hace el Vía Crucis, y por la tarde el Santo Entierro,
manifiesta el señor Mahomar.
En ambos recorridos, los socios de la hermandad utilizan vestimentas
especiales; para el vía crucis los hombres visten con túnicas
y capirotes (cucuruchos) de color morado y por la noche, ropa talar
negra. Las mujeres utilizan vestidos negros en ambas procesiones.
Todos los viernes de la cuaresma (siete en total) se realizan vía
crucis por las tardes, los cuales inician en la iglesia San Esteban
y culminan en El Calvario.
Además se lleva a cabo, cada jueves del tiempo de penitencia,
la llamada procesión de traslado. En ella se traslada la
imagen del Nazareno hasta la iglesia San Esteban, para que al día
siguiente (viernes) parta de nuevo hacia El Calvario.
La procesión de los jueves es menos ceremoniosa. Sin
embargo, quienes participan en ella van con mucho respeto,
dice el señor Mahomar.
Otras de las procesiones importantes son la del Silencio y la de
La Soledad, la primera realizada el Jueves Santo por la noche, y
la segunda el Sábado de Gloria por la tarde.
En la actualidad, la Asociación del Santo Vía Crucis
tiene unos 80 miembros, quienes pagan cada mes una cuota de tres
colones. Esa cuota quedó establecida en 1960.
Cada año, esta hermandad admite entre dos o tres nuevos socios,
sin embargo sólo uno ellos suele perseverar.
Gracias al esfuerzo y a la dedicación de los miembros, las
procesiones de Semana Santa se siguen realizando año con
año. En sus hombros no sólo llevan las andas con las
imágenes, sino también cargan la responsabilidad de
conservar viva parte de nuestras tradiciones religiosas.
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