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Es lo mismo en barrios y residenciales: jaurías de perros hacen de las suyas cuando sus dueños los abandonan o los sacan de casa para que den rienda suelta a sus instintos. Allí son presa de enfermedades contagiosas y se vuelven un peligro para la sociedad. Un perro, aunque no sea de raza, tiene características específicas y cuidados mínimos que debemos conocer antes de integrarlo a la familia. Por eso sus dueños -y no el animal-son los responsables de serias mordeduras o de contagios de rabia en las víctimas más vulnerables de siempre: los niños. Visión médica y humana Antes de adoptar un perro o un gato deben contemplarse las necesidades y los cambios que habrá dentro de la familia. Conviene analizar el espacio disponible, recursos económicos para control veterinario, tiempo para jugar, educar y ejercitarlo, supervisión de su relación con nuestros hijos, etc. Así no tomaríamos la decisión tan a la ligera. Según el doctor Óscar Morán, de veterinaria Los Héroes, una vez decidida la adopción es bueno consultar sobre la raza acorde a nuestras necesidades. Aun dentro de cada raza hay perros dominantes. Es recomendable una prueba inequívoca: agarre al cachorro y acuéstelo boca arriba poniendo una mano sobre su pecho. Si es dominante no pasarán 10 segundos para que reaccione tratando de morderle o levantarse. Morán explica que el carácter es moldeable y además de enseñarle lo básico (dónde defecar, qué areas no son permitidas, cómo comportarse en la calle) es bueno prevenir accidentes. Los pit bull, por ejemplo, se han visto involucrados en numerosos casos de violencia, con personas o con otros animales. Obviamente no deben andar libres ni son apropiados para niños, como tampoco los boxer y los pastores alemanes. Cuando hay hijos se debe pensar siempre en un cachorro para que ambos se conozcan. Al darle de comer introduzca su mano en el plato para que se acostumbre a la presencia humana. Un niño pequeño que desee tomar de su comida o quitarle del hocico un juguete puede ser agredido, asegura el veterinario. Los pequeños también deben conocer sus limitantes: si halan de su cola o lo maltratan un perro, aunque sea manso, puede reaccionar agresivo. Por eso nunca se dejan solos con un animal. Rabia y sobrepoblación En el país enfrentamos un problema de cantidad. Y en la calle, en constantes peleas, perros y gatos son presas fáciles de virus como la rabia. Mecanismos como castración o esterilización serían efectivos para evitar los sacrificios de estos nobles animales. Aunque la castración en el gato no asegura su sedentarismo, sí evita peleas propias de la búsqueda de pareja; en las gatas, el desgaste por partos sucesivos, explica el médico. El doctor Morán recomienda la vacunación metódica y anual contra la rabia, pues si la vacuna está vigente y el animal no se relaciona con perros callejeros no habrá riesgos. Es algo cultural que la gente no inmunice sus animales. El Ministerio de Salud en sus campañas y las unidades de salud proveen de vacunas de buena calidad en forma gratuita y aun así no acuden, asegura el médico. Si un perro tiene contacto con otro que tiene rabia, pero
tiene vacuna vigente puede revacunarse y entrar en período
de cuarentena por seis meses. Pero como dice un maestro veterinario,
en rabia nada está escrito. ¿Desea vivir con una bomba
de tiempo?, pregunta el veterinario. Rabia y sus fases * Prodrómica: dura de tres a cuatro días y puede
darse fiebre, dilatación de la pupila, aumento del apetito
sexual, frecuencia al orinar, cambios de comportamiento (si es tímido
se vuelve agresivo o viceversa). Los síntomas pueden presentarse a las seis semanas o al
año de haberse contagiado. La rapidez en que los presenta
depende de la zona en que le fue inoculado el virus (manos, cara,
cuello y cabeza son más fulminantes por la cantidad de nervios
que poseen y allí es donde viaja el virus). |
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