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El
jugoso valle de Los Bajíos
En
San Juan Opico, La Libertad, se encuentra el valle Los Bajíos,
famoso por sus vastos naranjales y sembradíos de mandarinas
José Osmín Monge
El Diario de Hoy
vida@elsalvador.com
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San Juan Opico es sin lugar
a dudas uno de los municipios más prósperos
del departamento de La Libertad.
Foto EDH / Maritza Santos
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San Juan Opico es sin lugar a dudas uno de los municipios más
prósperos del departamento de La Libertad.
La amabilidad de su gente, su hermosa y bien cuidada iglesia colonial
y sus sitios arqueológicos la convierten en un lugar especial.
Pero este pintoresco municipio también es reconocido a nivel
nacional por sus amplios sembradíos de naranjas y mandarinas.
Los Bajíos, ubicado a tres kilómetros de la ciudad,
es el valle más fecundo y próspero de este lugar.
En él crecen miles de árboles de dulces mandarinas
y naranjos, cuyos frutos son el principal patrimonio de la población.
De la flor a la fruta
En este valle trabajan muchos hombres, mujeres y niños, quienes
cortan, recolectan y seleccionan las dulces frutas. Uno de los naranjales
más productivos es el de doña Julia Ávila,
una mujer emprendedora que por más 30 años le ha sabido
sacar el jugo a las cosechas de naranjas.
Este negocio lo inicié junto a mi compañero
de vida; pero después de su muerte sólo quede yo al
frente, manifiesta doña Julia, una señora que
se caracteriza por su amabilidad, su buen sentido del humor y su
tenacidad.
Desde septiembre, en los verdes naranjales de doña Julia
y en los de otros productores de la zona, comienzan a surgir entre
las hojas las blancas y fragantes flores, las que con el tiempo
van dando lugar a pequeños frutos de color esmeralda. A medida
que el tiempo va pasando, cada arbusto se inunda de amarillas frutas.
En octubre inicia la cosecha. Los ávidos trabajadores comienzan
a prepararse para recolectar las naranjas y las mandarinas. Los
hombres más experimentados son los que desprenden de las
ramas los jugosos frutos. Para ello utilizan escaleras de hasta
ocho metros de alto, hechas con varas de bambú.
La escaleras son apoyadas en las frágiles ramas haciendo
que los hombres se mezcan en lo alto de un lado a otro. A los intrépidos
cortadores no les importa el peligro, ellos desprenden con gran
pericia y rapidez los deliciosos cítricos, los cuales son
lanzados desde lo alto sobre una matata con hojas secas de matas
de guineo (para que no se magullen).
Alfombras de mandarinas
Desde lejos, en el suelo se pueden apreciar las pequeñas
esferas de color amarillo o anaranjadas que dan un toque
de colorido al lugar.
Ya en el suelo, las frutas son recogidas por niños y mujeres,
y luego colocadas en carretillas. Por los estrechos caminos alfombrados
de naranjas los recolectores las llevan hasta las ramadas, donde
son clasificadas según su tamaño y su calidad.
Las más grandes son las de primera. Las que están
golpeadas o desculadas son las que se venden más baratas.
Cuando la cosecha está buena se cortan a diario hasta 15
mil mandarinas e igual número de naranjas, expresa
doña Julia.
Hasta las parcelas de Los Bajíos llegan a diario los compradores,
provenientes de diversos puntos de nuestro país. El millar
de mandarinas de primera calidad es vendido por doña Julia
a 250 colones y el de naranja corriente a 140 colones. Los revendedores
incrementan hasta el doble ese precio.
Mientras el empeño y el esfuerzo de los productores de naranjas
se mantenga vivo, los naranjales y los sembradíos del valle
los Bajíos seguirán dando sus ricas frutas.
Y gracias a las cosechas que una vez al año se dan en este
lugar, decenas de familias tendrán la oportunidad de ganarse
su sustento diario, no sólo con el sudor de su frente, sino
también con el jugo de sus naranjas.
Foto 1: Niños y adultos se dedican al cultivo de naranjas
y mandarinas en el valle de Los Bajíos, San Juan Opico, La
Libertad.
Foto 2: Cuando es época de cosecha se recolectan millares
de sabrosas frutas que luego son seleccionadas para el mercado.
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