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La fruta entera, el agua y la leche son alternativas asociadas con menor riesgo de hipertensión a largo plazo.

Bebidas azucaradas en la niñez elevan riesgo de hipertensión

Consumir con frecuencia bebidas azucaradas y jugos de frutas durante la infancia puede afectar la salud cardiovascular en la adultez.

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Por EFE
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El consumo frecuente de bebidas azucaradas y jugos de frutas durante la infancia y la adolescencia está fuertemente vinculado con un mayor riesgo de desarrollar hipertensión arterial en la edad adulta, según una investigación difundida por EFE. El estudio, realizado por investigadores estadounidenses, dio seguimiento a más de 25,000 personas durante 25 años y concluyó que los hábitos alimenticios desde edades tempranas pueden tener efectos duraderos en la salud cardiovascular.

La investigación señala que, a diferencia de la fruta entera, los líquidos procesados o con azúcares añadidos pueden impactar de forma negativa en el organismo a largo plazo. En cambio, reemplazar estas bebidas por agua, leche o piezas de fruta se asoció con una reducción significativa en las probabilidades de desarrollar presión arterial alta.

Las conclusiones fueron publicadas en la revista Circulation, de la Asociación Estadounidense del Corazón. El análisis forma parte del estudio Growing Up Today, que incluyó a participantes que al inicio tenían entre 9 y 16 años.

Durante el seguimiento, los científicos evaluaron la dieta de los participantes mediante cuestionarios periódicos realizados cada uno a cuatro años. En esas mediciones se tomó en cuenta el consumo de refrescos, bebidas deportivas, jugos de frutas y frutas enteras.

El riesgo aumenta con el consumo frecuente

El análisis de los datos mostró un incremento claro del riesgo cardiovascular asociado al consumo de bebidas azucaradas y jugos de frutas en la niñez y adolescencia.

Según la investigación, los jóvenes que consumían dos o más raciones diarias de bebidas azucaradas tenían un 52 % más de riesgo de desarrollar hipertensión en la edad adulta, en comparación con quienes bebían menos de tres porciones a la semana.

El estudio también encontró que quienes tomaban 1.5 o más porciones de jugo al día presentaban un 35 % más de riesgo de padecer hipertensión.

Reducir el consumo de bebidas azucaradas desde la infancia puede ayudar a proteger la salud cardiovascular en la adultez.
Reducir el consumo de bebidas azucaradas desde la infancia puede ayudar a proteger la salud cardiovascular en la adultez. / Shutterstock

Estos resultados refuerzan la importancia de revisar no solo la cantidad de azúcar que consumen niñas, niños y adolescentes, sino también la forma en que esta llega al organismo. El estudio distingue entre la fruta entera y las bebidas, incluso cuando estas se presentan como opciones asociadas a la fruta.

Pequeños cambios en la dieta pueden ayudar

Los investigadores también modelaron el impacto de realizar sustituciones sencillas en la alimentación diaria. Los resultados apuntan a que cambiar algunos hábitos desde la infancia podría reducir el riesgo de hipertensión en la adultez.

Sustituir el jugo de fruta por fruta entera podría reducir en un 19 % el riesgo de desarrollar hipertensión, según los datos del estudio.

Además, reemplazar las bebidas azucaradas por leche o agua se asoció con una reducción del riesgo de hasta un 13 %.

A partir de estos hallazgos, la principal conclusión es que los hábitos dietéticos de la niñez tienen consecuencias que pueden extenderse durante años. La prevención cobra más relevancia en un contexto en el que la hipertensión se está diagnosticando a edades cada vez más tempranas.

La fruta entera marca la diferencia

El estudio también matiza una idea común sobre la fructosa. Sus conclusiones indican que la cantidad total de fructosa puede ser menos importante que el alimento del que proviene.

Mientras los jugos y las bebidas azucaradas elevan el riesgo de hipertensión, la fruta entera se asocia con un efecto protector. Esto se debe a que no todos los productos vinculados a la fruta tienen el mismo impacto en la salud.

La investigación desmitifica, además, la idea de que todos los jugos son inocuos. Los autores apuntan que los jugos deben ser 100 % de fruta y tomarse siempre con moderación, dando prioridad a la ingesta de fruta entera.

En el caso de las bebidas deportivas y los refrescos, los investigadores sugieren limitar su consumo al máximo. También plantean medidas de salud pública como implementar impuestos a estas bebidas, mejorar las comidas escolares y optimizar los programas de asistencia nutricional para desincentivar su consumo.

Un estudio con límites, pero con señales claras

Los autores advierten que se trata de un estudio observacional basado en datos autoinformados. Por esa razón, no se puede confirmar una relación directa de causa y efecto entre el consumo de estas bebidas y el desarrollo de hipertensión.

También señalaron una limitación importante en la muestra, ya que el 96 % de los participantes eran personas blancas no hispanas. Esto implica que el problema podría ser aún más grave en otras comunidades con mayores índices de consumo de bebidas azucaradas.

Aun con esas limitaciones, los hallazgos refuerzan un mensaje preventivo: lo que se bebe durante la infancia y la adolescencia puede influir en la salud cardiovascular de la adultez. Priorizar agua, leche y fruta entera, y reducir refrescos, bebidas deportivas y jugos, aparece como una medida sencilla con potencial beneficio a largo plazo.