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Gastroenteritis

Microbiota intestinal podría anticipar el riesgo de párkinson antes de los síntomas

Un estudio revela que analizar la microbiota intestinal permitiría detectar el riesgo de párkinson antes de los síntomas y abrir nuevas vías de prevención.

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Por EFE / Evelyn Alas
Publicado el 20 de abril de 2026

 

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Un estudio internacional liderado por el University College de Londres concluye que la microbiota intestinal puede revelar el riesgo de desarrollar párkinson antes de que aparezcan síntomas. Los investigadores identificaron patrones específicos en los microbios intestinales tanto en pacientes como en personas con predisposición genética. El análisis incluyó datos de más de 900 participantes de varios países, confirmando resultados consistentes. Además, se observó que una dieta equilibrada podría influir en la composición de la microbiota y reducir el riesgo. Este hallazgo abre nuevas posibilidades para la detección temprana y la prevención de la enfermedad.

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La microbiota intestinal, ese conjunto de bacterias y microorganismos que habitan en el sistema digestivo, podría convertirse en una clave para detectar de forma temprana el riesgo de desarrollar párkinson, una enfermedad neurodegenerativa que afecta a millones de personas en el mundo.

Un estudio internacional liderado por el University College de Londres (UCL) y publicado en la revista Nature Medicine plantea que es posible identificar señales de alerta antes de que aparezcan los primeros síntomas, mediante el análisis de los microbios intestinales.

La investigación encontró que tanto las personas diagnosticadas con párkinson como aquellas sanas, pero con alto riesgo de padecerlo, presentan una composición específica en su microbiota. Este patrón distintivo abre la puerta a una detección precoz que podría cambiar la forma en que se aborda la enfermedad.

Para llegar a estas conclusiones, los científicos analizaron muestras de 464 personas en Italia y el Reino Unido. De ese grupo, 271 pacientes tenían párkinson, incluidos 43 portadores de la variante genética GBA1, asociada a un mayor riesgo de desarrollar la enfermedad. El resto correspondía a participantes sin diagnóstico.

Los resultados fueron comparados con datos adicionales de Estados Unidos, Corea del Sur y Turquía, sumando más de 900 personas entre pacientes y voluntarios sanos. La consistencia de los hallazgos en distintas poblaciones refuerza la validez del estudio.

Uno de los datos más relevantes es que más de una cuarta parte de las especies de microbios intestinales —un total de 176— presentan diferencias significativas entre personas con párkinson y aquellas sin la enfermedad. Algunas bacterias son más abundantes en los pacientes, mientras que otras predominan en individuos sanos.

Además, los investigadores observaron que estas alteraciones se intensifican a medida que avanza la enfermedad. En etapas avanzadas, los cambios en la microbiota pueden ser hasta 15 veces más pronunciados que en las fases iniciales.

Un aspecto clave del estudio es el análisis de personas con predisposición genética que aún no desarrollan síntomas. En estos casos, la microbiota mostró un patrón intermedio: ni completamente saludable ni tan alterado como en pacientes diagnosticados.

De hecho, se identificaron 142 especies de microbios con diferencias entre personas sanas portadoras del gen GBA1 y aquellas sin esta variante. Esto sugiere que los cambios en la microbiota podrían ser un indicador temprano del riesgo.

Según los investigadores, aproximadamente el 10 % de los participantes con las alteraciones más marcadas en su microbiota eran también quienes mostraban señales clínicas más cercanas al desarrollo del párkinson. En personas sin predisposición genética, el porcentaje subía al 20%.

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La enfermedad de Parkinson suele presentarse después de los 60 años,

Anthony Schapira, uno de los autores del estudio, explicó que la microbiota en personas con riesgo genético “se asemeja a un punto intermedio entre individuos sanos y pacientes con párkinson”, lo que refuerza su potencial como herramienta de detección temprana.

Más allá del diagnóstico, los hallazgos también apuntan a posibles estrategias de prevención. Los investigadores analizaron los hábitos alimenticios de los participantes y encontraron que quienes mantenían una dieta equilibrada y variada tenían menos probabilidades de presentar una microbiota asociada al riesgo.

Esto sugiere que la alimentación podría influir directamente en la composición bacteriana del intestino y, en consecuencia, en el desarrollo de la enfermedad.

“Nuestro descubrimiento abre una nueva línea de investigación para identificar a personas en riesgo y explorar si cambios en la microbiota podrían reducir la probabilidad de padecer párkinson”, señaló Schapira.

El científico Stanislav Dusko Ehrlich, también parte del equipo, añadió que modificar la dieta podría convertirse en una herramienta preventiva, aunque aún se requieren más estudios para confirmarlo.

El párkinson es una enfermedad que afecta principalmente a personas mayores y cuya prevalencia se ha duplicado en los últimos 25 años, según la Organización Mundial de la Salud. Actualmente, su diagnóstico suele darse cuando los síntomas motores, como temblores o rigidez, ya son evidentes.

Sin embargo, este nuevo enfoque basado en la microbiota podría permitir intervenir antes, cuando aún no hay señales clínicas claras.

Otro estudio reciente del mismo equipo de investigación sugiere que la enfermedad podría originarse en el intestino y propagarse al cerebro a través de células inmunitarias, lo que refuerza la importancia del sistema digestivo en su desarrollo.

Aunque todavía falta camino por recorrer, estos avances científicos marcan un paso importante hacia la detección temprana y la prevención del párkinson, una enfermedad que hasta ahora ha sido difícil de diagnosticar en sus etapas iniciales.

En el futuro, un simple análisis intestinal podría convertirse en una herramienta clave para anticipar el riesgo y mejorar la calidad de vida de miles de personas.

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