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¿Por qué muchas personas abandonan el ejercicio?

Aunque muchos abandonan el ejercicio por frustración, expertos advierten que metas rígidas pueden sabotear el hábito.

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Por Agencias
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Resumen del artículo:

Especialistas en actividad física cuestionan la efectividad de las metas rígidas para mantener el ejercicio a largo plazo. Aunque durante años se promovieron objetivos específicos, medibles y con plazos definidos, investigaciones recientes señalan que este enfoque puede generar frustración y abandono, especialmente en personas que recién comienzan. La evidencia indica que metas flexibles, adaptadas al contexto, nivel y motivación individual, favorecen la constancia y el disfrute del proceso. Expertos advierten que no todas las personas responden igual a las mismas exigencias y que el éxito no depende de cumplir días perfectos, sino de sostener el hábito con el tiempo mediante objetivos realistas y sostenibles.

El abandono del ejercicio no siempre está relacionado con la falta de disciplina o de objetivos claros, sino con la forma en que estos se establecen.

Durante años se ha promovido la idea de fijar metas concretas, medibles y con plazos definidos, conocidas como objetivos SMART. Sin embargo, aunque la evidencia científica respalda que establecer objetivos puede aumentar la actividad física, también indica que el problema no es tener metas, sino cómo se plantean y adaptan a cada persona.

El problema no es el objetivo, sino cómo se define

Según expone El País, no todas las personas parten del mismo nivel ni tienen las mismas necesidades al momento de iniciar actividad física. Las diferencias entre alguien con experiencia en entrenamiento y otra persona que retoma el ejercicio tras años de inactividad influyen directamente en los resultados. También varían las motivaciones, ya sea por salud, rendimiento o simple interés en moverse más.

El nuevo enfoque mencionado propone volver a lo esencial: entender el objetivo real y adaptarlo al contexto individual.

El País señala que el modelo SMART, aunque popular, no está basado en una teoría sólida del comportamiento ni en la evidencia más reciente sobre la formación de hábitos. Su uso extendido responde más a su facilidad de aplicación que a su efectividad comprobada.

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La constancia en el ejercicio depende más de cómo se plantean los objetivos que de la intensidad con la que se empieza. / Foto IA

Objetivos rígidos pueden generar frustración

El País detalla que una de las creencias más extendidas es que los objetivos deben ser específicos para funcionar. No obstante, los estudios indican que esto no siempre es necesario. Por ejemplo, proponerse “hacer 10.000 pasos al día” no necesariamente es más eficaz que simplemente intentar moverse más, y en algunos casos puede resultar contraproducente.

Los objetivos demasiado concretos pueden convertirse en una lógica de “todo o nada”, donde no cumplir la meta genera sensación de fracaso. Esto puede provocar frustración, incluso si la persona ha incrementado su nivel de actividad en comparación con su punto de partida, lo que termina reduciendo la motivación y favoreciendo el abandono.

No todos necesitan el mismo tipo de meta

Otro punto clave es que el modelo tradicional no distingue entre perfiles de personas. Según El País, quienes están comenzando responden mejor a objetivos abiertos, flexibles o centrados en el aprendizaje, mientras que metas más exigentes y específicas suelen ser útiles para quienes ya tienen experiencia.

Aplicar el mismo tipo de objetivo a todos no solo es ineficaz, sino que puede resultar contraproducente. Además, los objetivos también influyen en la percepción emocional durante el proceso. Algunos generan presión, mientras otros fomentan disfrute y autonomía, elementos necesarios para mantener el hábito a largo plazo.

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No todas las personas responden igual a las mismas metas de ejercicio, por lo que adaptar los objetivos al nivel, contexto y motivación individual resulta clave para mantener el hábito. / Shutterstock

La importancia de adaptar el ejercicio a la vida diaria

Los errores más frecuentes es no considerar las circunstancias reales de cada persona. Factores como el tiempo disponible, la energía o las responsabilidades diarias cambian constantemente, pero los objetivos suelen mantenerse rígidos. Cuando no se cumplen, muchas personas se culpan en lugar de ajustar la meta.

El consenso de expertos citado por El País propone adaptar los objetivos a la realidad individual. Esto implica aceptar que no todos deben ser específicos, elegir entre metas de resultado, proceso o aprendizaje, y encontrar un equilibrio en la dificultad que motive sin generar presión excesiva.

La clave está en la constancia

El enfoque también resalta la importancia de la flexibilidad. Objetivos que permiten ajustes, rangos o alternativas son más sostenibles en el tiempo. Asimismo, contar con señales de progreso ayuda a mantener la motivación, siempre que estas no se perciban como castigos, sino como herramientas para mejorar.

En ese sentido, el éxito del ejercicio no se mide en días perfectos, sino en la constancia a lo largo de semanas, meses y años. La evidencia apunta a que los objetivos no funcionan por ser ideales, sino por ser sostenibles.

“Moverte más no debería ser una prueba que hay que superar, sino un proceso que hay que aprender”. Bajo esta perspectiva, el objetivo más efectivo no es el que se cumple de inmediato, sino el que permite mantener el hábito en el tiempo.

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