Médicos alertan por una peligrosa moda fitness entre jóvenes
Redes sociales, cultura fitness y presión estética impulsan conductas de riesgo en jóvenes, según analizan médicos.
Las redes sociales, la cultura fitness y la presión por alcanzar cambios físicos rápidos están llevando a más jóvenes a normalizar el uso de anabolizantes, dietas hiperproteicas y trastornos alimentarios silenciosos, según alertaron médicos de Salud Mental y Medicina Deportiva de la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG), en declaraciones recogidas por EFE.
Los especialistas Antonio Torres y Rodrigo Santos, de la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG), abordaron el tema durante el 32.º Congreso Nacional de la entidad, que se celebra hasta el sábado en Oviedo. Sus mensajes apuntan a un cambio en las señales de alerta: ya no se trata únicamente de anorexia o bulimia, sino de conductas menos visibles que pueden avanzar sin que el entorno las detecte a tiempo.
El foco de los médicos está puesto en una generación expuesta de forma constante a imágenes de cuerpos idealizados, rutinas extremas de entrenamiento, consejos nutricionales sin supervisión y promesas de resultados rápidos. En ese contexto, los expertos advierten que algunas prácticas se presentan como hábitos saludables, aunque pueden derivar en riesgos físicos, psicológicos y metabólicos.
Torres se refirió a los denominados trastornos de conducta alimentaria “silenciosos”, menos visibles y específicos que la anorexia nerviosa y la bulimia, pero con una presencia creciente entre la población joven. Según explicó, las redes sociales, la cultura fitness y la obsesión estética actúan como “verdaderos catalizadores” de estos cuadros.
TCA silenciosos y nuevas señales de alerta
A diferencia de los trastornos alimentarios más conocidos, que afectan en mayor medida a las chicas, estos TCA silenciosos están apareciendo con fuerza entre chicos jóvenes. Su avance preocupa a los médicos porque pueden pasar desapercibidos durante mucho tiempo, especialmente cuando no hay una pérdida de peso evidente o una imagen corporal que alerte al entorno.
De acuerdo con lo expuesto por Torres, la prevalencia de estos trastornos roza ya el 6,5 %, una cifra que supera en más del doble la suma de la anorexia nerviosa y la bulimia juntas. El dato refleja la magnitud de un fenómeno que se mueve entre la alimentación, el ejercicio, la salud mental y la presión social por alcanzar determinados estándares físicos.
“Están apareciendo toda una serie de alteraciones de la relación del individuo con el alimento y con la nutrición”, señaló Torres. El especialista explicó que detrás de estos trastornos existe “un trasfondo biológico, genético, hormonal, un eje cerebro-metabólico” que es “altamente difícil de tratar”, al que se añade además un componente psicosocial.
La diferencia central con la anorexia y la bulimia es que, en estos nuevos cuadros, el problema no siempre se manifiesta en la cantidad de comida. En muchos casos, aparece como un control extremo de la calidad de los alimentos, las calorías o el ejercicio físico, hasta llegar a una disminución de la ingesta que puede provocar enfermedades graves y, en última instancia, “la muerte”.
De la comida sana a la obsesión
Entre los trastornos que más preocupan a los médicos de familia está la ortorexia, definida como una obsesión patológica por la comida sana. También se menciona la permarexia, que consiste en estar de forma permanente a dieta, y los trastornos por evitación o restricción de la ingesta, conocidos como ARFID.
Los especialistas también incluyen dentro de estas conductas la drunkorexia, que consiste en evitar comer entre semana para compensar el aporte calórico del alcohol durante los fines de semana. Otro cuadro señalado es la vigorexia, vinculada al afán por ganar masa muscular.
Estas conductas pueden presentarse bajo una apariencia de disciplina, vida saludable o compromiso con el entrenamiento. Por eso, los médicos advierten que el peso ya no siempre funciona como indicador principal. La persona puede mantener una apariencia física que no despierte sospechas, mientras desarrolla una relación rígida, ansiosa o dañina con la alimentación y la imagen corporal.
Antes de la pandemia, los casos se concentraban principalmente en adolescentes de 12 a 18 años. Sin embargo, según lo señalado por los expertos, ahora la franja de edad se amplió y va de los 6 a los 24 años. Ese desplazamiento preocupa porque coloca el problema en etapas cada vez más tempranas del desarrollo.
Cuando el peso ya no cuenta toda la historia
Torres insistió en que estos trastornos pueden pasar inadvertidos porque “el peso ya no es el problema”. A diferencia de una anorexia nerviosa avanzada, que puede dejar imágenes físicas impactantes, estos cuadros no siempre ofrecen pistas visibles.
Por esa razón, el especialista subrayó la importancia de que los profesionales estén atentos a posibles alteraciones cardiovasculares, neurológicas o gástricas. También recomendó observar la relación del paciente con la comida y con su imagen corporal, dos aspectos que pueden revelar señales de riesgo incluso cuando no hay una pérdida de peso llamativa.

El desafío está en distinguir entre hábitos saludables y patrones de control extremo. Una alimentación equilibrada, la actividad física y el interés por el bienestar pueden formar parte de una vida sana. Sin embargo, cuando esas prácticas se vuelven rígidas, generan ansiedad o desplazan la vida social, familiar o emocional, los médicos advierten que puede haber un problema de fondo.
En ese punto, el entorno también cumple un papel importante. Aunque el congreso estuvo dirigido a profesionales de la salud, los mensajes de los especialistas apuntan a una preocupación más amplia: la necesidad de mirar más allá de la apariencia física y prestar atención a cambios de conducta, discursos repetitivos sobre comida, culpa al comer o entrenamiento excesivo.
Anabolizantes y atajos para cambiar el cuerpo
El doctor Rodrigo Santos centró su intervención en el uso de esteroides anabolizantes fuera del ámbito médico y del culturismo profesional. Según advirtió, estas sustancias se están extendiendo entre adultos jóvenes de 20 a 40 años, especialmente entre “usuarios recreacionales de gimnasios”.
El fenómeno, explicó, también está vinculado con la influencia de las redes sociales y con el deseo de conseguir cambios físicos rápidos. El fácil acceso a este tipo de sustancias y a contenidos de influencers fitness contribuye a que muchas personas perciban como alcanzable un cuerpo determinado mediante “atajos farmacológicos”.
Santos advirtió que las imágenes que los jóvenes ven en sus pantallas “muchas veces están alteradas por inteligencia artificial” o por filtros. Ese contexto puede generar expectativas irreales sobre el cuerpo, el entrenamiento y los tiempos necesarios para ganar masa muscular.
Las consultas de atención primaria, señaló, están recibiendo cada vez más chicos que utilizan estas sustancias. El médico fue claro al advertir que “no son inocuas, ni mucho menos, para la salud”.
Señales físicas y efectos en la salud mental
Santos pidió a sus colegas vigilar señales como un aumento brusco de masa muscular, aparición de estrías, acné severo o alopecia. Estos signos pueden estar asociados al uso de anabolizantes, especialmente cuando aparecen de forma repentina en personas jóvenes que entrenan en gimnasios de manera recreativa.
El especialista también mencionó cambios de conducta, como actitudes agresivas o impulsivas. Más adelante, cuando dejan de utilizar estas sustancias, pueden aparecer depresión, disminución de la libido o disfunción eréctil.
Los riesgos también pueden detectarse en análisis clínicos. Santos citó alteraciones como una caída del HDL, conocido como “colesterol bueno”, frente a un aumento del LDL o “malo”. También advirtió sobre incrementos de glóbulos rojos, daños hepáticos e hipertensión.
A largo plazo, lo que más preocupa es el aumento del riesgo cardiovascular. Entre las posibles consecuencias mencionadas están la aterosclerosis precoz, las miocardiopatías y los eventos trombóticos o coronarios en personas jóvenes.
Dietas hiperproteicas y suplementos bajo la lupa
Además de los anabolizantes, Santos llamó la atención sobre el abuso de las dietas hiperproteicas. El problema, según explicó, aparece cuando estas pautas desplazan el consumo de frutas, verduras, cereales o legumbres, alimentos que forman parte de una alimentación más completa.
También puso el foco en los suplementos deportivos, que muchas personas perciben como inocuos porque se venden libremente. Sin embargo, el médico advirtió que están lejos de ser siempre seguros o de contar con evidencia científica sólida.
La recomendación para la población activa o deportista es consumir entre 1,2 y 2 gramos de proteína por kilogramo de peso corporal al día. En algunos contextos concretos puede ser algo más, pero Santos insistió en que no se trata de aplicar la idea de “cuanta más proteína, mejor”.
El especialista recordó que ganar músculo no depende solo de la proteína. También influyen un entrenamiento adecuado, el descanso y una progresión correcta. Ese mensaje resume una de las principales advertencias del congreso: el bienestar físico no se construye con atajos, sino con hábitos sostenibles y supervisión profesional cuando sea necesario.
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