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Elegir comer sano puede ser positivo, pero cuando se convierte en obsesión puede afectar la salud mental y la vida social.

Cuando comer sano se vuelve una obsesión que causa ansiedad

La ortorexia describe una fijación extrema por la comida saludable que puede generar culpa, ansiedad y problemas en la vida social.

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Por EFE
Publicado el 19 de mayo de 2026

 

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La ortorexia es una fijación extrema por la alimentación saludable que puede generar culpa, ansiedad y dificultades en la vida social. Según EFE Salud, la nutricionista María Barado Piqueras la describe como “una obsesión” poco flexible, aunque aún no figure en el manual diagnóstico de trastornos mentales. Quienes la padecen pueden dedicar demasiado tiempo a planificar comidas, revisar alimentos o evitar reuniones donde no controlan lo que comen. La experta advierte además sobre el efecto amplificador de redes sociales y divulgadores sin evidencia científica. La educación nutricional, señala, es clave para fomentar hábitos sanos sin caer en conductas obsesivas.

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Comer sano es una recomendación habitual para cuidar la salud, pero cuando esa búsqueda se vuelve rígida, angustiante e inflexible, puede convertirse en un problema. Según EFE Salud, la ortorexia se entiende como una fijación patológica por la alimentación saludable, una conducta capaz de provocar culpa, ansiedad y dificultades para compartir espacios sociales donde la comida no encaja con las normas personales.

La escena puede parecer cotidiana: un grupo de amigos sale a comer, la mesa se llena de papas fritas, croquetas u otros platos compartidos, y una persona no logra disfrutar porque siente que nada de eso puede formar parte de su dieta. El problema no está solo en elegir mejor, sino en el malestar que provoca enfrentarse a alimentos considerados “insanos” o “poco saludables”.

La profesora del Grado en Nutrición Humana y Dietética de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR), María Barado Piqueras, explica a EFE Salud que la ortorexia puede definirse como “una obsesión” que provoca “culpa” y “ansiedad”. Aunque no está incluida todavía en el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales de la Asociación Americana de Psiquiatría, la experta señala que existe “evidencia científica” sobre sus implicaciones en la salud mental.

Cuando la comida saludable deja de ser flexible

La ortorexia no consiste simplemente en preferir frutas, verduras o productos frescos. El problema aparece cuando esa elección deja de ser flexible y se transforma en una lista de normas imposibles de saltar. Barado la describe como “una obsesión poco flexible”, una característica que puede generar conflictos en la vida diaria.

Una persona con este comportamiento puede dedicar mucho más tiempo de lo habitual a planificar su dieta, seleccionar productos en el supermercado, revisar etiquetas, cocinar o estudiar la carta de un restaurante antes de decidir si puede comer allí. Según la profesora de la UNIR, estas personas tienen “una planificación mucho más cuidada y mucho más exigente” sobre su alimentación.

Uno de los síntomas asociados es precisamente el tiempo diario que la persona dedica a pensar qué come, cómo lo come y si eso cumple o no con sus propias reglas. La alimentación saludable, que debería ser una herramienta de bienestar, se convierte entonces en una fuente constante de tensión.

El impacto en la vida social

El conflicto no se queda en la cocina. También llega a las reuniones familiares, las salidas con amigos, los cumpleaños, las bodas, las cenas o cualquier plan donde haya comida de por medio. Cuando una persona tiene una lista estricta de alimentos que no puede consumir, compartir mesa puede dejar de ser un momento de disfrute.

“Como en todo, hay extremos, y las personas que tengan una lista de alimentos que no pueden consumir o que estén completamente obsesionadas con un tipo de alimentación, pues tendrán problemas, por supuesto”, recalca Barado.

La ortorexia puede transformar la alimentación saludable en una fuente de culpa, ansiedad y reglas difíciles de romper.
La ortorexia puede transformar la alimentación saludable en una fuente de culpa, ansiedad y reglas difíciles de romper. / Shutterstock

La experta advierte que, si la obsesión por la comida se convierte en un trastorno, debería intervenir un profesional de la psicología o la psiquiatría para ayudar a controlar esa fijación. El objetivo no es abandonar los hábitos saludables, sino evitar que la rigidez termine afectando la salud mental y las relaciones personales.

En culturas donde reunirse alrededor de la comida es una práctica frecuente, la ortorexia puede ser especialmente difícil de manejar. Quedar para un aperitivo, salir a cenar o compartir una celebración puede convertirse en una situación incómoda para quien siente ansiedad ante cualquier alimento que no cumpla sus normas.

Redes sociales y mensajes sin evidencia

Otro factor que preocupa al entorno sanitario es el papel de las redes sociales. Barado señala que “hay cierta preocupación en el entorno sanitario” por la ortorexia debido al “efecto amplificador que tienen las redes sociales o divulgadores que no son respaldados por la evidencia científica”.

El problema no está en promover la alimentación saludable. La dificultad aparece cuando ese mensaje se sobredimensiona, se interpreta de forma extrema o se convierte en una obsesión para algunas personas. En ese contexto, las redes pueden reforzar ideas rígidas sobre lo que se debe o no se debe comer.

Barado considera que las generaciones más jóvenes, al haber tenido “una cultura alimentaria más deficiente”, pueden carecer de una base real sobre la cual construir conocimientos adecuados sobre nutrición saludable. “Hemos perdido ese hábito de dieta saludable, la dieta mediterránea, quizá por edad, quizá por cultura”, afirma.

Educación nutricional para prevenir la obsesión

La especialista apunta a la educación como una de las claves para prevenir que la búsqueda de una buena alimentación derive en una espiral obsesiva. En su opinión, las instituciones educativas tienen un papel central en la formación de hábitos alimentarios más equilibrados.

Barado propone crear “una malla curricular” en la enseñanza que incluya asignaturas relacionadas con la educación nutricional y la alimentación saludable. La idea es aprender desde temprano a alimentarse mejor, pero sin caer en reglas extremas o miedos infundados.

Según la experta, el objetivo debería ser “volver a esos hábitos de vida que teníamos con las comidas que hacíamos, con el tipo de alimento que consumíamos”. En ese cambio, señala, se ha pasado de una alimentación basada en el producto de proximidad y de temporada a prácticas menos conectadas con esos ritmos, como “consumir cerezas en el mes de enero”.

La ortorexia recuerda que incluso una conducta positiva, como cuidar la alimentación, puede volverse problemática si se transforma en obsesión. Comer sano importa, pero también importa poder compartir, disfrutar y mantener una relación equilibrada con la comida.

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