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La fuerza de voluntad no es suficiente contra la obesidad

Qué explica la obesidad, quiénes la investigan, por qué no depende solo de la fuerza de voluntad, cuándo se manifiesta y cómo influyen genes y entorno son claves para entender el problema.

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Por Agencias
Publicado el 06 de abril de 2026

 

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La idea de que la obesidad depende únicamente de la fuerza de voluntad es cuestionada por especialistas, quienes señalan que intervienen factores biológicos, genéticos y ambientales. Los genes como el MC4R influyen en el hambre y el metabolismo, mientras que el cuerpo tiende a mantener un “peso ideal” regulado por el cerebro. Además, hormonas como la leptina pueden fallar en contextos alimentarios actuales. El aumento de la obesidad también se relaciona con un entorno que favorece el consumo excesivo. Aunque la responsabilidad individual influye, expertos coinciden en que la obesidad es una condición compleja que requiere un enfoque integral.

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La idea de que la obesidad es únicamente una cuestión de fuerza de voluntad está ampliamente difundida. De acuerdo con un estudio realizado en Reino Unido, Australia, Nueva Zelanda y Estados Unidos, y publicado en la revista médica The Lancet, ocho de cada diez personas consideran que la obesidad podría prevenirse por completo con cambios en el estilo de vida, según informó BBC News.

Sin embargo, profesionales que trabajan directamente con pacientes cuestionan esta visión. Bini Suresh, dietista con 20 años de experiencia, señala: “Con frecuencia veo pacientes muy motivados, con conocimientos y que se esfuerzan constantemente, pero aun así luchan con el peso”. En la misma línea, la doctora Kim Boyd, directora médica de WeightWatchers, afirma: “Términos como 'fuerza de voluntad' y 'autocontrol' no son adecuados”. Y añade: “Durante décadas se le ha dicho a la gente que comer menos y moverse más ayuda a perder peso… [Pero] la obesidad es mucho más compleja”, según BBC Mundo.

La influencia de la biología en el peso corporal

La profesora Sadaf Farooqi, endocrinóloga especializada en obesidad, explica a la BBC Mundo que los genes desempeñan un papel clave en el aumento de peso. “El aumento de peso está significativamente influenciado por los genes, y estos genes son relevantes para todos”.

Farooqi detalla que ciertas variaciones genéticas afectan las conexiones cerebrales que regulan el hambre y la saciedad. “Se han encontrado variantes o cambios en estos genes en personas con obesidad, lo que significa que sienten más hambre y menos saciedad después de comer”, afirma.

Uno de los genes más estudiados es el MC4R. Aproximadamente una quinta parte de la población mundial presenta una mutación en este gen, lo que influye en la sensación de saciedad y favorece el consumo excesivo de alimentos. Además, la especialista señala: “Otros genes afectan al metabolismo: la rapidez con la que quemamos energía”. Esto implica que algunas personas pueden ganar más peso o quemar menos calorías realizando las mismas actividades que otras, según BBC Mundo.

Farooqi estima que podrían existir miles de genes relacionados con el peso corporal, aunque actualmente solo se conocen en detalle entre 30 y 40.

El “peso ideal” y la resistencia del cuerpo a adelgazar

El cirujano bariátrico Andrew Jenkinson explica a la BBC Mundo que el cuerpo humano tiende a mantener un rango de peso determinado, conocido como “punto ideal”. “Este [peso ideal] está determinado por la genética, pero también por otros factores, como el entorno alimentario, el entorno de estrés y el entorno de sueño”, señala.

De acuerdo con esta teoría, el organismo funciona como un termostato. Si el peso corporal disminuye por debajo de ese punto, el cuerpo responde aumentando el hambre y reduciendo el metabolismo. Jenkinson afirma: “Por ejemplo, si pesas 100 kilos y tu cerebro quiere que peses 100 kilos y haces una dieta baja en calorías y pierdes 10 kilos, la reacción de tu cuerpo a eso es la misma que si te estuvieras muriendo de hambre”.

El especialista añade: “Tendrá esa reacción de apetito voraz, un comportamiento que lo llevará a buscar alimento y un metabolismo lento. Estas señales de apetito son sumamente fuertes. Son tan fuertes como una señal de sed; están ahí para ayudarnos a sobrevivir…”, afirmó a la BBC Mundo.

El papel de las hormonas en el control del peso

Jenkinson destaca la importancia de la leptina, una hormona producida por las células grasas. “Actúa como una señal para el hipotálamo, la parte del cerebro que básicamente controla el peso ideal, para indicarle cuánta energía almacena el cuerpo”, explica.

El funcionamiento normal implica que el cerebro ajuste el apetito y el metabolismo en función de las reservas energéticas. “El hipotálamo observa el nivel de leptina y, si observa que estamos almacenando demasiada energía o demasiada grasa, automáticamente modifica nuestro comportamiento disminuyendo el apetito y aumentando el metabolismo”, añade.

No obstante, este sistema puede fallar. Según Jenkinson, los altos niveles de insulina pueden interferir con la señal de la leptina, impidiendo que el cerebro detecte correctamente la cantidad de grasa almacenada, según BBC News.

Un entorno que favorece el aumento de peso

El incremento global de la obesidad no puede explicarse únicamente por la biología. La proporción de adultos con sobrepeso u obesidad ha aumentado de forma constante en las últimas décadas.

Entre los factores señalados se encuentran:

  • La disponibilidad de alimentos ultraprocesados
  • El marketing intensivo de comida rápida
  • Bebidas azucaradas
  • El aumento de las porciones
  • Limitaciones para realizar actividad física.

Los expertos en salud pública denominan a este contexto “entorno obesógeno”, un término que comenzó a utilizarse en la década de 1990 para describir cómo factores externos influyen en el aumento de peso, según detalla a la BBC Mundo.

Responsabilidad individual y políticas públicas

El debate sobre la obesidad también incluye el papel del Estado. Wiseman considera que las regulaciones pueden ser útiles, mientras que otros expertos discrepan.

Gareth Lyon, del centro de estudios Policy Exchange, afirma: “No se puede legislar para que la gente se ponga en forma”. Por su parte, Christopher Snowdon, del Instituto de Asuntos Económicos, sostiene: “[La obesidad] se debe a las decisiones que toma cada individuo”, según BBC Mundo.

Sin embargo, el profesor Keith Frayn introduce una posición intermedia. Reconoce la influencia del entorno, pero advierte: “Me preocupa que ignorar la 'fuerza de voluntad' haga que sea demasiado fácil resignarse a un peso que puede no ser el deseado ni el mejor para la salud”.

La fuerza de voluntad en contexto

La psicóloga Eleanor Bryant explica que la fuerza de voluntad no es constante. “Se ve afectada por el estado de ánimo, el cansancio y, en cuanto a la alimentación, el hambre…”, señala.

También distingue entre dos tipos de enfoque: flexible y rígido. “Si sucumbes a la tentación, básicamente te rindes. Te comes esa galleta y sigues comiendo”. En cambio, añade: “Alguien flexible dice: 'Vale, ya me comí una galleta… pero ahí me detengo'”.

Por su parte, Bini Suresh concluye: “La obesidad no es un defecto de carácter. Es una enfermedad compleja y crónica, moldeada por la biología y un entorno altamente obesógeno. La fuerza de voluntad por sí sola no basta”, según BBC Mundo.

Finalmente, subraya que comprender los factores biológicos y ambientales puede mejorar la relación de las personas con la comida y facilitar estrategias más efectivas a largo plazo.

TAGS:  Dietas | Nutrición | Salud | Sobrepeso

CATEGORIA:  Vida

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