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La barbería de “los cuatro vientos”

¿Estaría dispuesto a cortarse el cabello en una barbería en la que no existieran paredes, bajo la mirada curiosa de niños y adultos?.

Ricardo Guevara
El Diario de Hoy
vida@elsalvador.com

Rasurarse la barba o cortarse el cabello es una aventura fuera de lo común para los clientes que visitan la barbería “Los cuatro vientos” .Fotos EDH

Si su respuesta es afirmativa, puede visitar las instalaciones de la barbería “Los cuatro vientos”, ubicada en la ciudad de Usulután.

En este lugar no existen cuadros, calendarios ni luces, mucho menos un ventilador que refresque el ambiente caluroso característico de la zona oriental.

Unas vigas de madera, en las que se nota el paso del tiempo, sostienen el techo de la vieja estructura de la barbería, formada por deterioradas láminas y reglas de madera.

A simple vista, ya sea que viaje a pie o en vehículo, puede observar un pequeño espejo colgante, una repisa de madera, cuatro sillas tradicionales de barbero y a un costado de ellas a sus respectivos dueños, quienes esperan pacientemente la llegada de algún cliente.

Don Daniel, don Ramón, don Mateo y don José Luis Flores Carpio son los cuatro peluqueros que han hecho de la calle su lugar de trabajo, bautizándolo con el nombre de “Los cuatro vientos”, ya que ahí el viento sopla en todas las direcciones.

Entre tijeras y peines

Uno de los barberos que tiene más tiempo de dedicarse a este oficio es don José Luis Flores Carpio, de 74 años, quien tiene 59 años de dedicarse al oficio de la barbería.

Desde que era niño, don José Luis empezó a aprender todos los secretos de este oficio, gracias a las enseñanzas que le dio su padre, quien también se dedicaba a cortar cabello. Según don José Luis, lamentablemente ninguno de sus hijos quiso aprenderlo.

Con pulso firme, buenos modales y mucho entusiasmo este señor de cabello entrecano, piel morena y ojos color pardos recuerda sus años de juventud, cuando trabajó en diferentes barberías. Incluso fue a laborar a Honduras, Nicaragua.

Luego de varios años de trabajar como operario en diferentes lugares, en 1981 compra una silla de peluquero, se independiza y pone su negocio propio. En ese entonces las sillas nuevas tenían un valor de cinco mil colones y las usadas costaban cerca de 2500 colones.

“Gracias a Dios pude poner mi ‘cheje’ (su propia silla usada) y empezar a trabajar por mi cuenta. A partir de entonces siempre he estado cortando la barba y el cabello en la calle, aunque el negocio ha estado ubicado en diferentes direcciones”, afirma el señor Flores Carpio, quien añade que casi siempre han estado en varios lugares, como frente a una farmacia, luego frente a un restaurante y en la actualidad están ubicado en la 10ª Avenida Sur y 5ª Calle Oriente.

Negocio regular

A pesar de que el negocio es inestable ha sacado adelante a toda su familia.

“A veces Dios nos bendice y logramos cortarle el cabello a unas cinco personas, trabajando de lunes a domingo. Mis únicos días de descanso son cuando estoy enfermo”, afirma el señor Flores Carpio.
Una de las cualidades que debe poseer todo buen peluquero, según el señor Carpio, es la de mantener su navaja afilada para que los clientes no sientan ningún tipo de molestias.

“Aquí vienen niños, jóvenes y adultos a pedir sus cortes favoritos, desde la francesa clara hasta el corte hongo. Aquí le hacemos el peinado que el cliente quiera”, asegura don Luis.

En las noches, todas las cosas quedan aseguradas con cadenas para evitar el robo; sin embargo, en ocasiones han sido objeto del raterismo y han perdido desde tijeras, piedras de afilar hasta los cepillos y los peines.

El precio del corte de cabello es de 15 colones, mientras que pelo y barba es de ¢25.
Si quiere vivir una experiencia fuera de lo común, puede acercarse a la barbería “Los cuatro vientos” y pedir a cualquiera de sus cuatro peluqueros el corte de cabello que más le guste.

 

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