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La
barbería de los cuatro vientos
¿Estaría
dispuesto a cortarse el cabello en una barbería en la que
no existieran paredes, bajo la mirada curiosa de niños y
adultos?.
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Rasurarse la barba o cortarse
el cabello es una aventura fuera de lo común para los
clientes que visitan la barbería Los cuatro vientos
.Fotos EDH
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Si su respuesta es afirmativa, puede visitar las instalaciones
de la barbería Los cuatro vientos, ubicada en
la ciudad de Usulután.
En este lugar no existen cuadros, calendarios ni luces, mucho menos
un ventilador que refresque el ambiente caluroso característico
de la zona oriental.
Unas vigas de madera, en las que se nota el paso del tiempo, sostienen
el techo de la vieja estructura de la barbería, formada por
deterioradas láminas y reglas de madera.
A simple vista, ya sea que viaje a pie o en vehículo, puede
observar un pequeño espejo colgante, una repisa de madera,
cuatro sillas tradicionales de barbero y a un costado de ellas a
sus respectivos dueños, quienes esperan pacientemente la
llegada de algún cliente.
Don Daniel, don Ramón, don Mateo y don José Luis Flores
Carpio son los cuatro peluqueros que han hecho de la calle su lugar
de trabajo, bautizándolo con el nombre de Los cuatro
vientos, ya que ahí el viento sopla en todas las direcciones.
Entre tijeras y peines
Uno de los barberos que tiene más tiempo de dedicarse a este
oficio es don José Luis Flores Carpio, de 74 años,
quien tiene 59 años de dedicarse al oficio de la barbería.
Desde que era niño, don José Luis empezó a
aprender todos los secretos de este oficio, gracias a las enseñanzas
que le dio su padre, quien también se dedicaba a cortar cabello.
Según don José Luis, lamentablemente ninguno de sus
hijos quiso aprenderlo.
Con pulso firme, buenos modales y mucho entusiasmo este señor
de cabello entrecano, piel morena y ojos color pardos recuerda sus
años de juventud, cuando trabajó en diferentes barberías.
Incluso fue a laborar a Honduras, Nicaragua.
Luego de varios años de trabajar como operario en diferentes
lugares, en 1981 compra una silla de peluquero, se independiza y
pone su negocio propio. En ese entonces las sillas nuevas tenían
un valor de cinco mil colones y las usadas costaban cerca de 2500
colones.
Gracias a Dios pude poner mi cheje (su propia
silla usada) y empezar a trabajar por mi cuenta. A partir de entonces
siempre he estado cortando la barba y el cabello en la calle, aunque
el negocio ha estado ubicado en diferentes direcciones, afirma
el señor Flores Carpio, quien añade que casi siempre
han estado en varios lugares, como frente a una farmacia, luego
frente a un restaurante y en la actualidad están ubicado
en la 10ª Avenida Sur y 5ª Calle Oriente.
Negocio regular
A pesar de que el negocio es inestable ha sacado adelante a toda
su familia.
A veces Dios nos bendice y logramos cortarle el cabello a
unas cinco personas, trabajando de lunes a domingo. Mis únicos
días de descanso son cuando estoy enfermo, afirma el
señor Flores Carpio.
Una de las cualidades que debe poseer todo buen peluquero, según
el señor Carpio, es la de mantener su navaja afilada para
que los clientes no sientan ningún tipo de molestias.
Aquí vienen niños, jóvenes y adultos
a pedir sus cortes favoritos, desde la francesa clara hasta el corte
hongo. Aquí le hacemos el peinado que el cliente quiera,
asegura don Luis.
En las noches, todas las cosas quedan aseguradas con cadenas para
evitar el robo; sin embargo, en ocasiones han sido objeto del raterismo
y han perdido desde tijeras, piedras de afilar hasta los cepillos
y los peines.
El precio del corte de cabello es de 15 colones, mientras que pelo
y barba es de ¢25.
Si quiere vivir una experiencia fuera de lo común, puede
acercarse a la barbería Los cuatro vientos y
pedir a cualquiera de sus cuatro peluqueros el corte de cabello
que más le guste.
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