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La
dulce herencia de doña Argelia
Doña
Argelia Villalta, de 75 años, ha dedicado la mayor parte
de su vida a la elaboración de exquisitos dulces, convirtiéndose
en la dulcera más reconocida de la ciudad de San Vicente.
José Osmín Monge
El Diario de Hoy
Fotos EDH/ Maritza Santos
vida@elsalvador.com
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Doña Argelia Villalta,
de 75 años, ha dedicado la mayor parte de su vida a
la elaboración de exquisitos dulces, convirtiéndose
en la dulcera más reconocida de la ciudad de San Vicente.
Foto Maritza Santos
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San Vicente no sólo es conocida por ser la cuna de músicos
y escritores, sino también porque en ella se elaboran los
dulces más exquisitos de nuestro país.
En esta población existe la dulcería Villalta, famosa
por el sabor inigualable de sus productos y por ser una de las más
antiguas de la localidad. Su propietaria es doña Argelia,
una mujer emprendedora que se ha ganado la simpatía de los
vicentinos gracias a su sencillez.
Por más de 60 años, las manos prodigiosas de esta
mujer han elaborado un sinfín de dulces que han hecho gozar
a chicos y grandes, a salvadoreños y a extranjeros.
En su confitería se elabora una gran variedad de productos,
entre los que sobresalen dulces de nance, toronja, piña,
tamarindo, coco, guayaba y de semilla de marañón.
También destacan el delicioso masapán, los dulces
de leche de burra, higos endulzados y las tradicionales tortitas
de camote.
Secretos de familia
Doña Argelia comenzó a trabajar como dulcera cuando
tenía 13 años de edad. Su madre le transmitió
sus secretos para la fabricación de los tradicionales dulces.
Yo era una cipota cuando aprendí a hacer dulces. Mi
mamá me enseñó a mí, y a ella su madre,
expresa doña Argelia, mientras corta con destreza algunos
trozos de coco.
La señora Villalta recuerda con nostalgia aquellos tiempos
cuando trabajaba al lado de su progenitora. Los materiales
que se utilizaban eran más baratos y abundaban; ahora son
más escasos, comenta.
A pesar de la escasez de algunos ingredientes (por ejemplo el camote)
y de los avances tecnológicos, doña Argelia ha mantenido
inalterable el proceso de fabricación de sus productos. Y
es que ella continúa elaborando sus dulces de la misma forma
como lo hacía su mamá: en cocinas de leña,
sin utilizar sabores artificiales y haciendo uso de leche de vaca.
Las recetas de mis dulces son secretas. Lastimosamente no
tengo hijas para heredárselas. Las tres muchachas que trabajan
conmigo ya aprendieron a hacer los dulces. Ellas serán las
que continúen con la tradición, comenta con
una tímida sonrisa doña Argelia.
Para los que visitan la dulcería Villalta, el secreto de
esos dulces radica en la calidad de los ingredientes con los que
son elaborados, y en el amor y entrega que pone doña Argelia
al momento de prepararlos.
Ardua faena
La labor de esta famosa dulcera inicia desde muy temprano, a las
5:30 a.m. A esa hora comienza a limpiar la dulcería, a encender
el fuego y luego a cocer la leche (75 botellas diarias) con la quelelabora
la mayoría de productos. En esos momentos el escandaloso
aroma de las frutas comienza a mezclarse con el suave olor de la
leche.
El resto del día se le puede encontrar trabajando en medio
de peroles y paletas de madera, rodeada de canastos y huacales rebosantes
de azúcar, dulce de atado y de frutas.
Mañana y tarde, esta mujer trabaja junto a las candentes
hornillas, meneando con mucha pericia la espesa y endulzada leche
de vaca.
Así se la pasa doña Argelia: soportando el calor emanado
del fuego, atendiendo a los clientes y espantando a las abejas que
vuelan sobre los coloridos dulces.
Para los Estados Unidos
En amplias mesas se exhiben los coloridos dulces de doña
Argelia, haciendo más difícil la elección de
compra de los que visitan la confitería. Los productos son
vendidos en pequeñas cajas de cartoncillo, elaboradas por
la dueña de la dulcería y sus ayudantes.
Estos dulces no sólo son saboreados por vicentinos, sino
también por los habitantes de otros pueblos que conocen de
la existencia de estos productos.
Mucha gente de otros lugares visita la dulcería para
llevarse algunos productos. Mis dulces son famosos hasta en los
Estados Unidos. Algunos me compran para llevar o para mandar a sus
familiares residentes en ese país, manifiesta doña
Argelia.
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