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Don
Mario, sinónimo de superación
Don
Mario Meléndez Hernández perdió el movimiento
en sus piernas debido a una lesión de bala que le dañó
la médula espinal; sin embargo, este percance no ha sido
obstáculo para que trabaje como taxista.
Ricardo Guevara
El Diario de Hoy
Fotos EDH/Julio César Avilés
El Diario de Hoy
escenarios@elsalvador.com
La
vida de don Mario Meléndez, de 56 años, cambió
de la noche a la mañana un 14 de enero de 1992, debido a
que fue víctima de delincuentes.
Debido a un asalto, don Mario recibió una herida de bala
en la columna vertebral, la que lo dejó postrado en una silla
de ruedas para toda la vida.
A pesar de que el proceso de recuperación fue duro y lento,
don Mario, un hombre de piel trigueña y cabello negro, nunca
perdió la esperanza de que volvería a manejar un vehículo
para continuar su trabajo como taxista.
El proceso de recuperación fue difícil, ya que
pasé un año y medio en reposo total, hasta que tuve
las fuerzas suficientes para reiniciar mi vida, dice el taxista,
con dos hijos jóvenes con estudios universitarios.
El apoyo de la familia y de sus amigos fue muy importante para terminar
el proceso de recuperación, y uno de los factores principales
que le motivó a seguir adelante fue el poder continuar esforzándose
por mantener estudiando a sus hijos.
Taxista profesional
La rutina de trabajo de don Mario inicia a las cinco de la mañana,
cuando se levanta para iniciar su trabajo. Luego de realizar su
higiene personal y de ingerir sus alimentos se dirige en su camioneta
Toyota Corolla al punto de taxis ubicado en la terminal de oriente.
Yo soy uno de los socios fundadores de la Asociación
Cooperativa de Radio Taxis de R.L., y desde que me inicié
como taxista, a mediados de los años ochentas, he tenido
mi punto de trabajo en este lugar, dice el entusiasta conductor,
quien siempre está acompañado de una botella de agua,
debido al excesivo calor.
Al contrario de otros taxistas, don Mario, debido a su discapacidad,
no puede bajarse en ningún momento del taxi, por lo que debe
pasar varias horas sentado frente al volante.
A
las once de la mañana se dirige a su casa, ubicada cerca
de los Planes de Renderos, para almorzar y descansar un momento,
para luego continuar con su labor desde las tres de la tarde hasta
las ocho de la noche.
Este trabajo es duro, ya que uno padece de calambres constantes
y dolores, pero el trabajo lo motiva a uno a salir adelante en esta
faena, afirma el taxista, quien dice que continuará
con su trabajo hasta que Dios se lo permita.
A pesar de luchar a diario con su discapacidad, don Mario también
debe vencer otros obstáculos, como los ladrones, quienes
en otra ocasión quisieron robarle su taxi, pero al darse
cuenta de que el vehículo tenía un adapte para manejarlo
lo dejaron ir.
También en otra ocasión, unos policías -por
ignorancia- lo remitieron a la PNC, porque manejaba su carro con
el adapte; sin embargo, al llegar a Tránsito, los superiores
de los agentes lo dejaron ir, ya que no había cometido ninguna
falta.
Si usted en alguna ocasión necesita los servicios de un taxista
honrado y profesional en las cercanías de la terminal de
oriente, no dude en preguntar por don Mario, quien con mucho gusto
le conducirá a su destino con seguridad, o si lo prefiere
puede llamar al teléfono 222-0735 de la cooperativa y pedir
los servicios del señor Meléndez.
Un adapte original
Para manejar un automóvil usando solo las manos se deben
adaptar algunas piezas del automotor, colocándoles unas varillas
que cumplen las funciones del clutch, del freno y del
acelerador.
La inquietud de utilizar un carro con estas características
surgió cuando el sicólogo que atendía al señor
Meléndez en su proceso de recuperación le dijo que
él podía adaptarle su carro para que pudiera conducirlo
con las manos.
Cuando se le pincha una llanta, siempre existe una persona que le
echa la mano para cambiarla.
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