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Formación económico social y la vieja teoría althuseriana

La práctica política moderna requiere de un análisis serio de la realidad actual, caracterizada por fenómenos nuevos como la globalización, la sociedad del conocimiento y el posmodernismo. No hacerlo es nefasto

Leyendo el Documento sobre la Formación Económico-Social de El Salvador, uno de los tres documentos aprobados en el Congreso del FMLN (puede encontrarlo completo en elsalvador.com), me hizo remontarme a los años Setenta, cuando estaba en boga el estudio del marxismo; básicamente en esta época había dos tendencias sobre el estudio de la obra de Marx, una, la ortodoxa, defendida a capa y espada por la ahora derrumbada Unión Soviética y sus satélites; se trataba de una teoría ortodoxa y dogmática de la lectura clásica del materialismo histórico teniendo como base la visión “filosófica” del materialismo dialéctico.

Una segunda línea --hablando de manera general y por supuesto a vuelo de pájaro--, estaban los “críticos”, no solo aquellos teóricos y políticos decepcionados y arrepentidos del socialismo real de la URSS o de China, sino porque la libertad, uno de los preciados dones que hacen que el hombre sea hombre, había sido mancillado por el comunismo.

Los llamados críticos del marxismo tuvieron muchas vertientes, incluso aquellos que surgieron del mismo pensamiento marxista de origen, Rosa Luxemburgo o León Trotsky, hasta aquellos intelectuales surgidos, por ejemplo, en las revueltas de finales de los años Sesenta, en Francia, cuando las motivaciones tenía por horizonte la libertad.

Estos últimos generaron una lectura diferente del marxismo, algunos de ellos influido por el pensamiento de los llamados estructura listas de la época; uno de estos fue Louis Althusser, quien hizo una lectura “renovada” del marxismo.

Sin duda Althusser presentó una propuesta sintética, definiendo de manera simple, por ejemplo, que el “modo de producción” es un objeto teórico ideal definido por una relación de producción determinada, de modo que existen tantos modos de producción como relaciones de producción (he aquí los diferentes estadios: comunismo primitivo, esclavismo, feudalismo, capitalismo y comunismo) mientras que una formación social es la concreción real de una sociedad determinada (como lo dice el FMLN en su documento sobre El Salvador) que sería la síntesis de varios modos de producción de los cuales uno sería el dominante; esto nos lleva a afirmar, por un lado, que habría tantas formaciones sociales como “casos concretos” se quiera investigar y, por otro lado, el modo de producción (también llamado materialismo histórico) está formado por la articulación de tres estructuras regionales: una estructura económica, una estructura jurídico-política y una estructura ideológica.

Estas ideas tuvieron gran impacto en América Latina y, en particular, en El Salvador a través de la divulgación masiva que hizo, y sigue haciendo, la chilena Marta Harnecker, quien, entre otras publicaciones, elaboró un librito reeditado decenas de veces en la editorial Siglo XXI, “Los conceptos elementales del materialismo histórico”.

He querido “dar esta vuelta” rápida por las discusiones de los años Setenta sobre el pensamiento marxista, porque el documento que sirve de base teórica al análisis del FMLN de ahora, de 2015, al frente de los dos últimos gobierno del país, es fundamentalmente el mismo.

Los conceptos elementales del materialismo histórico pareciera que sigue siendo el paradigma teórico que guía el análisis para caracterizar la “formación social salvadoreña”. Incluso, dejando de lado la noción básica del mismísimo Marx que tenía la noción de “formación social” como una categoría de análisis entendida en su sentido dinámico, nunca estático; dirían los clásicos de la filosofía, se trata de un concepto entendido como un proceso y no como una sustancia.

Esto explica, en parte, las dificultades del FMLN para entender las nuevas realidades del mundo y gobernar modernamente. 

Estas viejas categorías dificultan entender el mundo de ahora, caracterizado por la globalización, particularmente financiera que implica, entre otras consideraciones, la internacionalización del trabajo; no se queda atrás la llamada sociedad del conocimiento y, con ello, el acelerado proceso de cambios generado por la ciencia y la tecnología o el Internet y las redes sociales; y qué decir del posmodernismo y la creación de una cultura que ha roto los paradigmas de apenas unos siglos trastocando, entre otras cosas, el mundo del medios ambiente, el género, las etnias y de toda la creación cultural.

 *Editor Jefe de El Diario de Hoy.
ricardo.chacon@eldiariodehoy.com