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¿Aprender para olvidar?

Los estudios han demostrado que cuando damos a los niños, de años previos a la primaria y a los estudiantes de primaria, una razón para aprender, estos tendrán una mayor motivación para emprender

Hermann Ebbinhaus (1850 – 1909) fue un filósofo y psicólogo alemán catalogado como el primer científico, que realizo, durante la segunda mitad del Siglo XIX, estudios experimentales sobre la memoria. Experimentó en él mismo como único sujeto de estudio, aprendiendo series de sílabas sin sentido que consistían en consonante-vocal-consonante, pues pensaba que así no podían interferir las asociaciones de aprendizajes previos o de palabras ya conocidas.  Además realizo estudios que llevaron al descubrimiento del proceso de aprendizaje y olvido, demostrando que  estos estaban íntimamente ligados, que no se podía hablar sólo de aprendizaje, sino que este iba unido al olvido. Con sus estudios clásicos expuso que olvidamos más de la mitad de lo que hemos aprendido en las primeras 24 horas, en una semana hemos olvidado el 75 % y, después de un mes, ya no retenemos el 98 % de lo que fue inicialmente aprendido.

Esto llevó a la conocida premisa que «aprendemos para olvidar», lo cual se vuelve cierto únicamente si no reforzamos con  el material leído o estudiado lo repasamos frecuencia pues, sabiendo cómo se comporta la «curva del olvido» que ilustra la perdida de retentiva con el tiempo,  podemos volver a estudiar conociendo en qué tiempo perdemos más información; además esto nos permitirá tener una mejor comprensión de lo que se estudia. Es de gran importancia, saber esto, debido a la velocidad con que crece la información en nuestros días, pues demanda de gran capacidad y mayor eficacia  para mantener el paso y no olvidar lo que se requiere saber tanto por motivos de estudio,  como por razones profesionales o simplemente aspectos del diario vivir. Con todo esto, lejos han quedado los tiempos en que algunas materias universitarias o carreras profesionales, como la medicina y afines eran para aquellos que «tenían buena memoria»; hoy se espera que los estudiantes tengan además de retentiva, buena capacidad de análisis y reflexión constante,  para hacer las conexiones entre lo aprendido y la forma práctica en que este conocimiento será aplicado.

Más aun, los estudios han demostrado que cuando damos a los niños de años previos a la primaria y a los estudiantes de primaria, una razón para aprender, estos tendrán una mayor motivación para emprender el aprendizaje. Con esto desarrollamos un fenómeno al que se le ha denominado «motivación intrínseca», esto es que el estudiante encuentra un fundamento real para aprender,  lo cual es de mayor importancia que cualquier estimulo externo.  Esta motivación intrínseca debería, sin duda, fomentarse desde muy temprano en la vida tanto en el hogar como en la escuela. Pero también debe convertirse en tarea de todos el hacer de nuestros hogares, escuelas y comunidades en donde vivimos, entidades de enseñanza fomentando razones para el aprendizaje y que así desarrollen mecanismos para aprender más rápidamente, puedan manejar sus propios proceso de aprendizaje y, sobre todo, aplicar lo aprendido en la resolución práctica de problemas del diario vivir.

*Colaborador de El Diario de Hoy.
aguilarjoya@yahoo.com