La obesidad deja huella en el sistema inmune incluso tras perder peso
Un estudio revela que el cuerpo conserva una “memoria” de la obesidad durante años, lo que mantiene el riesgo de enfermedades pese a adelgazar.
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EFE
Publicado el 04 de mayo de 2026
Un estudio revela que la obesidad deja una “memoria” en el sistema inmunitario que puede persistir entre cinco y diez años incluso después de perder peso. Según la investigación publicada en EMBO Reports, las células inmunitarias sufren modificaciones epigenéticas que afectan su funcionamiento a largo plazo. Esto implica que el riesgo de enfermedades como diabetes tipo 2 o ciertos cánceres no desaparece de inmediato tras adelgazar. Los expertos destacan que mantener el peso saludable durante años es clave para revertir estos efectos. Además, se exploran tratamientos que podrían acelerar la recuperación del sistema inmunitario y reducir riesgos asociados.
La obesidad puede dejar una marca duradera en el sistema inmunitario incluso después de perder peso, según una investigación difundida por EFE, que señala que el organismo mantiene durante años un “recuerdo” molecular de esta condición. Este hallazgo aporta nuevas claves para entender por qué algunas personas continúan en riesgo de desarrollar enfermedades metabólicas o cáncer pese a haber alcanzado un peso saludable.
El estudio, publicado en la revista EMBO Reports y liderado por la Universidad de Birmingham (Reino Unido), demuestra que las células inmunitarias, en particular las células T colaboradoras, sufren modificaciones epigenéticas cuando hay obesidad. Este proceso, conocido como metilación del ADN, deja marcas que alteran su funcionamiento a largo plazo.
Según los investigadores, estas alteraciones no desaparecen inmediatamente tras adelgazar. Por el contrario, pueden persistir entre cinco y diez años, haciendo que el sistema inmunitario continúe comportándose como si el cuerpo aún tuviera un exceso de peso.
Una memoria biológica que no se borra rápido
La principal consecuencia de este fenómeno es que el sistema inmunitario pierde parte de su eficacia. Funciones esenciales como la eliminación de desechos celulares o la regulación del envejecimiento inmunitario se ven comprometidas, lo que podría explicar por qué el riesgo de enfermedades no desaparece al mismo ritmo que el peso corporal.

«Nuestros hallazgos muestran que la obesidad está asociada con modificaciones epigenéticas duraderas que influyen en el comportamiento de las células inmunitarias», explica Belinda Nedjai, autora principal del estudio e investigadora del Instituto Wolfson de Salud de la Población de la Universidad Queen Mary de Londres.
La experta agrega que «el sistema inmunitario retiene un registro molecular de exposiciones metabólicas pasadas», lo que tiene implicaciones directas en la recuperación a largo plazo y en la probabilidad de desarrollar enfermedades relacionadas.
Cómo se investigó el impacto en el organismo
Para comprender en detalle este proceso, el equipo analizó células inmunitarias de distintos grupos de personas. Entre ellos, pacientes con obesidad que recibieron tratamientos para perder peso, individuos con síndrome de Alström —una enfermedad genética que provoca obesidad temprana— y personas sanas utilizadas como grupo de control.
Además, se estudiaron muestras de sangre y tejido adiposo de participantes que siguieron un programa intensivo de ejercicio durante diez semanas, así como de pacientes sometidos a cirugías de cadera o rodilla con distintos perfiles de peso corporal.
En paralelo, los científicos realizaron experimentos en modelos animales alimentados con dietas altas en grasas y analizaron sangre de voluntarios sanos. Esto permitió observar con mayor precisión qué ocurre dentro de las células inmunitarias en contextos de obesidad.
Riesgos que persisten tras adelgazar
Uno de los hallazgos más relevantes es que la pérdida de peso a corto plazo no reduce de inmediato el riesgo de ciertas enfermedades. Entre ellas, destacan la diabetes tipo 2 y algunos tipos de cáncer.
«Los resultados sugieren que la pérdida de peso a corto plazo puede no reducir inmediatamente el riesgo de algunas condiciones de salud asociadas con la obesidad», señala Claudio Mauro, coautor principal del estudio e investigador del Departamento de Inflamación y Envejecimiento de la Universidad de Birmingham.
Esto refuerza la idea de que adelgazar, aunque fundamental, no es el único paso en el proceso de recuperación de la salud. El cuerpo necesita tiempo para reprogramar su funcionamiento interno.
El papel clave del mantenimiento del peso
A pesar de la persistencia de estas marcas, los investigadores subrayan que no son permanentes. Con el tiempo, y especialmente con un mantenimiento sostenido del peso saludable, la “memoria de la obesidad” puede desvanecerse.
«El manejo continuo del peso tras la pérdida hará que la ‘memoria de la obesidad’ se desvanezca lentamente», afirma Mauro. Sin embargo, advierte que este proceso puede requerir varios años, probablemente entre cinco y diez, y aún necesita más investigación para comprenderse completamente.
Este dato pone en perspectiva la importancia de los hábitos a largo plazo. No se trata solo de perder peso, sino de sostener ese cambio con consistencia.
Nuevas oportunidades para la salud
El estudio también abre la puerta a posibles tratamientos que ayuden a acelerar la recuperación del sistema inmunitario. Entre las opciones que se están explorando se encuentran fármacos como los inhibidores de SGLT2, que han mostrado potencial para reducir la inflamación y favorecer la eliminación de células envejecidas.
Según los investigadores, estos avances podrían complementar las terapias actuales para la pérdida de peso, con el objetivo de reducir de manera más efectiva el riesgo de enfermedades metabólicas y cáncer.
El siguiente paso será desarrollar estrategias que permitan restaurar el funcionamiento normal del sistema inmunitario afectado por estas marcas epigenéticas.
Un cambio de mirada sobre la obesidad
Más allá de los datos científicos, este hallazgo invita a replantear la forma en que se entiende la obesidad y su impacto en la salud. No es solo una condición reversible con cambios físicos visibles, sino un proceso que deja huellas profundas en el organismo.
Comprender que el cuerpo necesita tiempo para sanar completamente puede ayudar a ajustar expectativas y a promover un enfoque más integral del bienestar. Mantener hábitos saludables, acompañar los cambios con seguimiento médico y apostar por la constancia son claves en este camino.
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