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Quitar los aranceles al maíz no controló los precios y aumentó las ganancias de los importadores

Desde la entrada en vigencia hasta agosto de 2023, el total del margen entre el valor de lo importado y el precio promedio al que se vende el maíz en los mercados salvadoreños fue de $301.59 millones.

Por Moisés Alvarado | Feb 02, 2024- 09:44

“Vamos a quitar los aranceles completamente a 20 productos (de la canasta básica) por un año”, aseguró Nayib Bukele el 10 de marzo del 2022. El mandatario en licencia señaló que, con esta decisión, se beneficiaría el bolsillo de la población salvadoreña.

Según Bukele, la medida ayudaría a mantener y reducir el precio y aumentaría “la competencia”. Días después, los diputados de la Asamblea Legislativa aprobaron la Ley Transitoria de Combate a la Inflación de Precios de Productos Básicos, que quitaba los Derechos Arancelarios a la Importación (DAI) a los alimentos enlistados. Esta sigue en vigencia al menos hasta marzo de 2024. ¿La realidad fue como la vaticinó el presidente?

La respuesta, al menos en el caso del maíz, es no, pues los recortes no se trasladaron a los precios que paga el consumidor final y sí ayudaron a que los importadores tuvieran mayores márgenes de ganancia.

LEA MÁS: En la presidencia de Nayib Bukele, la canasta básica subió más del 27 %

La medida entró en vigencia el 12 de marzo de 2022. Para verificar sus efectos, El Diario de Hoy hizo un ejercicio a partir de los datos oficiales de importaciones de maíz del Banco Central de Reserva (BCR) y los promedios mensuales de los precios del quintal de maíz a consumidores mayoristas en los mercados de El Salvador, publicados por el Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG).

Se comparó el precio promedio de la importación de cada quintal de maíz con el precio promedio con el que se estaba vendiendo en El Salvador. El periodo elegido fueron 14 meses antes de la entrada en vigencia de la medida, es decir, de enero de 2021 a febrero de 2022, y los meses para los que se cuenta con datos en los que ha estado activa, de marzo de 2022 a agosto de 2023.

Lo que se pudo comprobar a través de los números es que la brecha entre los dos valores (el de la importación y el de la venta en El Salvador) creció a partir de la entrada en vigencia. En el periodo anterior a su activación, la diferencia entre ambos valores osciló entre los 30 centavos de dólar y los $6.2.

A partir de marzo de 2023, esa brecha comenzó a crecer y registró como número mínimo de diferencia los $8.7. La máxima distancia la marcó agosto de 2023, cuando fue de $14.

Para hacerse una idea de lo importante de esa cifra, hay que pensar que, ese mes, el valor dentro del país fue de 30 dólares, es decir que se registró un aumento del 46% entre lo que costaba importarlo versus lo que compraba el consumidor final en el mercado.

"El gran beneficiado es el importador"

“Lo hemos dicho desde el principio, desde que se anunciaron esas medidas, quitarle aranceles a la importación de alimentos no resuelve el problema. Lo agrava”, comenta Luis Treminio, presidente de la Asociación Cámara Salvadoreña de Pequeños y Medianos Productores Agropecuarios (CAMPO), que aglutina a decenas de miles de trabajadores de la tierra en El Salvador.

Para él, los números de esta muestra dejan claro que, debido a que no es posible controlar a qué precios venden los importadores en el país, es muy probable que no se esté trasladando ese ahorro a la población. “El gran beneficiado es el importador, en desmedro del productor”, sentencia Treminio.

En efecto, los márgenes obtenidos por los importadores han crecido. Para acercarse a este número, hay que multiplicar el precio promedio del quintal importado por el número que ha entrado al país. Y las cifras crecen porque también ha aumentado el volumen de lo trasladado en maíz desde otros países.

Por ejemplo, el margen máximo del primer periodo estudiado (desde enero de 2021 hasta antes de que entrara en vigencia la medida), correspondiente al mes de enero de 2022, fue de $9.62 millones. En esos 14 meses, la brecha total fue de $51.2 millones.

Después de la entrada en vigencia, todo se disparó. Por ejemplo, en marzo de 2022, los márgenes superaron los $25 millones, casi la mitad de todo lo que se registró en los 14 meses anteriores.

En los 18 meses desde que se aprobó la medida hasta que se tienen datos (de marzo de 2022 a agosto de 2023), el total del margen entre el costo de lo importado y el precio promedio al que se vende un quintal en los mercados salvadoreños fue de $301.59 millones.

Las cifras del anterior gráfico están expresadas en millones de dólares. 

En los 14 meses antes de la medida, El Salvador importó un poco menos de 1 millón de quintales mensuales en promedio.

Desde que entró en vigencia, esa media se disparó a 1.75 millones de quintales mensuales de maíz. El mes en el que más se importó este grano básico fue el primero en que estuvo activa la eliminación del arancel, marzo de 2022, cuando entraron 2.9 millones.

¿Cómo se comportaron los precios? La medida no fue efectiva para controlar los incrementos, pues se pasó de un máximo de $21.80 (febrero de 2022) en los meses anteriores, a registrar un récord de $31 dólares (septiembre de 2022) mientras ha estado vigente la medida. Los precios se han quedado allá arriba, por encima de los $30.

Los otros afectados son los productores

María Guzmán es agricultora desde 2009 en el municipio de Mercedes Umaña. Ha sentido en carne propia las tormentas de sacarle réditos a la tierra. En carne propia, también, ha experimentado qué es perderlo todo por falta de lluvia.

Este año, ha tenido que invertir mucho dinero. Convencida de que el cambio climático se ha vuelto el enemigo número 1 de un agricultor, ha optado por hacer uso de un sistema de riego. Esto multiplica sus costos, pues a los insumos agrícolas y a las semillas ha tenido que sumar productos como gasolina para la planta. Pero eso es un seguro para, al menos, sacar algo.

Tanto esfuerzo, sin embargo, a veces no vale la pena, cuando debe ir a vender el producto del sudor de su frente y encuentra que, lo que le ofrecen, no cubre sus costos.

“Es bien fregado, a uno le entran las ganas de abandonarlo todo. Sale más barato comprar la comida por otro lado. Y lo que le ofrecen a uno por su maíz es bien poco, pues les sale barato traerlo de otro país”, lamenta Guzmán.

Para ella, que un agricultor local tenga que competir contra producto importado es “competencia desleal”, pues la mayor parte del grano en el extranjero es subsidiado por sus gobiernos.

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