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Carlos Carcach: “Como no hay datos, estamos totalmente a ciegas”

Más allá del número de homicidios, las cifras de extorsiones, feminicidios, hurtos y robos son también necesarias para medir la efectividad del actual régimen de excepción. Medida que no se diferencia mucho de anteriores esfuerzos por controlar a las pandillas, según este académico e investigador.

Por Lilian Martínez | Ago 28, 2022- 21:30

Militares revisaron pertenencias de jóvenes a la entrada y salida del reparto La Campanera, en Soyapango, el pasado 5 de abril. Foto EDH / Archivo

Como estadístico, doctor en econometría y con más de 30 años de docencia, Carlos Carcach siempre ha recurrido a los datos para analizar distintos fenómenos económicos y sociales, entre ellos los homicidios y las desapariciones. Para analizar los resultados del actual régimen de excepción considera necesario no solo contar con el número de homicidios, sino también saber qué ha pasado con las extorsiones, los feminicidios, los hurtos y los robos, entre otros delitos.

La actual “guerra contra las pandillas”, como publicita el gobierno el régimen de excepción vigente desde el 27 de marzo, no le parece algo nuevo, sino una nueva versión de anteriores esfuerzos por controlar y acabar con las pandillas.

En esta entrevista, explica las similitudes entre anteriores “guerras” y la actual, y advierte el peligro de que esta “guerra contra las pandillas” equivalga o sea percibida en las comunidades con más capturados como “una guerra contra los pobres”.

EDH: Se cumplen 150 días de régimen de excepción. El gobierno dice que ha hecho 50,000 capturas y la gente, aparentemente, está contenta. Al menos ese es el discurso que se lee en las redes sociales. Cuando se publica algo sobre denuncias de capturas arbitrarias o de abuso de autoridad, los comentarios de los usuarios en las redes son “¿y cuál es el problema”, “nos sentimos más seguros”, “estamos más tranquilos”. ¿Será eso realidad o solo es un discurso?

Carlos Carcach: Es difícil juzgar. Y tratando de mantener cierta objetividad… Yo creo que este tema del estado de excepción tiene que verse desde distintos ángulos.

Los orígenes se relacionan con un evento o una serie de eventos que ocurrieron aquel fin de semana de marzo. Yo siempre he creído que en un ambiente político más normal, digamos, algo como eso no habría sido suficiente para dar lugar a una medida aparentemente tan extrema como el régimen de excepción.

Partiendo de que existe ya toda una legislación que le daba las herramientas al gobierno cualquiera que fuera de tomar acciones definidas contra las pandillas y la versión “light”, digamos, del estado de excepción que tenemos ahora fueron las llamadas medidas extraordinarias que se implementaron allá alrededor de 2016-2017, después de que la tasa de homicidio llegó a superar los 100 homicidios por cada 100,000 habitantes, se dieron estas medidas extraordinarias. Desde entonces se comenzó a observar un descenso, digamos más o menos sostenido en las tasas de homicidio.

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Presente siempre estuvo el fantasma de la tregua y de, digamos, “los acercamientos”, vamos a usar ese término, entre los gobiernos de turno y los grupos pandillas. Se sabe que el incremento de violencia, hasta esos niveles que alcanzó la tasa de homicidio en 2015, se relacionaron precisamente a que el gobierno de Sánchez Cerén adoptó una política de combate directo a las pandillas. Él nunca habló de una guerra contra las pandillas, pero realmente sí era un esfuerzo bien definido del gobierno de aniquilar o, cuando menos, neutralizar a estos grupos.

Se dice que alrededor de octubre-noviembre de 2016 hubo otro acercamiento, una segunda generación de tregua y es bien probable, porque si usted se recuerda el gobierno comenzó a hablar de estas medidas extraordinarias, pero realmente solo se empezaron a implementar hasta agosto de 2017. Entonces, como que hubo que hacer algún trabajo de preparación o algún arreglo, diría yo, con las estructuras (de pandillas) y con todos los demás actores involucrados en este problema.

Dicho eso, hay un cuerpo de ley. Yo nunca he visto que se hayan derogado, todos los decretos que dieron lugar a todas esas medidas extraordinarias. Cada vez que mataban a un policía salía el ministro de Seguridad Ramírez Landaverde diciendo que los iban a internar en Zacatraz y que no iban a ver ni la luz del día. Yo recuerdo el discurso incendiario, que busca de alguna forma levantar los ánimos entre una población que está desilusionada de la ineficacia del Gobierno en resolver el problema.

En otros ámbitos esta misma fórmula fue utilizada en los años 70 en donde “el enemigo”, entre comillas, eran otros. Ahora se trabaja mucho desde la perspectiva mediática en crear en la población aquella imagen de que el enemigo es la pandilla. Habiendo dicho eso, pues no creo que estemos ante algo nuevo. Tal vez aquí lo novedoso es que hubo un gobierno que, por la razón que fuera, tuvo el valor y la determinación de implementar este tipo de acción.

Ahora ¿cuáles son los aspectos positivos? Pues al ser una guerra como el gobierno la califica, pues la guerra no solo tiene el frente militar, sino que también tiene el frente comunicacional, entonces, pues en todos los países que están en guerra, el que va perdiendo se da cuenta de eso hasta que lo han invadido. Entonces aquí, digamos, es ese discurso de que esta es una guerra que estamos ganando y que estamos cada vez más cerca de terminar con los pandilleros, pues es un discurso que cala mucho en aquellas comunidades que estaban afectadas o que están afectadas por el problema o lugares estratégicos como el centro de San Salvador. Me imagino que han sido objeto de un tratamiento especial y los comerciantes de la zona reconocen que ahora pues, por lo menos, tuvieron dos meses de descanso con las extorsiones. Parece que han empezado de nuevo.

Carlos Carcach ha sido docente de estadística y econometría por más de 30 años. Imagen de carácter ilustrativo y no comercial / https://twitter.com/Frentea_Frente/status/1527297871812317184

EDH: ¿Qué tan efectivo es el régimen de excepción vigente?

Carlos Carcach: No sabemos qué tan efectivo es porque no hay datos, es imposible saber si es verdad que tengamos supuestamente 77 días sin homicidios (durante los primeros 142 días de régimen de excepción, según el gobierno).

Es imposible, en este país es posible que haya al menos tres homicidios diarios, porque no todos los homicidios son atribuibles al problema de las pandillas. Ya no hay feminicidios, cuando en tiempos del Frente se puso de moda el feminicidio. Ya no hay homicidios en el transcurso de robos. No hay nada de eso, entonces eso parece muy raro y de allí está el problema de que si es cierto, como a veces la prensa lo muestra, que falleció un pandillero en un enfrentamiento con soldados o con policías, que por allá aparecieron cuatro, esos parece que no cuentan… ¿Me entienden? Esos no cuentan, verdad, los soldados y policías que seguramente han fallecido, tampoco cuentan ¡y esos son homicidios! Porque técnicamente no estamos en un estado de guerra.

Técnicamente no estamos en una guerra y, por lo tanto, todos deberían contarse como homicidio. Necesitamos tener datos.

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Hay zonas del país que nunca han sido afectadas directamente por la criminalidad.

Aquí donde estamos, por ejemplo. Para nosotros aquí es lo mismo si agarran a todos los pandilleros del mundo o los dejan libres, porque esta es una zona que no ha sido afectada.

No se registran casos de atracos a vivienda, ni hurtos ni robos de mercadería, todos aquellos delitos que la policía clasificaba antes como delitos de eficacia. Esos son como los que pueden dar alguna luz. Parece que la renta ha disminuido. Lo que no se sabe es qué ha pasado con las extorsiones, entonces como no hay datos, estamos totalmente a ciegas con la información que nos pudiera dar alguna luz.

EDH: ¿Qué piensa del aparente silencio de las pandillas? ¿Tendrán realmente miedo, como publicita el gobierno?
Me parece insólito que no haya una respuesta de las pandillas.

Uno esperaría, cuando menos, eventos cada cierto tiempo, aunque sea en lugares aislados de parte de las pandillas, pues solo están agachando la cabeza.

Entonces eso hace dudar de la eficacia que esto pueda tener en el mediano y en el largo plazo. No parece como un hecho natural, podría decir que parece artificial, daría la impresión de que hay algo que no cuadra aquí, porque las pandillas siempre han sabido que, por lo menos en el tiempo de la tregua del 2012 se sabía que las pandillas reconocían que eran vulnerables, ante una respuesta digamos del Estado, del estilo del que estamos viendo ahora. Pero también se ha dicho, no se sabe qué tan cierto sea, que dado eso, las pandillas usaron la tregua también para reestructurarse, para rearmarse, para fortalecerse, para diversificar, digamos, su portafolio de actividades criminales.

Entonces uno pensaría que 10 años después esto no los iba a agarrar desprevenidos. Entonces esa falta de respuesta de las pandillas es algo que hace dudar, ante lo que uno esperaría si es de puro instinto.

EDH: Hace unos días se supo que tras capturar a 50,000 presuntos pandilleros, hasta junio, habían sido decomisadas 1,300 armas.

Carlos Carcash: El número tan reducido, tan pírrico de armamento bélico también llama la atención (de enero a junio habían sido decomisados 134 fusiles de asalto, según InSight Crime). Yo imagino que de alguna manera eso le conviene tanto al gobierno como a las pandillas, que la violencia se reduzca.

EDH: ¿Le conviene a las pandillas que la violencia se reduzca?

Carlos Carcash: (Les conviene) martirizar a sus miembros, porque eso va a reforzar más su sentido de identidad y de pertenencia con el grupo.

Yo realmente desconozco si hay alguna investigación que se pudiera estar llevando a cabo sobre cuál es el efecto de esto (régimen de excepción) en la moral de los pandilleros, pero uno creería que dada la estructura, muchos de ellos probablemente consideren como un honor el ser encarcelados y el estar cerca de algunos liderazgos emblemáticos. Entonces, si ese sentido de pertenencia y de membresía se fortalece, existe la posibilidad también de que, a futuro, eso se manifieste en más violencia.

EDH: ¿Cuál podría ser el efecto del régimen en las comunidades que han sido más asediadas por estas?

Carlos Carcash: Si bien las pandillas están en todo el territorio parece que esto ha sido, voy a usar un término que en algún tiempo uso mi buen amigo Carlos Ponce, él decía que se necesitaban “intervenciones quirúrgicas”. El ministro (de Seguridad) ha usado en algún momento “intervenciones quirúrgicas”, precisamente para golpear en el lugar adecuado a la persona adecuada, lo que iba a llevar a debilitar la renta.

Yo no sé, yo no sé, por ejemplo, hoy qué es lo que está pasando en comunidades como La Campanera por imaginar una comunidad que asocia a la gente como un lugar emblemático o aquí nomás en Santa Tecla, en San José del Pino y en otras comunidades que se sabe que están controladas por estos grupos. Tengo la impresión de que también lo que se está construyendo aquí es un cúmulo de resentimiento social que tiene el potencial de desembocar en un conflicto como el que vivimos en los años 80.

Y el gran peligro es que en la medida en que el gobierno violente más legislación y convenios, que tienen que ver con el tratamiento de los detenidos, entonces en ese sentido también eso sirve para fortalecer y sirve como combustible para avivar esa percepción que pueden tener los miembros en estas comunidades de que realmente la guerra contra las pandillas es un sinónimo de guerra contra los pobres.

Entonces, es un problema bien complejo y en la medida en que se vaya prolongando, que se van dando más prórrogas del estado de excepción, yo creo que el Estado y la Fuerzas de Seguridad también van a tener menos capacidad de ir capturando a más personas.

Además: ¿Qué hacían las instituciones disueltas por la Asamblea oficialista?

EDH: Algunos creen que los cabecillas no están en el país o que están escondidos en colonias donde nadie pensaría buscarlos.

Carlos Carcach: Claro, y como le digo, al inicio la curva de producción de la fuerza de seguridad en términos de detenido podría ser ascendente y tenía que llegar a un máximo y, ahorita, yo tengo la impresión de que ya está en la etapa de rendimiento decreciente.

Entonces, conforme más se alargue el estado de excepción cada vez van a ser menos y menos (los capturados). ¿Se acuerda del primer mes? Bien fácil dijeron que llegaron a 20,000, el segundo mes llegaron a 40,000. Ya hoy, después de cuatro meses, dicen que llegaron 50,000 ¿y cuándo van a parar? ¿Será que van a llegar a 80,000?

Ese creo yo que es el tema. Entonces, lo que esto demuestra es que la gente, ante lo que percibe como una amenaza, está dispuesta a entregar su libertad y a sacrificar sus derechos más básicos, simplemente para sentirse bien y para estar en la sintonía que está la mayoría que dicen que las cosas han mejorado.

EDH: ¿Las expresiones de poder de las pandillas son sólo los homicidios?

Carlos Carcach: No, la expresión de poder más efectiva son las extorsiones. Y por ahí hay quienes dicen que las extorsiones no han bajado.

Luego usted tiene que las pandillas se están involucradas también en crimen transnacional organizado, tráfico de personas, tráfico de armas, tráfico de drogas, contrabando.

Entonces, han llegado a diversificar tanto su fuente de ingreso, que incluso es probable que estén en una etapa, y eso sería sumamente peligroso, en una etapa en la que estén mutando a organizaciones más pequeñas, que ya no necesitan tanto miembro de calle.

El volumen de negocios que manejan es tan grande que puede ser llevado adelante sin tanta gente.

Entonces, ahí dónde le digo que todo acuerdo entre el Gobierno y las pandillas es como aquel equilibrista del circo: el que está sobre el alambre y van con una barra para hacer equilibrio. Entonces, es una línea tan delgada, que ofrece tanto riesgos, que cualquiera de los dos puede salir mal.

Entonces, creo que habrá que esperar. Pienso que probablemente ya por el otro año vamos a empezar a ver qué es lo que está detrás de todo esto en realidad. Si efectivamente es una política destinada a neutralizar o aniquilar a las pandillas o es otro fiasco, como tantos en el pasado, que va a tener consecuencias políticas que uno no se puede ni imaginar.

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