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El migueleño que creó la frase "El Salvador, Pulgarcito de América"

Aunque ahora su nombre yace en un estado de extremo olvido dentro de la cultura salvadoreña, el Dr. Julio Enrique Ávila Villafañe fue uno de los más destacados intelectuales, empresarios y políticos nacionales.

Por Carlos Cañas Dinarte | May 11, 2024- 09:20

El Dr. Ávila Villafañe fotografiado en su estudio, en 1950. Fotografía propiedad del coleccionista salvadoreño Lic. Jorge de Sojo Figuerola, San Salvador.

Julio Enrique Ávila Villafañe nació en la ciudad de San Miguel, el 4 de agosto de 1892, en el hogar de Virginia Villafañe de Ávila y León Ávila, quienes también procrearon a sus hermanos León y Carlos, al igual que a su hermana Virginia.

Con estudios primarios y secundarios hechos en el Instituto Villatoro (después Liceo Moderno, San Salvador), el 6 de mayo de 1913 obtuvo su doctorado en Química y Farmacia en la Universidad de El Salvador. Se dedicó a escribir literatura desde el año siguiente.

El domingo 19 de septiembre de 1915 contrajo matrimonio con Lydia Orozco,
una hija del Dr. Juan F. Orozco. Aunque no tuvieron hijos propios, adoptaron a un niño y a una niña.

Fue cofundador y codirector de las revistas Cenit (San Salvador, diciembre de 1916. Codirigida con el poeta Carlos Bustamante, era contraria al cubismo europeo) y Revista del istmo (codirigida con Manuel Andino).
En diciembre de 1921 asumió la dirección de las páginas literarias del diario sansalvadoreño La prensa.

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En 1922, con los intelectuales Rafael Víctor Castro Ramírez, Juan Ramón Uriarte, Miguel Ángel Espino, Manuel Andino, Juan Felipe Toruño y otros establecieron la sociedad anónima Centro Editorial Salvadoreño, dueña de la imprenta capitalina La república (1895) y del periódico El día (1923-1933).

El sábado 31 de enero de 1925, en la edición 42 de la revista capitalina La semana dio a conocer fragmentos de su libro entonces inédito El mundo de mi jardín. Publicado en diciembre de 1927 por el capitalino Centro Editorial Salvadoreño, ese pequeño volumen fue elogiado entre mayo y julio de 1928 por el intelectual español Miguel de Unamuno, la escritora chilena Gabriela Mistral y el poeta peruano José Santos Chocano, Además, recibió agradables comentarios de escritores y periódicos de Buenos Aires, Guatemala, México,

L a Habana, Santiago de Cuba y otros lugares de Hispanoamérica.Fue miembro del grupo de intelectuales conocido como La peña literaria, establecido en la capital salvadoreña en febrero de 1928, con la misión de presentar al público eventos agrupados bajo el término de Sábados literarios. Allí compartió con Salarrué, Alfredo Espino, Quino Caso, Francisco Miranda Ruano, Lilian Serpas, Juan Ulloa y otros jóvenes más.

Desde mayo de 1928, se convirtió en un activo colaborador del diario Patria -dirigido en San Salvador por Alberto Masferrer-, al igual que de la revista Excélsior (junio de 1928-1930).

Fue delegado salvadoreño ante la Exposición Iberoamericana de Sevilla. El Dr. Ávila salió de San Salvador a mediados de febrero de 1929 y arribó a esa ciudad andaluza a fines de la primera semana de mayo. Fueron exhibidos cuadros de Miguel Ortiz Villacorta, José Mejía Vides, Francisco Estanislao Cisneros Guerrero y otros artistas más, al igual que el Atlacatl de Valentín Estrada y una colección de flores y frutas salvadoreñas elaborada en seda y cera. Mientras tanto, el Dr. Ávila dividió su tiempo ferial entre acompañar a los escritores y diplomáticos nacionales José María Peralta Lagos y Raúl Contreras Díaz, pronunciar conferencias, exhibir películas acerca del desarrollo contemporáneo de El Salvador y visitar el resto de pabellones.

1. Caricatura del Dr. Ávila Villafañe, hecha por el artista salvadoreño Fernando Rodríguez A. 2. Portada de la edición original (1927) de este libro del Dr. Julio Enrique Ávila Villafañe 3. Publicación original del texto poético dedicado por su autor al Pulgarcito de América. Imagen cortesía de la Hemeroteca Municipal de Madrid, España.

En la noche del viernes 19 de septiembre de 1930, en el paraninfo ubicado en el segundo nivel del edificio de la Universidad y en su calidad de secretario del Alma Mater salvadoreña (1928-1930), presentó al explorador, antropólogo y etnólogo francés Paul Rivet (Wassigny, 1876-1958), creador de una de las teorías del origen del ser humano en América y futuro fundador del Musée de l’Homme (Museo del Hombre, 1937), aún situado en el Palacio de Chaillot, en la plaza del Trocadero de la capital francesa.

En horas nocturnas del martes 18 de noviembre de 1930, el Dr. Ávila ofreció el discurso de salutación para el intelectual mexicano José Vasconcelos (Oaxaca, 28.febrero.1882- ciudad de México, 30.junio.1959), en el acto desarrollado en el paraninfo universitario para otorgarle el doctorado honoris causa a ese personaje que tanta influencia tuvo en los escritores salvadoreños y creador de “Por mi raza hablará mi espíritu”, el lema de la Universidad Nacional Autónoma de México, UNAM. Ambos discursos del Dr. Ávila fueron publicados por la revista capitalina La universidad, en el número de mayo de 1931.

Desde el 1 de marzo de 1931 fungió como subsecretario de Instrucción Pública en el breve gobierno laborista del ingeniero Arturo Araujo, derrocado por un conjunto de militares el 2 de diciembre de ese mismo año.
Impulsor de la aclimatación y siembra masiva de henequén en el oriente salvadoreño, fue cofundador y copropietario de la Fábrica de Sacos Cuscatlán (calle Gerardo Barrios, San Salvador, 1932).

Desde el viernes 23 de abril de 1937 hasta febrero de 1939, se desempeñó como decano de la Facultad de Química y Farmacia de la Universidad Nacional de El Salvador.

El 15 de septiembre de 1937, desde los estudios de la radioemisora oficial RDN, este practicante de la teosofía ofreció el discurso El Salvador, Pulgarcito de América, que después difundió como artículo en diversos medios capitalinos, como Cypactly. Revista de variedades (año IX, no. 140, 25 de agosto de 1939, portada). Esa frase -atribuida hasta la saciedad a la escritora chilena Gabriela Mistral- fue estudiada y desmitificada entre 2010 y 2015 por el antropólogo y escritor salvadoreño Dr. Rafael Lara Martínez, con base en abundantes pruebas documentales.

Banquete oficial salvadoreño en el Hotel Alfonso XIII (Sevilla), el lunes 23 de septiembre de 1929.
1. General, ingeniero y escritor José María Peralta Lagos, ministro plenipotenciario de El Salvador en España.
2. Dr. Julio Enrique Ávila Villafañe, delegado de El Salvador ante la Exposición Iberoamericana y Universal de Sevilla, 1929.
3. Raúl Contreras Díaz (Cojutepeque, 1896-Madrid, 1973), poeta y secretario de la Legación de El Salvador en la capital española.

Hasta julio de 1938, el Dr. Ávila fue director de la radio nacional YSS “Alma Cuscatleca” y supervisor general de las radioemisoras oficiales YSS, YSM y YSD. En junio de 1939, el Congreso Nacional de Cultura Física de El Salvador organizó la Federación Salvadoreña de Fútbol, cuyo primer nombramiento como presidente recayó en el Dr. Ávila Villafañe.

Se desempeñó como director de El Diario de Hoy desde el 31 de julio de 1941, en momentos en que ese tabloide nacional cambió su nombre por el de Centro-América, debido a la enorme actividad represiva desatada en su contra por el régimen martinista, que obligó a Napoleón Viera Altamirano, su cofundador y director propietario, a exiliarse en Costa Rica.

Junto con intelectuales como José María Peralta Lagos, Manuel Andino y otros ciudadanos firmaron la invitación para el desfile de hogares salvadoreños a favor de la democracia y en apoyo a las fuerzas militares aliadas, tras las declaraciones bélicas emitidas por el gobierno martinista contra Japón, Italia y Alemania, en el marco de la Segunda Guerra Mundial. Reunida a partir de las 15:00 horas del domingo 28 de diciembre de 1941, esa multitud recorrió desde el Country Club (ahora Casa Presidencial, carretera a Santa Tecla) hasta el Palacio Nacional y finalizó en el parque Cuscatlán.

Luego del triunfo de la Huelga de Brazos Caídos que derrocó a la dictadura martinista, el Dr. Ávila Villafañe fue designado ministro de Relaciones Exteriores durante el efímero gobierno del general Andrés Ignacio Menéndez (9 de mayo-20 de octubre de 1944). En ese breve paso por la Cancillería salvadoreña, le otorgó reconocimiento oficial y validez a la operación clandestina de certificados de nacionalidad salvadoreña emprendida desde el consulado general salvadoreño en Ginebra por el coronel José Arturo Castellanos y su secretario judío-transilvano George Mandell-Mantello, un movimiento salvador desarrollado en red y apoyado por el gobierno suizo, que permitió que alrededor de 50,000 vidas fueran rescatadas y no acabaran como víctimas fatales de la Shoah u Holocausto. Esa acción diplomática le mereció al Dr. Ávila Villafañe la Legión de Honor, otorgada por el gobierno francés.

1. José María Peralta Lagos 2. Dr. Julio Enrique Ávila Villafañe 3. Raúl Contreras Díaz / Pabellón de El Salvador en la Exposición Universal e Iberoamericana de Sevilla, 1929. Fotografías procedentes del archivo personal de Francisco Sánchez Apellániz, secretario del consulado salvadoreño en Sevilla y presidente de la Exposición.

Los detalles de esa operación clandestina del coronel Castellanos y Mandel-Mantello, así como las implicaciones del Dr. Ávila Villafañe y otros elementos más, fueron estudiados entre junio de 2005 y mayo de 2007 por una comisión especial del Ministerio de Relaciones Exteriores, presidida por los embajadores Lic. Ricardo Morán Ferracuti y Dr. Ernesto Arrieta Peralta, el investigador Carlos Cañas Dinarte y otras personas vinculadas con la diplomacia y las comunicaciones, quienes desarrollaron amplias pesquisas en fuentes orales y escritas de El Salvador, Estados Unidos, Alemania y Suiza. El informe final José Arturo Castellanos, héroe del Holocausto, publicado en castellano e inglés, sirvió para que el Tribunal de los Justos entre las Naciones (Museo del Holocausto-Yad Vashem, Jerusalén, Israel) le otorgara al coronel Castellanos el reconocimiento póstumo de Justo entre las Naciones, el más alto honor conferido por la comunidad israelí para todas aquellas personas que salvaron vidas judías durante la Segunda Guerra Mundial. Hasta la fecha, es el único salvadoreño con esa distinción.

Militante político socialdemócrata e integrante de diversas academias e instituciones culturales, en enero de 1965 el Dr. Ávila Villafañe fue intervenido en la Policlínica Salvadoreña, pese a lo cual sus dolencias de salud fueron cada vez mayores y más frecuentes. Falleció en el Centro de Emergencias (San Salvador), a las 22:20 horas del sábado 16 de noviembre de 1968.

Empresario que logró gestar abundantes recursos materiales, fue propietario de varias droguerías, farmacias, almacenes y de la finca San Luis (barrio de Santa Lucía, San Salvador). Su casa de habitación estuvo situada donde después funcionó el restaurante de comida rápida Biggest, frente al portón principal de la Universidad de El Salvador.

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De manera póstuma, el 5 de abril de 1969, el gobierno salvadoreño le agradeció todos sus aportes intelectuales y políticos al conferirle la Orden Nacional José Matías Delgado.

Otras de sus obras publicadas fueron Fuentes del alma (San Salvador, tipografía La Unión, marzo de 1917, 167 págs.), Los sueños de Alvarado (“novela de grandes amores”, según su autor, 1919), El poeta egoísta (florilegio poético, San Salvador, Imprenta Nacional, 1922, 117 págs.), El vigía sin luz (San Salvador, Cuscatlania, 1927, 141 págs., con varias reediciones. El primer tiraje de este libro recibió un emocionado comentario de la escritora chilena Gabriela Mistral, a quien el Dr. Ávila presentó en la UES, en 1931. En 1936, el Instituto de Ciegos de la localidad vasca de Bilbao publicó dos ediciones de esta obra, impresas en lenguaje Braille, de uso universal entre las personas invidentes. A fines de 1968, fue la primera obra nacional en ser traducida y publicada en Braille en el territorio salvadoreño) y El himno sin patria: ensayo sobre el origen de la música y su acción social (conferencia, San Salvador, separata de la revista La universidad, 1936, 62 págs.).

El auditórium no.4 de la Facultad de Humanidades de la Universidad de El Salvador ostentaba su nombre desde el martes 30 de octubre de 1973. En 1998, se le renovó ese bautizo, como parte de las celebraciones del 50 aniversario de fundación de dicha facultad.

Su valioso archivo personal se localiza en la colonia Utila, Santa Tecla, departamento de La Libertad.

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