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José Valdés, poeta santaneco

En el mes que El Salvador dedica a honrar a sus poetas, es de justicia rescatar el legado de un vate muy olvidado por las nuevas generaciones transnacionales.

Por Carlos Cañas Dinarte | May 04, 2024- 08:36

El poeta y escritor santaneco José Valdés. Imagen cortesía de la Biblioteca Universitaria Florentino Idoate, S. J. (UCA, San Salvador).

José Lorenzo Valdés Quintero nació en el barrio de Santa Lucía, en la ciudad de Santa Ana, el 26 de marzo de 1892. Fue hijo del pedagogo y agricultor Lorenzo Valdés (Texistepeque, 1862-Coatepeque, 1898) y Antonia Manuela Quintero (Santa Ana, 1861-1933), casados el 15 de agosto de 1887 y quienes también procrearon a Josefina Eulalia (nacida el 12 de febrero de 1890) y Virginia (fallecida en esa misma localidad, el viernes 9 de febrero de 1940).

Mediante el ritual católico tradicional, fue bautizado en el templo del Calvario, bajo el padrinazgo del matrimonio compuesto por Francisco Reyes y Luz Regalado de Reyes. Fue confirmado por el obispo Dr. Antonio Adolfo Pérez y Aguilar (1839-1926) y tuvo como padrino al filántropo y sacerdote Felipe de Jesús Moraga (1833-1905).

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Desde los cinco años, realizó estudios en las escuelas privadas dirigidas respectivamente por los educadores Claudia de Zepeda y Joaquín Trejo. A los nueve años escribió su primer poema, que dedicó a su padrino de confirmación. Después cursó estudios en el Liceo Salvadoreño (San Salvador) y Liceo de Occidente (Santa Ana).

De rostro mandón, cabellos lacios con camino al medio, desgarbo en el vestir de sus ropas oscuras, cuello duro, nudo de corbata a medio hacer y sempiterna margarita en el ojal, inició sus publicaciones literarias en 1910, en las páginas sabatinas del santaneco Diario de occidente.

Postal iluminada de 1910, que muestra la fachada del Palacio Municipal de Santa Ana, parte del parque Libertad y la entonces 1a. avenida sur, hoy avenida Independencia sur. Imagen suministrada por el Ing. Carlos Quintanilla.

Bajo la motivación el doctor José Ignacio Hernández, varios escritores nacionales -entre los que se encontraban Valdés y Francisco Miranda Ruano- se afiliaron políticamente para apoyar la candidatura presidencial del médico Dr. Tomás García Palomo, opuesta a la del también galeno Dr. Alfonso Quiñónez Molina. Por esa razón, en los primeros meses de 1918, Valdés entró a dirigir la hoja política santaneca El pueblo, un semanario efímero donde ganaba buen dinero, que se dio en despilfarrar. Al cambiar el rumbo político del país y por haberse negado a servir en un jurado de conciencia en uno de los juzgados de Santa Ana, su temor a las autoridades quiñonistas lo obligó a autoexiliarse en la capital guatemalteca, donde por varios meses laboró en el Diario de Centro América.

De vuelta, se radicó en su ciudad natal, donde trabajó y colaboró en las revistas santanecas Sursum (1910-1911, conducida por Ovidio Cerna Sandoval y Francisco P. Figueroa) y Vida propia (junio de 1921, quincenal dirigido por el propio Valdés).

Luego, Valdés se incorporó a las redacciones del Diario de Santa Ana (inaugurado el 1 de diciembre de 1921, fue fundado por Pablo Rivera y dirigido por Valdés) y de El heraldo (1923, después denominado Diario del pueblo), fundado por el empresario tipográfico santaneco Napoleón Cabezas Duarte y cuya dirección estuvo a cargo de Valdés hasta el día de su muerte.

Fue colaborador de las revistas capitalinas Actualidades (enero de 1915-1918, bajo la dirección de Salvador Martínez Figueroa -oriundo de Texistepeque, falleció en 1917- y Francisco R. González, mejor conocido como “Fósforo”), Gavidia (fundada por Raúl Andino, Carlos Bustamante y José Luis Barrientos), Germinal (publicada desde abril de 1919 por los hermanos Raúl y Manuel Andino), Revista del istmo (1922, dirigida por Raúl Andino y Julio Enrique Ávila), La semana (1924), Lumen (1926, dirigida por Joaquín “Quino Caso” Castro Canizález y Rafael Cuéllar), Actualidades (1932, dirigida por Manuel López Bertrand) y Boletín de la Biblioteca Nacional (1932).

Sus materiales literarios también aparecieron publicados en los diarios La prensa (1915, San Salvador, donde dirigió la sección La labor del minuto, dedicada a comentarios de actualidad), El día (San Salvador, enero de 1923) y Patria (San Salvador, 1928), así como en el fugaz semanario Orientaciones (Santa Ana, 1923).

En abril de 1921, en compañía del ahuachapaneco Bernardino Eduardo Zamora (1904-1964) fundaron y dirigieron la revista mensual Vida profunda -inspirada en versos del poeta y andariego colombiano Porfirio Barba Jacob-, de la que solo pudieron circular cuatro ediciones.

Publicó abundantes poemas y escritos en prosa, donde abordó temáticas
relacionadas con la naturaleza, la escuela, la niñez y otros, aunque también incursionó en la crítica política, desde la que definió a El Salvador como una de las “democracias descalzas” del mundo, dominadas por la pobreza extrema.

Hacia 1923 dejó de dar a conocer sus poemas en los medios impresos del país, en una especie de “muerte literaria” que hizo que Silvestre Paradox (seudónimo del escritor y periodista Dr. Raúl Andino) pagara una misa de difuntos en la capital salvadoreña.

Según una anécdota publicada por Manuel Aguilar Chávez (Diario de occidente, Santa Ana, lunes 19 de enero de 1942), Valdés era un firme convencido de que la belleza de la poesía no debía malgastarse en versos dirigidos a mujeres y detestaba los poemas de corte amoroso, lo que lo llevó a separarse de sus amigos Quino Caso, Arístides Roberto Salazar y Carlos Rodríguez Torres, con quienes acostumbraba sostener encuentros amistosos y tertulias vespertinas bajo el árbol de maquilishuat del sector sur del parque Libertad, construido entre el Palacio Municipal y el Teatro Nacional santanecos.

Izq: José Valdés entre los periodistas santanecos, en un escrito de Cabezas Duarte. Der.: Portada original de Poesía pura (1929), con ilustración pánica estilo Art Nouveau.

Desde el primer día de febrero de 1929 mantuvo colaboraciones en la revista El nuevo día. Ágora del pensamiento, fundada y dirigida en San Salvador por el bachiller Manuel López Pérez.

En febrero de 1929 publicó su poemario Poesía pura (Santa Ana, Tipografía Comercial de Cabezas Duarte, 128 págs. Fue reimpreso en San Salvador, Departamento Editorial del Ministerio de Cultura, 1956, 207 págs.). El sábado 2 de marzo de ese año, un grupo de amigos, admiradores y familiares le ofreció un banquete en el santaneco Hotel Florida, para homenajearlo por su libro.

Estableció su casa familiar en el costado norte del parque Santa Lucía, cercana a la iglesia barrial santaneca del mismo nombre, donde falleció, a las 20:00 horas del miércoles 21 de septiembre de 1932. Su sepelio fue muy concurrido y contó con ofrendas enviadas por las bibliotecas nacionales de El Salvador y Guatemala. Los discursos de rigor estuvieron a cargo de intelectuales nacionales como Quino Caso, Francisco “Indio” Luarca, Bernardino Eduardo Zamora y otros poetas, periodistas y profesores más.

A inicios de octubre de 1932, los periódicos locales Diario de Santa Ana y Diario del pueblo sugirieron al gobierno salvadoreño que le otorgara becas educativas y de manutención a su viuda Alejandra del Carmen Miranda (Santa Ana, 17.agosto.1897-¿?) y a los descendientes del poeta fallecido (Adaljisa, Melani, Lesbia, Eduardo y Rafael), pero ambas iniciativas no fueron atendidas por las autoridades nacionales.

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De forma póstuma, una parte de sus artículos y editoriales fue compilada en el volumen José Valdés, escritor y periodista. Orientaciones ideológicas del poeta santaneco (editoriales publicados en el Diario del pueblo, Santa Ana, Tipografía Comercial de Cabezas Duarte, 1937, 200 págs., con prólogo de Manuel Andino). Los ejemplares de ese libro fueron la respuesta a la invitación recopiladora hecha por el educador ahuachapaneco Manuel Farfán Castro (1896-1984) y por el empresario tipográfico Nicolás Cabezas Duarte (1886-1969). Otros poemas y prosas fueron publicados por las páginas editoriales de Diario de occidente, el martes 21 de septiembre de 1943, en conmemoración del decimoprimer aniversario de su fallecimiento.

El viernes 21 de febrero de 1941, el Diario de occidente publicó la copia del acta suscrita por las personas residentes en el cantón Cerro Huiziltepeque, en el departamento de Santa Ana, según la cual acordaron edificar una escuela rural mixta y bautizarla con el nombre del poeta desaparecido. La obra fue concluida e inaugurada en septiembre de 1943.

En enero de 1942 -en cumplimiento de un acuerdo municipal emitido en la noche del martes 2 de agosto de 1938, reforzado con otra disposición local emitida en la segunda semana de noviembre de 1941-, el antiguo parque santaneco Cabañas fue remodelado y bautizado como José Valdés. Además, por iniciativa de la profesora Luz Baños Pacheco, el sábado 26 de septiembre de ese mismo año le fue otorgado su nombre a un aula del Grupo Escolar Municipal de la urbe santaneca.

Ante lo apretado de su situación económica, a fines de junio de 1946, su viuda Alejandra dirigió una solicitud de pensión ante la Asamblea Legislativa, con el fin de que se le proveyera de algunos recursos económicos para poder alimentar, vestir, calzar y educar a las tres hijas y al hijo sobreviviente del vate desaparecido. Amparado en el artículo 11 de la entonces vigente Ley de Pensiones y Jubilaciones, el Ministerio de Cultura emitió un dictamen desfavorable para dicha solicitud, por lo que fue denegada por el Poder Legislativo.

Postal doble iluminada, con parte del paisaje urbano santaneco a inicios del siglo XX. Imagen proporcionada por el coleccionista salvadoreño Ing. Carlos Quintanilla.

A las 09:00 horas del jueves 28 de octubre de 1948, en el no. 20 de la séptima calle oriente de la ciudad de Santa Ana fue inaugurada la Escuela José Valdés, abierta en febrero de ese año, pero cuyo nombramiento oficial no se produjo sino hasta el 14 de junio, mediante el acuerdo del Poder Ejecutivo no. 2124, una copia del cual le fue entregado a la directora de la escuela, profesora Lucila Morán de Meza. Durante la ceremonia oficial del bautizo de esa institución, que ofrecía servicios del primero al tercer grado de educación primaria, Rafael Francisco Olegario Valdés Miranda (1926-1982, casado con Rosa Hilda Ocampo Delgado, 1935-1988), donó un retrato de su progenitor, que fue colocado en un sitio destacado. El discurso de estilo, José Valdés o el silencio, lo ofreció el escritor y periodista Manuel Aguilar Chávez (1913-1957), quien lo publicó en la sección editorial del Diario de occidente, el sábado 30. A medida que se fueron ampliando los grados de educación ofrecidos, la escuela fue rebautizada el jueves 28 de junio de 1951, con un discurso de rigor que volvió a corresponderle a Aguilar Chávez.

También se le dio su nombre al teatro de la Penitenciaría Occidental, con sede en la ciudad de Santa Ana, durante una ceremonia desarrollada a partir de las 10:00 horas del viernes 14 de abril de 1950, en conmemoración del Día Panamericano. Esa instalación fue creada a instancias del entonces director de ese reclusorio, el coronel Alberto Cortés, para que pudiera darle servicios culturales y de entretenimiento a los 412 reos allí detenidos por esas fechas.

El lunes 1 de septiembre de 1952, en la Escuela de Varones Carmen E. Álvarez (San Salvador) tuvo lugar una ceremonia solemne para bautizar a varias de sus aulas con los nombres de escritores y docentes salvadoreños ya fallecidos, como Valdés, Carlos Bustamante, Camilo Campos, José Llerena h. y otros.

El domingo 4 de julio de 1954, el diario Tribuna libre (San Salvador) divulgó el trabajo José Valdés, redactado por el poeta Vicente Rosales y Rosales y colocado entre su serie Valores intelectuales de El Salvador, que se constituyó en uno de los primeros intentos de abordaje crítico de la obra literaria de ese intelectual salvadoreño.

En marzo de 1963, en la Escuela de Varones Tomás Medina (Santa Ana) se efectuó una ceremonia para bautizar su biblioteca y sus distintos salones de clases. Para las aulas, fueron escogidos los nombres de importantes escritores y educadores nacionales, vivos y muertos, como Valdés, Francisco Gavidia, Alberto Masferrer, José Antonio Martínez, Salarrué -quien obsequió un lote de libros para la biblioteca escolar-, Oswaldo Escobar Velado, Serafín Quiteño, Alfredo Espino, Arturo Ambrogi, Saúl Flores y Juan Ramón Uriarte.

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