¿Tu hijo evita la piscina o salir? Puede sentir vergüenza de su cuerpo
Evitar planes, aislarse o hablar negativamente de su imagen pueden ser señales de que la vergüenza corporal está afectando el bienestar de un adolescente.
La vergüenza corporal en adolescentes puede manifestarse cuando un hijo empieza a evitar la piscina, rechaza reuniones con amigos, se aísla en su habitación o expresa comentarios negativos sobre su apariencia. Según explicó a EFE Salud Amaia Izquierdo, vicepresidenta de la sección de Infancia y Adolescencia de la Asociación Española de Psicología Clínica y Psicopatología, AEPCP, cierta inseguridad es habitual en esta etapa, pero conviene prestar atención cuando comienza a interferir en la vida cotidiana.
La adolescencia está marcada por cambios físicos, psicológicos y sociales, además de una búsqueda de identidad y autonomía.
Izquierdo explica que es una etapa caracterizada por la inseguridad, la vulnerabilidad y momentos de introspección, en la que aumenta también la importancia del grupo de amigos.
El problema aparece cuando la vergüenza por el propio cuerpo deja de ser una incomodidad puntual y se convierte en una barrera para hacer actividades, relacionarse o sentirse seguro.
Las redes sociales aumentan la comparación
Uno de los factores que puede complicar este proceso es la exposición constante a imágenes idealizadas en redes sociales.
Los adolescentes ya no se comparan solamente con personas de su entorno, sino también con identidades digitales construidas mediante filtros, edición, poses y fotografías cuidadosamente seleccionadas.
“El modelo, el marco externo de referencia va a ser un modelo excesivamente perfecto, idealizado muchas veces”, explica Izquierdo.

Según la psicóloga, esta comparación puede llevar al adolescente a pensar que no es “lo suficientemente bueno” frente a los demás.
Además, muchos jóvenes también modifican sus propias fotografías y crean una imagen virtual que puede diferir considerablemente de su apariencia real.
Cuando llega el momento de encontrarse personalmente con otras personas, esa distancia entre la imagen digital y la real puede provocar inseguridad, vergüenza y miedo.
“Hay una distorsión, mucha disonancia entre la imagen real y la virtual”, sostiene Izquierdo.
Estas son las señales de alerta
Sentir cierta incomodidad con el cuerpo puede ser habitual durante la adolescencia. Sin embargo, la especialista advierte que existen algunas “banderas rojas” que pueden indicar que la situación está afectando seriamente al menor.
Una de las principales es la renuncia a actividades que antes disfrutaba.
“Deja de ser normal cuando aparece una renuncia. Cuando deja de ir a la piscina porque se tiene que poner en bañador, o porque no quiere ir al campamento con sus amigos, en definitiva cuando empieza a renunciar a cosas de su día a día”, señala Izquierdo.
Entre otras señales que pueden llamar la atención están:
- Evitar actividades en las que siente que debe mostrar su cuerpo.
- Aislarse de amigos y familiares.
- Permanecer durante largos periodos en su habitación.
- Hablar de manera negativa sobre su apariencia.
- Buscar compulsivamente formas de cambiar su cuerpo.
- Presentar cambios importantes en el sueño.
- Mostrar irritabilidad o episodios de llanto más intensos de lo habitual.
- Reducir considerablemente la comida.
- Realizar ejercicio de manera compulsiva.
Cuando existe un sufrimiento intenso o estas conductas interfieren con la vida diaria, la especialista recomienda valorarlas con mayor atención.
Atención a los cambios en la alimentación
Otra señal especialmente importante es la aparición de cambios corporales significativos o modificaciones bruscas en la manera de comer.
Reducir de forma importante la ingesta, dejar de comer determinados alimentos o hacer ejercicio compulsivamente pueden ser indicadores asociados con un trastorno de la conducta alimentaria.
La especialista advierte que este tipo de problemas pueden aparecer cada vez a edades más tempranas y tienen una presencia especialmente significativa entre las adolescentes.
Las redes sociales pueden aumentar la presión al mostrar constantemente cuerpos seleccionados, editados o incluso completamente alejados de la realidad.
Silvia Mérida, psicóloga de Blua de Sanitas, señala que para muchos jóvenes la presión no surge únicamente del cuerpo que tienen, sino de la distancia que perciben entre su apariencia y el ideal que creen que deberían alcanzar.
El cerebro, explica, puede interpretar esas imágenes como referencias reales y alcanzables, aunque hayan sido creadas mediante iluminación, posturas, edición o filtros.
Los comentarios de los adultos también influyen
La familia y otros adultos del entorno pueden reforzar, incluso sin proponérselo, la insatisfacción corporal.
Hablar constantemente del peso, juzgar el cuerpo de otras personas o comentar si alguien está más delgado, ha engordado o tiene determinada parte del cuerpo de una forma concreta transmite la idea de que la apariencia debe ser evaluada.
“Se habla y se juzga”, resume Izquierdo.
Los niños y adolescentes escuchan esas conversaciones y pueden asumirlas como algo normal.
La psicóloga propone cambiar el enfoque y hablar del cuerpo desde una perspectiva funcional.
En lugar de centrarse únicamente en cómo se ve, se puede valorar todo lo que permite hacer: caminar, nadar, jugar, bailar, practicar deporte o disfrutar de diferentes actividades.
El algoritmo puede reforzar la inseguridad
La presión estética puede empezar incluso antes de la adolescencia.
Izquierdo advierte sobre la presencia de productos cosméticos dirigidos a edades cada vez más tempranas y del uso de filtros en fotografías infantiles bajo la idea de “mejorarlas”.
Estas prácticas pueden reforzar la creencia de que la apariencia natural no es suficiente y que siempre existe algo que debería corregirse.
Las redes sociales también pueden alimentar ese círculo mediante algoritmos que muestran de manera repetida contenidos relacionados con belleza, cuerpos, dietas o transformación física.
“Y el algoritmo siempre gana”, lamenta la especialista.
Cómo pueden ayudar los padres
El apoyo familiar es una de las herramientas más importantes para acompañar a un adolescente que siente vergüenza de su cuerpo.
Izquierdo recomienda evitar centrar las conversaciones en la apariencia física y acercarse a los hijos validando lo que sienten.
También considera importante ayudarles a desarrollar una mirada crítica frente a los modelos de belleza que aparecen en redes sociales y otros espacios.
Las actividades creativas, artísticas y deportivas pueden ser beneficiosas siempre que se realicen desde el disfrute y no desde una búsqueda compulsiva por cambiar el cuerpo.
El objetivo es acompañar sin juzgar y crear momentos en los que el adolescente pueda hablar con confianza sobre lo que está sintiendo.
Si el aislamiento, la ansiedad, los cambios en la alimentación o la renuncia a actividades continúan o empeoran, la psicóloga aconseja acudir al pediatra o al médico de atención primaria para valorar una posible derivación a profesionales de salud mental.
La vergüenza corporal puede formar parte de las inseguridades propias de la adolescencia, pero cuando empieza a limitar amistades, actividades y bienestar emocional, deja de ser simplemente una etapa y se convierte en una señal que merece atención.
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