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El uso excesivo del celular entre niños y adolescentes puede afectar el descanso, la convivencia, la socialización y el rendimiento.

Diez claves para que tus hijos no se encierren en el celular

Poner límites, crear espacios sin pantallas y hablar sobre riesgos digitales puede ayudar a lograr una convivencia tecnológica más saludable en familia.

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Por EFE
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Resumen del artículo:

El uso excesivo del celular entre niños y adolescentes puede afectar el descanso, la convivencia, la socialización y el rendimiento. Para lograr una relación más saludable con la tecnología, expertos recomiendan que los adultos den el ejemplo, establezcan espacios sin pantallas, mantengan una comunicación abierta y acuerden límites claros de tiempo y uso. También aconsejan acompañar el consumo de videojuegos, hablar sobre privacidad, ciberacoso y sexting, fomentar el pensamiento crítico y promover el respeto en internet. Más que prohibir, la clave está en educar, escuchar y evitar que las pantallas reemplacen el sueño, el ejercicio y las relaciones presenciales.

El uso excesivo del celular entre niños y adolescentes puede afectar el descanso, la socialización y la convivencia familiar. Según información recogida por EFE, la Universitat Oberta de Catalunya propone diez claves para conseguir una relación más equilibrada con las pantallas y evitar que la tecnología ocupe todos los espacios de la vida cotidiana.

La llamada salud digital en la infancia y la adolescencia se ha convertido en uno de los temas centrales del debate sobre crianza. La exposición constante a pantallas genera preocupación por sus posibles efectos sobre la salud mental, el sueño, las relaciones sociales y el rendimiento académico.

La UOC señala que “la preocupación por el impacto de las pantallas en la salud mental y el descanso de los jóvenes ha dejado de ser un debate familiar para convertirse en una cuestión de salud pública”.

El conocimiento científico disponible apunta a que la hiperconexión puede afectar el sueño y el rendimiento, además de relacionarse con síntomas de ansiedad, depresión y TDAH, especialmente cuando reemplaza actividades como el ejercicio físico, el descanso o las relaciones sociales presenciales.

Aprender a convivir con la tecnología

Antoni Baena Garcia, director del máster universitario de Salud Digital de la UOC e investigador del grupo eHealth Digital Lab, considera que el objetivo no debe centrarse únicamente en cuestionar la tecnología.

La clave, explica, está en “aprender a convivir con ella y controlarla de forma consciente”.

Para el especialista, es necesario “evitar” que las pantallas “ocupen todos los espacios de la vida cotidiana sin un control eficiente”.

El uso del celular y la inteligencia artificial forma parte de la vida cotidiana de los adolescentes para estudiar, socializar y entretenerse.
El uso del celular y la inteligencia artificial forma parte de la vida cotidiana de los adolescentes para estudiar, socializar y entretenerse. / Shutterstock

Estas son las diez recomendaciones planteadas por la UOC para favorecer una convivencia digital más equilibrada dentro de la familia:

  • Ser un modelo a seguir. Padres y madres pueden enseñar un “uso ético, consciente y limitado de la tecnología” con su propio ejemplo. Si utilizan los dispositivos con un propósito concreto, los hijos aprenderán a no verlos como una extensión permanente de la mano.
  • Crear espacios libres de tecnología. Las comidas o las conversaciones importantes pueden convertirse en momentos sin celulares. El objetivo es reforzar la atención y recuperar el valor de estar presentes.
  • Mantener una comunicación abierta. La prohibición puede parecer el camino más rápido, pero Baena advierte que no suele ser el más efectivo a largo plazo. Es importante hablar de lo que ocurre en internet, escuchar sin juzgar y crear confianza para que los jóvenes puedan contar problemas relacionados con ciberacoso o contenidos inadecuados.
  • Diseñar un plan familiar de tecnología. La familia puede acordar por escrito cuánto tiempo se utilizarán los dispositivos, qué aplicaciones estarán permitidas y en qué lugares de la casa podrán usarse.
  • Establecer límites de tiempo y espacio. Una pantalla no debería quitar horas al estudio, al sueño o al deporte. El especialista aconseja “no superar las dos horas diarias de tecnología recreativa” y favorecer el uso en zonas comunes del hogar.

Videojuegos, privacidad y pensamiento crítico

El abordaje de la tecnología no tiene que centrarse únicamente en las restricciones. También puede incluir acompañamiento, conversación y aprendizaje.

Acompañar el uso del celular con diálogo y límites claros ayuda a construir hábitos digitales más saludables en adolescentes.
Acompañar el uso del celular con diálogo y límites claros ayuda a construir hábitos digitales más saludables en adolescentes. / Shutterstock
  • Hablar de los videojuegos en positivo. Algunos títulos tienen “un potencial educativo enorme si se utilizan bien”. Baena aconseja hablar sobre ellos, jugar en familia y consultar la clasificación PEGI antes de adquirirlos.
  • Educar sobre privacidad y riesgos digitales. Los menores necesitan conocer los peligros relacionados con el ciberacoso, el sexting, el contacto con desconocidos y la gestión de los datos personales en internet.
  • Potenciar el pensamiento crítico. Es importante enseñarles que no todo lo que aparece en redes sociales refleja la realidad. Las imágenes pueden tener filtros, editarse o responder a estrategias destinadas a influir en quien las ve.
  • Promover el respeto en internet. Detrás de cada perfil hay una persona, incluso cuando la cuenta es anónima. “Es importante no difundir rumores, no participar en linchamientos digitales y respetar la imagen de los demás en todo momento”, subraya Baena.
  • Formarse en salud digital. Para el experto, comprender cómo funciona el entorno tecnológico y sus efectos ya no es opcional. “Formarse en salud digital es una necesidad ciudadana”, sostiene.

La prohibición no siempre funciona

Uno de los puntos centrales del decálogo es evitar que el control de las pantallas dependa únicamente de castigos o prohibiciones.

“El miedo a la represalia hace que los jóvenes oculten sus problemas digitales”, advierte Baena.

Por eso, recomienda mantener un diálogo constante sobre lo que sucede en internet, fomentar la escucha activa y evitar juzgar automáticamente las experiencias digitales de los hijos.

El objetivo es que los menores sepan que pueden pedir ayuda si enfrentan situaciones de acoso, contactos sospechosos, contenidos dañinos u otros problemas en línea.

El ejemplo empieza en casa

Las reglas familiares funcionan mejor cuando también involucran a los adultos.

Si padres y madres revisan constantemente el celular durante las comidas, las conversaciones o los momentos compartidos, será más difícil pedir a los jóvenes que hagan lo contrario.

Un uso consciente de la tecnología implica decidir cuándo es necesaria y cuándo conviene dejarla a un lado.

Más que eliminar las pantallas, la propuesta consiste en impedir que desplacen el sueño, la actividad física, el aprendizaje, la conversación y las relaciones presenciales.

Construir hábitos digitales saludables requiere límites, pero también acompañamiento. El ejemplo de los adultos, la comunicación y unas reglas claras pueden ayudar a que niños y adolescentes utilicen la tecnología sin que esta termine ocupando todos los espacios de su vida.