La poderosa razón para leerle a tu bebé todos los días
La lectura compartida fortalece el lenguaje, la memoria, la atención y el vínculo afectivo desde el embarazo y durante los primeros años de vida.
Leerle cuentos a tu bebé todos los días favorece su desarrollo cerebral, incluso desde el embarazo. El neuropediatra José Luis Peña Segura explicó a EFE Salud que el lenguaje de los relatos, aunque esté adaptado a la infancia, suele ser más rico y complejo que el utilizado en las conversaciones cotidianas.
Peña Segura, vocal de la Junta Directiva de la Sociedad Española de Neurología Pediátrica, asegura que las ventajas de la lectura compartida están demostradas desde antes del nacimiento y continúan durante los primeros años.
Esta práctica también se utiliza con bebés prematuros durante su ingreso hospitalario, ya que escuchar la voz de sus familiares puede transmitirles cercanía, seguridad y calma.
“El lenguaje que se utiliza en la lectura de los cuentos, aunque esté adaptado al niño, va a ser siempre más complejo y más rico que el que utilizamos generalmente cuando hablamos con él”, afirma el especialista.
Por qué leer cuentos beneficia al cerebro del bebé
La lectura compartida no solo expone al bebé a nuevas palabras y sonidos. También crea un momento de conexión emocional con las personas que lo cuidan.
Entre sus principales beneficios se encuentran:
- Favorece el vínculo afectivo entre los padres y el niño.
- Genera una sensación de seguridad.
- Familiariza al bebé con la voz, el ritmo y los sonidos del lenguaje.
- Promueve la atención conjunta y el desarrollo lingüístico.
- Fortalece la atención y la memoria.
- Impulsa la imaginación.
- Crea un hábito para la lectura futura.
La repetición de historias, palabras y tonos ayuda al bebé a reconocer patrones. Aunque todavía no entienda el significado de cada frase, empieza a familiarizarse con la musicalidad del idioma y aprende a mantener la atención.
Las canciones también ayudan a regular las emociones
Las canciones de cuna y las melodías interpretadas por madres, padres o cuidadores han sido durante generaciones una forma de tranquilizar a los bebés y acompañar sus rutinas de sueño.
La música compartida está directamente relacionada con la regulación emocional, especialmente cuando forma parte de una interacción cercana y afectiva.

“El mayor beneficio de la música es cuando es una interacción afectiva, cuando los padres cantan, miran al niño a la vez, le balancean, dan palmas, responden a los sonidos”, detalla Peña.
Estas acciones ayudan a que el pequeño se acostumbre a escuchar y desarrolle más atención y memoria, sobre todo cuando las canciones son repetitivas y comienza a reconocerlas.
Cantar cara a cara o escuchar música juntos también favorece el vínculo social, el movimiento y la coordinación mediante el ritmo.
Cómo compartir música de manera segura
Los expertos desaconsejan colocar auriculares al bebé o situar altavoces demasiado cerca, porque pueden causarle incomodidad.
El volumen debe permitir que los adultos puedan hablar e interactuar con el pequeño mientras suena la música. También es importante observar sus reacciones y comprobar que no se sobresalte, se irrite o muestre molestias.
“La música debe permitir que se pueda hablar sobre ella y que se pueda interactuar con el bebé, siempre vigilando que no se sobresalte, que no le moleste”, agrega el especialista.
Más que dejar una melodía como sonido de fondo, el mayor beneficio aparece cuando hay contacto visual, balanceo, sonrisas, gestos y respuestas a los sonidos del niño.
El cerebro se desarrolla desde el embarazo
El desarrollo cerebral comienza durante las primeras semanas de gestación, cuando ocurren procesos esenciales para la formación del sistema nervioso.
El neuropediatra destaca los siguientes acontecimientos:
- Desarrollo del tubo neural.
- Proliferación de las neuronas.
- División del cerebro entre encéfalo y mesencéfalo.
- Migración neuronal para formar las capas cerebrales.
- Sinaptogénesis, que conecta unas neuronas con otras.
- Mielinización, vinculada con el neurodesarrollo.
La sinaptogénesis es especialmente importante durante los primeros dos o tres años de vida y condiciona el aumento del volumen cerebral.
La mielinización también es mayor durante los dos primeros años y continúa hasta el final de la adolescencia.
“Todo esto está condicionado genéticamente y eso no lo podemos modificar a día de hoy, pero está claro que todas las influencias de experiencias tempranas que ocurren ya durante la gestación y en los primeros años de vida van a condicionar este desarrollo cerebral”, subraya Peña.
Cuidados que favorecen el desarrollo infantil
El especialista aclara que no existen métodos ni entrenamientos especiales capaces de influir directamente en el cerebro de un bebé.
Lo fundamental es ofrecer cuidados cariñosos, sensibles y constantes.
Entre las recomendaciones para madres, padres y cuidadores están:
- Procurar una buena salud y nutrición.
- Favorecer un sueño adecuado.
- Brindar atención receptiva.
- Ofrecer protección y seguridad.
- Crear oportunidades de aprendizaje temprano.
- Estar atentos a las señales del bebé.
- Mirarlo y consolarlo cuando llora.
- Cantar, hablar y leer todos los días.
- Evitar la sobreestimulación.
Todas las experiencias positivas durante la primera infancia pueden tener efectos favorables sobre el desarrollo cerebral.
También conviene promover actividades que impulsen la adquisición del lenguaje, la capacidad para resolver problemas y las relaciones saludables con otros niños y adultos.
Por qué las pantallas pueden perjudicar a los bebés
En bebés y niños pequeños, el principal problema de las pantallas es que desplazan experiencias necesarias para su edad, como jugar, moverse, hablar y relacionarse con sus cuidadores.
“El exceso de pantallas se ha asociado con un montón de problemas”, advierte Peña.
Entre las posibles consecuencias menciona:
- Menor progreso del lenguaje.
- Menos interacción con los cuidadores.
- Problemas para conciliar el sueño.
- Menor actividad física.
- Reducción del juego creativo.
- Mayor riesgo de obesidad.
- Dificultad para tolerar el aburrimiento.
- Problemas para regular las emociones.
Según las recomendaciones citadas de la Asociación Española de Pediatría, los niños no deberían usar pantallas hasta los seis años.
Entre los seis y los doce, el tiempo máximo sería de una hora diaria, incluido el uso escolar. Desde los trece años, el límite señalado es de dos horas al día, también contando las actividades educativas.
El tiempo de calidad es la mejor estimulación
Para Peña, lo más importante en el desarrollo del cerebro infantil no es recurrir a técnicas complicadas, sino compartir tiempo de calidad con el bebé.
Hablarle, leerle, cantarle, jugar con él y responder a sus señales son acciones sencillas que favorecen el aprendizaje y fortalecen la conexión afectiva.
“Para criar y educar mejor a nuestros niños necesitamos tiempo, tiempo de calidad”, recuerda.
“La crianza es muy sencilla. Es ofrecer cariño, compartir tiempos, hablar al niño, leer al niño, cantar con el niño, jugar con el niño. Es la mejor forma de entrenar el desarrollo cerebral”, concluye el neuropediatra.
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