Expertos priorizan terapia psicológica frente a pastillas para el insomnio
Más del 40 % de la población duerme mal y especialistas recomiendan terapia cognitivo-conductual como primera opción por su eficacia sostenida frente a los fármacos.
Por
EFE
Publicado el 28 de abril de 2026
Los expertos en sueño recomiendan priorizar la terapia cognitivo-conductual frente a los fármacos para tratar el insomnio, un problema que afecta a más del 40 % de la población y al 14 % de forma crónica. Este enfoque no farmacológico logra mejoras significativas en entre 4 y 8 sesiones, con una eficacia de hasta el 85 %. A diferencia de los hipnóticos, que solo sedan y pueden cronificar el problema, la terapia actúa sobre sus causas. Aunque requiere compromiso del paciente, sus beneficios son duraderos. Especialistas impulsan su aplicación en Atención Primaria para reducir el uso de medicamentos.
Según EFE, el insomnio se ha consolidado como un problema de salud pública con alto impacto global, mientras expertos en sueño recomiendan priorizar la terapia cognitivo-conductual frente a las pastillas por su eficacia y seguridad.
En España, más del 40 % de la población duerme mal y un 14 % padece insomnio crónico. Este escenario ha colocado al país como líder mundial en el consumo de hipnosedantes, pese a que la terapia cognitivo-conductual para el insomnio (TCC-IC) puede resolver el problema con una eficacia de entre el 80 % y el 85 % en apenas 4 a 8 sesiones. Frente a esta realidad, la Alianza por el Sueño ha impulsado una guía práctica para promover este tratamiento en consultas médicas, especialmente en Atención Primaria.
Qué se considera insomnio
El insomnio no se limita a dormir poco. Se trata de una condición clínica caracterizada por una percepción subjetiva de sueño alterado, ya sea por su calidad o duración, incluso cuando existen condiciones adecuadas para descansar.
Para que se considere insomnio, los problemas para dormir deben presentarse al menos tres veces por semana durante tres meses consecutivos. Sin embargo, la percepción individual sigue siendo clave. “El mejor indicador de que uno no duerme bien es uno mismo: si al despertarme me encuentro cansado es que algo ocurre, salvo que seas un dormidor corto, que son muy excepcionales”, explicó Silvia Gismera, psicóloga y doctora en Psicología de la Salud.

Las cifras reflejan la magnitud del problema en distintas etapas de la vida. En la población infantil, la prevalencia alcanza el 30 % entre los 6 meses y los 5 años. En adolescentes, el 9,9 % sufre insomnio, mientras un 38,5 % reporta mala calidad del sueño.
Consumo elevado de hipnóticos
El uso de medicamentos para dormir se ha disparado. España registra 110 dosis de benzodiacepinas por cada 1,000 habitantes, según datos de la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes (JIFE). Este nivel de consumo contrasta con las recomendaciones de las guías internacionales, que sitúan la TCC-IC como tratamiento de primera línea.
Esta terapia, desarrollada desde los años 50, ofrece beneficios sostenidos en el tiempo, un perfil de seguridad más favorable y la capacidad de restaurar los mecanismos naturales del sueño. A diferencia de los fármacos, no se centra en sedar, sino en modificar las causas que perpetúan el problema.
Terapia frente a fármacos
La TCC-IC es un enfoque no farmacológico que combina estrategias conductuales, cognitivas y psicoeducativas. Su objetivo es cambiar hábitos, pensamientos y respuestas asociadas al insomnio.
“Es un tratamiento no farmacológico y muy efectivo”, afirmó Gismera, quien subrayó que, aunque no es “milagroso”, permite lograr “cambios muy importantes” en pocas sesiones.
En casos más severos, la terapia puede combinarse con medicación, aunque los especialistas recomiendan el uso de antagonistas de los receptores de orexina, que presentan menos riesgos de adicción y sedación.
Uno de los puntos clave es que la terapia actúa sobre el origen del problema. “No trata los síntomas como el fármaco, que lo que hace es sedar, sino que actúa sobre los mecanismos que perpetúan el insomnio”, detallan los expertos.
Cambios que requieren compromiso
A diferencia de las pastillas, cuyos efectos son inmediatos pero limitados, la TCC-IC requiere participación activa del paciente. Este enfoque implica modificar rutinas, pensamientos y conductas relacionadas con el sueño, lo que puede resultar desafiante al inicio.
De hecho, uno de los efectos observados en las primeras sesiones es un empeoramiento temporal. Esta fase genera una “sensación de malestar” que, aunque está prevista y suele desaparecer, lleva a algunos pacientes a abandonar el tratamiento antes de ver resultados.
Sin embargo, sus beneficios son duraderos. Al centrarse en el reaprendizaje del sueño, la persona adquiere herramientas que se mantienen en el tiempo, evitando recaídas frecuentes.
En contraste, los hipnóticos no solucionan el problema de fondo. “El fármaco no te enseña cómo dormir y la persona debe tener un reaprendizaje para volver a hacerlo”, señaló Francisco Santolaya, presidente del Consejo General de la Psicología.
El reto en atención primaria
Uno de los principales desafíos es trasladar este enfoque terapéutico al sistema sanitario. La guía impulsada por la Alianza por el Sueño propone integrar la TCC-IC en Atención Primaria y ampliar su acceso mediante distintos formatos:
- Terapia individual o grupal
- Modalidad presencial u online
- Intervenciones digitales con apoyo profesional
Pese a estos avances, su implementación aún es limitada. “Se está utilizando en unidades muy pequeñas”, indicó Adolfo Alcoba, coordinador de la guía y psicólogo clínico.
El especialista destacó la necesidad de fortalecer la formación de los profesionales sanitarios, especialmente en el primer nivel de atención. “Por inercia el tratamiento que dan es la medicación”, advirtió.
Un problema global con solución
El insomnio se ha convertido en un fenómeno extendido que atraviesa edades y contextos. Su abordaje exige estrategias basadas en evidencia que prioricen soluciones sostenibles.
La terapia cognitivo-conductual se posiciona como una herramienta clave para revertir esta tendencia. No solo ofrece resultados efectivos, sino que también promueve una relación más saludable con el descanso.
El desafío ahora está en ampliar su acceso y en cambiar la percepción sobre el tratamiento del insomnio. Pasar de una solución rápida basada en fármacos a un enfoque integral que apunte a las causas representa un giro necesario en la forma de entender el sueño.
Mientras tanto, los especialistas insisten en un mensaje claro: dormir bien no depende únicamente de una pastilla, sino de un proceso que requiere comprensión, acompañamiento profesional y cambios sostenidos en el tiempo.
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