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Respirar por la boca durante el sueño, un hábito frecuente cuando hay congestión nasal, puede afectar el descanso y tener consecuencias en la salud bucal y general, según advierten especialistas.

¿Dormís con la boca abierta? Esto es lo que le pasa a tu cuerpo

Respirar por la boca es más que una molestia ocasional. Puede afectar el descanso, la salud bucal y la calidad de vida si se vuelve un hábito.

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Por EFE
Publicado el 10 de febrero de 2026

 

TU RESUMEN

Respirar por la boca de forma habitual puede afectar más que la respiración. Según EFE y especialistas de Sanitas Dental, este patrón, común durante la congestión nasal, se asocia con ronquidos, apnea del sueño y un descanso poco reparador. Además, al no filtrar ni humidificar el aire, aumenta el riesgo de infecciones y alergias. La respiración bucal también provoca sequedad en la boca, favorece la aparición de caries, gingivitis y mal aliento, y puede generar problemas mandibulares. Los expertos recomiendan reforzar la higiene bucal, hidratarse y consultar a un profesional si el hábito persiste.

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Respirar por la boca de forma habitual puede tener consecuencias que muchas personas pasan por alto. Según publica EFE, este patrón respiratorio, frecuente durante periodos de congestión nasal, no solo altera el descanso nocturno, sino que también incrementa el riesgo de caries, infecciones y otros problemas de salud general y bucal.

Con los cambios de estación, la congestión nasal se vuelve más común y lleva a que muchas personas respiren por la boca sin notarlo. Aunque en principio pueda parecer una solución momentánea para poder dormir o respirar mejor, los especialistas advierten que mantener este hábito en el tiempo puede generar efectos adversos que impactan el bienestar diario.

Desde Sanitas Dental explican que respirar por la boca se relaciona directamente con los ronquidos y con la apnea del sueño, dos alteraciones que interfieren con un descanso profundo y reparador. Cuando el sueño no cumple su función, el cuerpo lo resiente a través del cansancio persistente, la falta de concentración y una menor calidad de vida.

Además, al evitar la respiración nasal, el aire no se filtra, humidifica ni se calienta de manera adecuada. Esto aumenta la probabilidad de sufrir infecciones respiratorias y alergias, ya que las vías aéreas quedan más expuestas a agentes externos.

Cuando un hábito temporal se vuelve un problema

La respiración bucal no siempre comienza como un problema crónico. En muchos casos aparece de forma temporal, asociada a un resfriado o a una obstrucción nasal puntual. Sin embargo, los expertos insisten en que el riesgo surge cuando este patrón se mantiene en el tiempo.

La respiración por la boca reduce la saliva y aumenta el riesgo de caries, gingivitis y mal aliento, por lo que una buena higiene dental es clave para prevenir complicaciones.
La respiración por la boca reduce la saliva y aumenta el riesgo de caries, gingivitis y mal aliento, por lo que una buena higiene dental es clave para prevenir complicaciones. / Shutterstock

“Lo que comienza como una molestia pasajera puede derivar en alteraciones estructurales, menor calidad de vida o complicaciones médicas”, afirma Gabriela Aldana, del equipo de Calidad Clínica e Innovación de Sanitas Dental.

La especialista subraya que “en algunos casos, este patrón aparece de manera temporal —por ejemplo, ante un resfriado—, pero cuando se mantiene en el tiempo puede provocar diversos efectos adversos”. Esta persistencia es la que suele pasar desapercibida y normalizarse, especialmente cuando no genera dolor inmediato.

El problema es que respirar por la boca durante la noche o de forma constante modifica funciones básicas del organismo. El cuerpo, que está diseñado para respirar por la nariz, pierde mecanismos de protección esenciales, lo que abre la puerta a distintos trastornos.

El impacto directo en la salud oral

Uno de los efectos más claros de la respiración bucal se manifiesta en la boca. Mantenerla abierta durante largos periodos provoca sequedad bucal, ya que se reduce la producción de saliva. Esta sustancia cumple un rol clave en la protección de dientes y encías frente a bacterias.

La disminución de saliva altera el pH de la boca y reduce su capacidad natural para defenderse. Como consecuencia, aumenta el riesgo de caries, gingivitis y halitosis, problemas que no solo afectan la salud oral, sino también la autoestima y las relaciones sociales.

La respiración bucal sostenida también puede influir en la posición de la lengua y de la mandíbula. Durante la infancia, este patrón puede alterar el desarrollo facial y dental, favoreciendo mordidas abiertas o apiñamientos que luego requieren tratamientos más complejos.

En adultos, mantener la boca abierta de forma constante genera tensión mandibular y cambios en la postura de la mandíbula. Esto puede derivar en desgaste dental y molestias articulares, que se traducen en dolores al masticar o hablar.

Señales que conviene no ignorar

Identificar la respiración bucal no siempre es sencillo, ya que muchas personas no son conscientes de cómo respiran mientras duermen. Sin embargo, existen señales frecuentes que pueden servir de alerta.

Despertarse con la boca seca, experimentar mal aliento recurrente o roncar de manera habitual son algunos de los indicios más comunes. A esto se suma la sensación de no haber descansado bien, incluso después de dormir varias horas.

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Cuando estos síntomas se repiten, los especialistas recomiendan no minimizarlos. La respiración bucal sostenida no solo afecta la boca, sino que también compromete la calidad del sueño y el equilibrio general del organismo.

Recomendaciones para proteger la boca y las vías respiratorias

Para prevenir los efectos de la respiración bucal durante periodos de congestión nasal, los expertos de Sanitas Dental sugieren una serie de medidas prácticas que ayudan a reducir sus consecuencias:

  • Reforzar la higiene bucal, cepillando los dientes después de cada comida y utilizando hilo dental y enjuagues antibacterianos.
  • Beber agua con frecuencia y evitar bebidas azucaradas o alcohólicas, que favorecen la sequedad bucal.
  • Utilizar sueros fisiológicos y realizar lavados nasales para despejar las vías respiratorias.
  • Evitar el humo, el polvo y los ambientes secos, ya que irritan la mucosa y dificultan la respiración nasal.

Estas acciones, aunque simples, pueden marcar una diferencia importante en la protección de la boca y en la prevención de complicaciones a largo plazo.

“Si los síntomas persisten, se aconseja consultar con un profesional odontológico o médico”, señala Aldana. La especialista destaca que detectar el problema a tiempo, especialmente en la infancia, permite aplicar tratamientos “menos invasivos y más eficaces”, que favorecen el correcto desarrollo facial y dental.

Respirar es un acto automático, pero no por eso debe darse por sentado. Prestar atención a cómo se respira, especialmente durante el descanso, puede ser un primer paso para mejorar la salud bucal, dormir mejor y cuidar el bienestar general.

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