- Posibles
soluciones a crisis
- Otras formas de
colaborar con el país
- Pedro
Roque*
¿Y
usted qué ha hecho, qué hace y
qué hará en el futuro por el
país y por la gente afectada por el
terremoto, que sufrieron golpes o perdieron sus
muebles, su vivienda, o incluso, sus seres
queridos? Hay muchas maneras de ayudar, tanto si
usted es de aquí o de otro país y
vive aquí, o es salvadoreño pero
vive en otro país.
Entre las formas más comunes de ayudar
están, servir como voluntario en alguna
actividad relacionada directa o indirecta con la
gente necesitada, colaborar con comida o bebidas
para calmar el hambre y la sed, obsequiar
prendas de vestir o materiales para protegerse
del sol, el frío y el viento, como son
folios de plástico, lonas y tiendas de
campaña. Una posibilidad de ayuda
rápida y de igual compromiso, es la
donación de dinero a través de las
cuentas bancarias abiertas aquí y en
otros países. Instituciones y empresas
salvadoreñas y de otros países han
aportado ayudas de utilidad colectiva, como
centrales eléctricas, paneles solares
para potabilizar agua, hospitales de
campaña o máquinas para reparar
las calles y movilizar escombros. También
se ayuda aportando materiales y herramientas
para la construcción de viviendas, y no
quiero dejar de mencionar, la ayuda
psicológica y espiritual de los
sicólogos, sacerdotes y pastores, para
conseguir que la mente y el espíritu se
tranquilicen y reconceptualicemos la nueva
situación personal, familiar y
económica como nuevo punto de partida
para la reconstrucción.
Repasadas estas formas de ayuda, que son las
que normalmente se presentan a primera vista,
creo que debiéramos pensar en otros tipos
de colaboración para la
reconstrucción o mejor, para la
construcción de las bases de un nuevo
país, tanto en lo conceptual, como lo
estructural, lo humano, y lo solidario.
Creo que la colaboración que El
Salvador necesita actualmente de todos nosotros,
va mucho más allá de entregar una
bolsa de ropa o de comida en un centro de
acopio. Es necesaria una colaboración
pensada, organizada y realizada al menos a un
año vista, para que a través de su
realización en el tiempo, entendamos
mejor el sentido de la solidaridad y lo que
significa trabajar todos un poco para el
país.
Y así, me imagino como posible, que
todos los salvadoreños que tenemos un
trabajo y devengamos un salario,
aportáramos durante un año un
día de salario al mes a un fondo para la
reconstrucción, manejado
transparentemente por las instituciones
existentes o las que se creen para este
cometido. Podríamos añadir, que
también los hermanos lejanos
contribuyeran durante un año, con un
cuatro por ciento de lo que envían a sus
familiares desde otros países.
Imagínense, que las empresas
también aportaran a este fondo un dos por
ciento de sus utilidades reales y,
además, que nos pusiéramos a
rentabilizar todos los procesos de
fabricación y de servicios para reducir
los desperdicios en un veinte por ciento.
Continuando con las cosas posibles,
imaginemos una revisión de todos los
presupuestos gubernamentales y privados en busca
de una reducción de otro cinco por ciento
a favor del mismo fondo. Por otro lado, que nos
propongamos todos proteger preventivamente la
salud, que no es nada malo, para reducir un
quince por ciento el ausentismo laboral y al
mismo tiempo, nos comprometamos voluntariamente
a trabajar poniendo más atención,
para reducir los errores e incrementar la
productividad también en quince por
ciento y, además, a mejorar la calidad de
nuestro trabajo y la atención a los
clientes.
Imagínese que los señores
motoristas y transportistas se comprometen a
ajustar los motores de los buses y se educan a
manejar correctamente sin acelerar y frenar
bruscamente, para ahorrar el diesel
subvencionado que pagamos entre todos y lo
utilizamos para las máquinas que
removerán escombros y construirán
nuevas carreteras, y también, que las
iglesias aporten un dos por ciento de los
diezmos y las donaciones que reciben. No
sé cuánto dinero suma todo esto,
pero seguro que es suficiente para iniciar la
reconstrucción sostenida del
país...
Yo creo que es posible y me imagino que, si
funciona, al ver los resultados podríamos
continuar con este ejercicio uno o dos
años más, para después de
haber construido, crear un fondo de
previsión exclusivo para la
próxima catástrofe, que ya sabemos
que vendrá por la propia naturaleza del
país, y no tener que depender más
de las ayudas internacionales.
Si somos capaces de poner en práctica
un proceso de este tipo, aceleraremos la
actividad económica, crearemos muchos
puestos de trabajo y les aseguro que a todos nos
irá un poco mejor.
Hablando con gente optimista sobre estas
posibilidades les parecieron muy razonables,
pues sería una excelente forma de
solidarizarnos todos con todos, ya que si esta
vez no nos ha tocado, nadie nos garantiza que el
epicentro del próximo terremoto no
estará debajo de donde vivimos. Incluso
comentamos que no sería nada nuevo, pues
ejercicios parecidos se realizaron en Alemania y
en Japón después de la Segunda
Guerra Mundial...
Pero fíjense que también
hablé de esto con mi amigo "el pesimista"
y sin pensarlo dos veces me contestó:
"Con que no quisieron los diputados aportar tres
días de salario una sola vez, menos
querrán otros salvadoreños ceder
un día de salario al mes durante un
año..." La verdad es que me dejó
perplejo y tuve que pensar unos segundos
qué contestarle, pero después de
tranquilizarlo, porque se asustó con la
propuesta, concluimos que los señores
diputados, tanto para estas, como para algunas
otras cosas, no son un buen ejemplo para los
ciudadanos.
Pero volviendo al tema de las ayudas
solidarias que podemos aportar desde adentro y
desde afuera de El Salvador durante un
año, las que he mencionado son posibles,
si nos lo proponemos. Faltaría la
promoción organizada y dirigida desde
alguna institución gubernamental o no
gubernamental, pues aunque siento que al
principio seríamos pocos, seguramente
viendo los buenos resultados, muchos
salvadoreños también se
unirán, pues los porcentajes a los que me
he referido son posibles sin mayores
esfuerzos.
¿Usted sería de los primeros?