Viernes 16 de febrero 2001


La Nota del Día
 

Nada de adobes para escuelas

Si cada vivienda en El Salvador tuviera que ser levantada cumpliendo regulaciones muy estrictas, su costo sería exorbitante y difícilmente podrían ser vendidas

El Ministerio de Educación suspendió las clases en todo el país mientras los edificios escolares no reciban el visto bueno oficial, lo que puede tardar mucho tiempo. Por su parte, directores de varios centros nos dicen que sus instalaciones no tienen problemas por ser de materiales livianos, recientemente construidas y sin daño, pese a haber soportado dos terremotos.

El Ministerio tendría que considerar una alternativa a las inspecciones oficiales: que ingenieros calificados, pero en su carácter privado, certifiquen el buen estado de un edificio y su uso, en espera del turno para recibir la bendición oficial. A fin de cuentas, los inspectores son también ingenieros y no avalarán lo que otro por malicia haya dado por bueno aunque fuera defectuoso.

Lo notable en este horror de derrumbes, es que edificaciones de "mixto" y con excepción de las estatales, han resistido bastante bien, o requieren de reparaciones no tan complejas. Hasta columnas rotas pueden ser arregladas, rodeándolas de un encofrado armado y colado, el equivalente de enyesar un brazo.

Es imposible protegerse de los peores terremotos, o asegurar que un edificio aguantará un sismo grande. La intensidad de un temblor varía de acuerdo con las condiciones propias de cada sitio, y puede ser más fuerte a media cuadra, que en la esquina cercana. De allí que un número de casas se agrieten, a otras no les suceda nada y más de una colapse.

Igual sucede con los terrenos. Alguien ya tuvo la ocurrencia de pedir en la televisión, que no se construya en laderas. Semejante norma reduciría enormemente los espacios habitables, además de ser una regulación innecesaria. "Hay laderas de laderas" y no es un asunto muy complicado determinar cuáles son de alto riesgo, y cuáles no lo son. Nadie puede anticipar lo que la madre naturaleza disponga, ni siquiera los eminentes geólogos asesores de una república popular, que hablan de montañas debilitadas.

Se debe considerar asimismo el costo que representaría hacer todo edificio a prueba de terremotos. Tratándose de huracanes, las autoridades fijan un determinado nivel de seguridad, dejando en manos de algún santo la protección ante las super tormentas. Si cada vivienda en El Salvador tuviera que ser levantada cumpliendo regulaciones muy estrictas, su costo sería exorbitante y difícilmente podrían ser vendidas. La alternativa es usar materiales muy livianos, pero eso no defiende contra otros peligros, como el de las balas perdidas.

O es el terremoto, o son los "mareros"

La Ministra de Educación se pronunció respecto a las futuras edificaciones escolares: no quiere ni bahareque ni adobe. Queda sin embargo el problema de escuelas que ocupan casas alquiladas, por carecer de recursos para contar con locales propios. Sustituir un número sustancial de centros tomará mucho tiempo y enormes cantidades de dinero; la magnitud de la tarea se muestra con el hecho de que todavía no se han podido reemplazar las escuelas destruidas por la guerrilla en los '80.

Hay que experimentar con otras soluciones para reponer escuelas destruidas, como el uso de viejos contenedores, o los prefabricados de metal que emplea el ejército estadounidense en sus bases de ultramar. Por desgracia, a la destrucción de los sismos se suma el robo y la depredación de ladrones y "mareros", que acarrean con ventanas, cielos, láminas, puertas, servicios y aquello que puedan arrancar de su sitio. Se roban todo bajo la protección de las "leyes para suizos".


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