La
Nota del Día
Nada de adobes para
escuelas
Si cada vivienda en El Salvador tuviera
que ser levantada cumpliendo regulaciones muy
estrictas, su costo sería exorbitante y
difícilmente podrían ser
vendidas
El Ministerio de Educación
suspendió las clases en todo el
país mientras los edificios escolares no
reciban el visto bueno oficial, lo que puede
tardar mucho tiempo. Por su parte, directores de
varios centros nos dicen que sus instalaciones
no tienen problemas por ser de materiales
livianos, recientemente construidas y sin
daño, pese a haber soportado dos
terremotos.
El Ministerio tendría que considerar
una alternativa a las inspecciones oficiales:
que ingenieros calificados, pero en su
carácter privado, certifiquen el buen
estado de un edificio y su uso, en espera del
turno para recibir la bendición oficial.
A fin de cuentas, los inspectores son
también ingenieros y no avalarán
lo que otro por malicia haya dado por bueno
aunque fuera defectuoso.
Lo notable en este horror de derrumbes, es
que edificaciones de "mixto" y con
excepción de las estatales, han resistido
bastante bien, o requieren de reparaciones no
tan complejas. Hasta columnas rotas pueden ser
arregladas, rodeándolas de un encofrado
armado y colado, el equivalente de enyesar un
brazo.
Es imposible protegerse de los peores
terremotos, o asegurar que un edificio
aguantará un sismo grande. La intensidad
de un temblor varía de acuerdo con las
condiciones propias de cada sitio, y puede ser
más fuerte a media cuadra, que en la
esquina cercana. De allí que un
número de casas se agrieten, a otras no
les suceda nada y más de una colapse.
Igual sucede con los terrenos. Alguien ya
tuvo la ocurrencia de pedir en la
televisión, que no se construya en
laderas. Semejante norma reduciría
enormemente los espacios habitables,
además de ser una regulación
innecesaria. "Hay laderas de laderas" y no es un
asunto muy complicado determinar cuáles
son de alto riesgo, y cuáles no lo son.
Nadie puede anticipar lo que la madre naturaleza
disponga, ni siquiera los eminentes
geólogos asesores de una república
popular, que hablan de montañas
debilitadas.
Se debe considerar asimismo el costo que
representaría hacer todo edificio a
prueba de terremotos. Tratándose de
huracanes, las autoridades fijan un determinado
nivel de seguridad, dejando en manos de
algún santo la protección ante las
super tormentas. Si cada vivienda en El Salvador
tuviera que ser levantada cumpliendo
regulaciones muy estrictas, su costo
sería exorbitante y difícilmente
podrían ser vendidas. La alternativa es
usar materiales muy livianos, pero eso no
defiende contra otros peligros, como el de las
balas perdidas.
O es el terremoto, o son los
"mareros"
La Ministra de Educación se
pronunció respecto a las futuras
edificaciones escolares: no quiere ni bahareque
ni adobe. Queda sin embargo el problema de
escuelas que ocupan casas alquiladas, por
carecer de recursos para contar con locales
propios. Sustituir un número sustancial
de centros tomará mucho tiempo y enormes
cantidades de dinero; la magnitud de la tarea se
muestra con el hecho de que todavía no se
han podido reemplazar las escuelas destruidas
por la guerrilla en los '80.
Hay que experimentar con otras soluciones
para reponer escuelas destruidas, como el uso de
viejos contenedores, o los prefabricados de
metal que emplea el ejército
estadounidense en sus bases de ultramar. Por
desgracia, a la destrucción de los sismos
se suma el robo y la depredación de
ladrones y "mareros", que acarrean con ventanas,
cielos, láminas, puertas, servicios y
aquello que puedan arrancar de su sitio. Se
roban todo bajo la protección de las
"leyes para suizos".