Miércoles 4 de octubre


Tema del momento
Una vez más… el dengue
Beatrice Alamanni de Carrillo*

Dedicar tres reflexiones a un tema parecería excesivo, si el mismo no fuera tan apremiante y dramático. Pero el dengue constituye la "angustia nacional" más urgente y dolorosa en estos momentos y, por tanto, cabe retornar una vez más sobre la tragedia.

Expertos han afirmado, que el dengue ha venido a El Salvador "para quedarse", porque en América Latina está presente en forma generalizada. Por lo tanto, habrá que aprender, no sólo a morir de dengue, sino más bien a sobrevivir a éste, no obstante su contagio y virulencia.

Si bien es necesario hacer planes preventivos, diseñando políticas de salud y de educación, que podrían dar resultados en años, pero, sin embargo en este momento, debería hacerse más hincapié en la salvación de los afectados, buscando su recuperación con más ahínco.

Se afirma que destruyendo el mosquito o evitando su proliferación, se evita también al dengue. Este postulado lógico, en realidad, constituye sólo una innegable, pero ingenua verdad teórica y retórica. En efecto, es difícil imaginar un territorio tropical, como el nuestro, húmedo, lluvioso, demasiado caluroso y demasiado poblado, exento de criaderos de zancudos, aun con las más estrictas y constantes medidas de prevención, limpieza y control "casero".

Obviamente, debe educarse a la población y en los planes de estudio, debería existir, como eje transversal, la prevención al dengue, desde la preparatoria hasta la universidad. Pero sostener que, con dicho "método" se erradicará la mortalidad por dengue en nuestro país constituye una simple utopía (¿Qué impacto tienen, en realidad, las "campañas de prevención"?).

En la Edad Media (siglos VIII-XV) se moría de resfriado. Sencillamente, todos morían de resfriado, inexorablemente, y es por esto, que todavía, modernamente, se dice: "¡Salud!" a quien estornuda, para augurar vida y no "muerte segura", como era tradición, que le tocara a quien se enfermara.

Pero, aunque a lo largo del tiempo, jamás se haya podido erradicar el resfriado, desde, por lo menos, doscientos años, ya no se muere por este flagelo.

Ojalá que con el dengue, no debamos soportar siglos de epidemias y de fallecimientos, antes de que esta enfermedad se vuelva curable.

Por cierto, es impensable sostener que no existan medicinas adecuadas para salvar a las víctimas del dengue. Tal vez las hay (y por eso no muere gente acomodada), pero, quizás, son demasiado caras para ser empleadas en los hospitales nacionales (mal llamados de "caridad"). Posiblemente ésta sea la verdad no dicha.

Pero, si, en realidad, no existiera cura para el dengue (me resisto a creerlo), ¿por qué, entonces, desde un principio, no se ha alertado en forma contundente a la población más pobre y expuesta al contagio, y no se han tomado medidas más drásticas de prevención? Creo, que en esta pregunta se ubica el meollo de la cuestión, que tanto nos preocupa a todos.

Por otro lado, quisiéramos que, además de las declaraciones oficiales del Ministerio de Salud, se oyera la voz de los médicos particulares, de los hospitales nacionales, del Colegio Médico y, sobre todo, de SIMETRISSS, orientando a la ciudadanía, expresando sus análisis, lo más rigurosos y apegados a la verdad posibles, sobre los riesgos de mortalidad y la situación de los nosocomios.

Quisiéramos, que no sólo para los grandes cambios del sistema de salud o para asuntos salariales, se pronunciaran los galenos, sino también sobre lo que más apremia y duele en este momento, es decir, la epidemia del dengue.

Ha habido demasiado silencio de parte del sector, sobre esta tragedia nacional.

Necesitamos saber y confiar en algo bueno y concreto desde la perspectiva médica, porque en cuanto a "esperanzas de erradicación del dengue", en este invierno y en la "selva de desperdicios" en que vive la mayoría de los salvadoreños (as), esto constituye sólo un sueño oficialista y demagógico, pura "ciencia-ficción".

Por cierto, se habla de eventuales cuatrocientas muertes más, antes de la finalización de las lluvias. ¡Ojalá que se pueda científicamente desmentir esta terrible predicción y darnos esperanzas de vida y salvación! ¿Tal vez los médicos cubanos podrían hacerlo?

Un último mensaje, para el Ministerio de Educación. Ojalá que se revierta la orden a las escuelas públicas, de "colaborar" en la labor de "saneamiento" y erradicación del dengue. Rogamos dejar a los niños en sus pupitres, aprendiendo lo debido (inclusive la necesidad de la higiene y de la prevención de enfermedades, por supuesto) pero, que se preserven a los escolares de este pobre país, de la pena, la fatiga, la injusta vejación y los riesgos de "andar en la calle", alertando a los vecinos y limpiando cunetas y las riberas del río Acelhuate. Que los docentes estén con sus alumnos en las aulas (poco protegidas y un tanto escuálidas, por cierto), tratando de "hacer su trabajo", que consiste en enseñar a niños y niñas, que tienen el derecho constitucional, de ser tales, es decir, los más protegidos y salvaguardados por la sociedad (por lo menos, teóricamente).

Que salgan de los cuarteles a limpiar el país hombres machos y varoniles que, parece, no mueren de dengue, tanto como los niños.

¿Cómo podemos pedir a las criaturas, las víctimas más predispuestas, estar más cerca del contagio, que los adultos?

¿O será que, tal como en la guerra, los más jóvenes y, ciertamente, los más inocentes, son enrolados para morir por los que la deciden y la fraguan, así también, en esta "guerra al dengue", se exponen a mayores riesgos, a los más tiernos e indefensos?

beatricealamanni@sv.cciglobal.net


[Nacional] [Negocios] [Deportes] [Editorial] [Escenarios] [El País] [Chat]
[
Obituario] [Escríbanos] [Ediciones anteriores] [Otros Sitios] [Hablemos] [VIDA] [Guanaquín] [Vértice]
[
RUZ'00] [Portada] [Planeta Alternativo]

Copyright 1995 - 2000. El Diario de Hoy
Derechos Reservados. Prohibida su reproducción total o
parcial sin autorización escrita de su titular.
www.elsalvador.com