- Tema del
momento
- Una vez
más
el dengue
- Beatrice
Alamanni de Carrillo*
Dedicar
tres reflexiones a un tema parecería
excesivo, si el mismo no fuera tan apremiante y
dramático. Pero el dengue constituye la
"angustia nacional" más urgente y
dolorosa en estos momentos y, por tanto, cabe
retornar una vez más sobre la
tragedia.
Expertos han afirmado, que el dengue ha
venido a El Salvador "para quedarse", porque en
América Latina está presente en
forma generalizada. Por lo tanto, habrá
que aprender, no sólo a morir de dengue,
sino más bien a sobrevivir a éste,
no obstante su contagio y virulencia.
Si bien es necesario hacer planes
preventivos, diseñando políticas
de salud y de educación, que
podrían dar resultados en años,
pero, sin embargo en este momento,
debería hacerse más
hincapié en la salvación de los
afectados, buscando su recuperación con
más ahínco.
Se afirma que destruyendo el mosquito o
evitando su proliferación, se evita
también al dengue. Este postulado
lógico, en realidad, constituye
sólo una innegable, pero ingenua verdad
teórica y retórica. En efecto, es
difícil imaginar un territorio tropical,
como el nuestro, húmedo, lluvioso,
demasiado caluroso y demasiado poblado, exento
de criaderos de zancudos, aun con las más
estrictas y constantes medidas de
prevención, limpieza y control
"casero".
Obviamente, debe educarse a la
población y en los planes de estudio,
debería existir, como eje transversal, la
prevención al dengue, desde la
preparatoria hasta la universidad. Pero sostener
que, con dicho "método" se
erradicará la mortalidad por dengue en
nuestro país constituye una simple
utopía (¿Qué impacto tienen,
en realidad, las "campañas de
prevención"?).
En la Edad Media (siglos VIII-XV) se
moría de resfriado. Sencillamente, todos
morían de resfriado, inexorablemente, y
es por esto, que todavía, modernamente,
se dice: "¡Salud!" a quien estornuda, para
augurar vida y no "muerte segura", como era
tradición, que le tocara a quien se
enfermara.
Pero, aunque a lo largo del tiempo,
jamás se haya podido erradicar el
resfriado, desde, por lo menos, doscientos
años, ya no se muere por este
flagelo.
Ojalá que con el dengue, no debamos
soportar siglos de epidemias y de
fallecimientos, antes de que esta enfermedad se
vuelva curable.
Por cierto, es impensable sostener que no
existan medicinas adecuadas para salvar a las
víctimas del dengue. Tal vez las hay (y
por eso no muere gente acomodada), pero,
quizás, son demasiado caras para ser
empleadas en los hospitales nacionales (mal
llamados de "caridad"). Posiblemente ésta
sea la verdad no dicha.
Pero, si, en realidad, no existiera cura para
el dengue (me resisto a creerlo), ¿por
qué, entonces, desde un principio, no se
ha alertado en forma contundente a la
población más pobre y expuesta al
contagio, y no se han tomado medidas más
drásticas de prevención? Creo, que
en esta pregunta se ubica el meollo de la
cuestión, que tanto nos preocupa a
todos.
Por otro lado, quisiéramos que,
además de las declaraciones oficiales del
Ministerio de Salud, se oyera la voz de los
médicos particulares, de los hospitales
nacionales, del Colegio Médico y, sobre
todo, de SIMETRISSS, orientando a la
ciudadanía, expresando sus
análisis, lo más rigurosos y
apegados a la verdad posibles, sobre los riesgos
de mortalidad y la situación de los
nosocomios.
Quisiéramos, que no sólo para
los grandes cambios del sistema de salud o para
asuntos salariales, se pronunciaran los galenos,
sino también sobre lo que más
apremia y duele en este momento, es decir, la
epidemia del dengue.
Ha habido demasiado silencio de parte del
sector, sobre esta tragedia nacional.
Necesitamos saber y confiar en algo bueno y
concreto desde la perspectiva médica,
porque en cuanto a "esperanzas de
erradicación del dengue", en este
invierno y en la "selva de desperdicios" en que
vive la mayoría de los
salvadoreños (as), esto constituye
sólo un sueño oficialista y
demagógico, pura
"ciencia-ficción".
Por cierto, se habla de eventuales
cuatrocientas muertes más, antes de la
finalización de las lluvias.
¡Ojalá que se pueda
científicamente desmentir esta terrible
predicción y darnos esperanzas de vida y
salvación! ¿Tal vez los
médicos cubanos podrían
hacerlo?
Un último mensaje, para el Ministerio
de Educación. Ojalá que se
revierta la orden a las escuelas
públicas, de "colaborar" en la labor de
"saneamiento" y erradicación del dengue.
Rogamos dejar a los niños en sus
pupitres, aprendiendo lo debido (inclusive la
necesidad de la higiene y de la
prevención de enfermedades, por supuesto)
pero, que se preserven a los escolares de este
pobre país, de la pena, la fatiga, la
injusta vejación y los riesgos de "andar
en la calle", alertando a los vecinos y
limpiando cunetas y las riberas del río
Acelhuate. Que los docentes estén con sus
alumnos en las aulas (poco protegidas y un tanto
escuálidas, por cierto), tratando de
"hacer su trabajo", que consiste en
enseñar a niños y niñas,
que tienen el derecho constitucional, de ser
tales, es decir, los más protegidos y
salvaguardados por la sociedad (por lo menos,
teóricamente).
Que salgan de los cuarteles a limpiar el
país hombres machos y varoniles que,
parece, no mueren de dengue, tanto como los
niños.
¿Cómo podemos pedir a las
criaturas, las víctimas más
predispuestas, estar más cerca del
contagio, que los adultos?
¿O será que, tal como en la
guerra, los más jóvenes y,
ciertamente, los más inocentes, son
enrolados para morir por los que la deciden y la
fraguan, así también, en esta
"guerra al dengue", se exponen a mayores
riesgos, a los más tiernos e
indefensos?
beatricealamanni@sv.cciglobal.net