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Lectura
del santo Evangelio según san Juan 6,1-15
¿Por interés o por amor?
En
aquel tiempo dijo Jesús: Haced que se recueste la gente.
Había en un lugar mucha hierba. Se recostaron, pues, los
hombres en número de unos cinco mil.
Tomó
entonces Jesús los panes y, después de dar gracias,
los partió entre los que estaban recostados y lo mismo los
peces, todo lo que quisieron.
Cuando se saciaron dice a sus discípulos: Recoged los
trozos sobrantes para que nada se pierda.
Los recogieron, pues, y llenaron doce canastos con los trozos de
los cinco panes de cebada que sobraron a los que habían comido.
Al ver la gente la señal que había realizado decía:
Este es verdaderamente el profeta que iba a venir al mundo.
Dándose cuenta Jesús de que intentaban venir a tomarle
por la fuerza para hacerle rey huyó de nuevo al monte Él
solo.
(titulo de comentario)
¿Quieres ayudar al prójimo?
El Evangelio de esta semana nos muestra a un Cristo que huye. No
huye de la cruz, sino de los aplausos. Y lo hace, sobre todo, porque
sabe que no son sinceros sino interesados. Le aplauden porque han
comido gratis hasta saciarse. No aplauden su mensaje, sino sus milagros.
Y el Señor se va.
A Jesús
no le molesta que le pidamos cosas, sino todo lo contrario. Su amor
por nosotros es tan grande que su mayor alegría es precisamente
amarnos y ayudarnos.
Pero eso significa que Él no está a gusto sino hasta
que su ayuda no produce en nosotros los frutos deseados. El más
importante, el que va unido al concepto mismo de salvación,
es el de liberarnos del egoísmo y hacernos entrar en el camino
de la generosidad, del agradecimiento.
Cuando aprendemos a amar, a agradecer, es cuando la salvación
está obrando en nuestro interior. Por eso, si estamos dispuestos
a pedir ayuda, debemos aprender también a darla.
Si acudimos al lado de Jesús cuando tenemos problemas, debemos
ir también a darle gracias o, simplemente, a hacerle compañía.
No le busquemos sólo porque lo que vamos a obtener de Él,
sino por Él mismo; no acudamos sólo a pedir, sino
que vayamos también para dar y para agradecer. Y Él
no huirá de nosotros, sino que nos admitirá en su
compañía y nos llenará de sus dones.
Esto nos enseña mucho a nosotros, que tantas veces nos olvidamos
de agradecer a Dios por todo lo que recibimos de sus manos. Cuántas
veces pensamos que es mérito nuestro el tener en nuestras
mesas el pan de cada día.
La actitud de Jesús debe hacernos reflexionar... Aprendamos
a agradecer a Dios por los dones que recibimos de sus manos amorosas.
Después de dar gracias, Jesús multiplica el pan. Sólo
Jesús puede dar el Pan de Vida. Y después de repartirlo,
pide a sus discípulos que recojan las sobras.
En este gesto, el Señor nos enseña a ser cuidadosos,
a no desperdiciar los bienes de todos que recibimos de Dios.
Padre Santiago Martin
e-mail:
Franciscanosdemaria@hotmail.com
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