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En Garita Palmera, Ahuachapán
Escuela unifica a dos pueblos

Los escolares guatemaltecos de la zona costeña que linda con la playa Garita Palmera prefieren la escuela salvadoreña.

Susana Joma
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com
José Rony, es uno de los pequeños guatemaltecos que asiste a la escuela del caserío Bola de Monte, Ahuachapán. Foto: EDH/Nelson Dueñas

Cuando el timbre suena y los niños del centro escolar “Caserío Bola de Monte”, en Garita Palmera, Ahuachapán, salen a recreo, nadie imagina que las risas, gritos y juegos que se viven ahí son las de dos pueblos. Guatemala y El Salvador, unidos bajo la bandera de la Educación.

Ahí está José Rony, un niño guatemalteco, que ocupa el segundo lugar en el cuadro de honor de la sección de cuarto grado.

Diez de sus once años de vida los ha pasado en Champas de la Ceiba, una comunidad asentada en la parte de la costa guatemalteca que es conocida como “Garita Chapina”.

Aunque en su comunidad de origen hay servicio educativo, los últimos dos años Rony ha cruzado los límites para asistir a la escuela salvadoreña. Igual otros nueve compatriotas suyos.
Actualmente la escuela del caserío Bola de Monte cubre una población de 326 escolares, en dos turnos.

¿Porqué aquí?


Los residentes en las dos comunidades costeñas son muy pobres, dependientes de la pesca o de la siembra del banano, pero todo indica que la preferencia por la escuela salvadoreña no es sólo cuestión de cercanía geográfica o migración.
“Me gusta esta escuela (Bola de Monte), porque allá, en Las Champas, mucho nos regañaban y había una señora que sólo nos ponía cero. Aquí los maestros nos enseñan bien y son amables”, afirma el pequeño Rony.

La bicicleta es un apoyo para que los escolares de la zona costera ahuachapaneca se movilicen más rápido. Foto: EDH/Nelson Dueñas

“Saca diez en Matemáticas y Ciencias“, dice muy orgulloso Mauricio Quezada, quien además de ser director del centro escolar “Bola de Monte” también, como resultado de un déficit de docentes, funge como profesor de la sección de cuarto.

La opinión del pequeño, compartida por Francisca, adolescente guatemalteca que cursa el quinto grado en el mismo centro, y quien según dice le resulta más fácil aprender con el sistema de enseñanza salvadoreño.

“En Matemática siento más la diferencia. Hoy entiendo más rápido. Allá cuando salí de tercer grado no había aprendido a sumar y lo vine a aprender aquí”, afirma.

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Hacinamiento y riesgo...

El director explicó que la llegada de los escolares guatemaltecos se remarcó tras la reciente huelga de maestros que tuvo el vecino país, pero según indica, todos se han adaptado fácilmente.

Las madres están contentas. El caso de doña Vilma Marina Carrillo Gallardo, de 34 años. Esta mujer guatemalteca, que vive en los mojones, detalla que cinco de sus once hijos van a la escuela de Bola de Monte. “Los que asisten ahí van bien”, asegura, mientras observa como uno de ellos se marcha.

 

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