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El dolor es menos en la casa de la familia Pocasangre, en el municipio de Soyapango, a un año de que la mayor de los hijos muriera durante los ataques terroristas con aviones civiles a las Torres Gemelas de Nueva York. Sin embargo, las lágrimas en María Luisa Abarca de Pocasangre, madre de la víctima, reflejan que la tristeza seguirá ahí. Para su esposo, Alfredo Pocasangre de León, la pérdida es la más grande pesadilla en estos 365 días. Gloria Pocasangre de Barrera, una salvadoreña de 49 años que llevaba encomiendas a Estados Unidos, viajaba en el United 175, en ruta Boston-Los Ángeles, precisamente el segundo de los aviones secuestrados el 11 de septiembre del año pasado que impactó en los rascacielos emblemáticos de la Gran Manzana y que albergaban al Centro Mundial del Comercio (WTC por sus siglas en inglés). Sus familiares recuerdan que el dolor por la pérdida de Gloria fue aún más fuerte en diciembre pasado y para el Día de la Madre. En los datos de Cancillería, Gloria aparece como una de los tres salvadoreños que oficialmente están declarados como muertos durante los ataques, junto a más de tres mil víctimas que recientemente la oficina del forense en Nueva York declaró muertas. Encomiendas
Gloria llevaba encomiendas desde 1983 y de no haber sido por los trágicos hechos del Martes Negro, se habría retirado de viajar constantemente. Así lo expresan sus padres, pues ya le habían recomendado que se retirara de esa labor. Su madre recuerda que el 7 de septiembre, Gloria le llamó para despedirse, pues se iba para Estados Unidos el día siguiente. Me dijo que llevaba cinco maletas de encomiendas y acompañaba a una señora mayor que viajaba sola, relata. Siempre le llamaba del aeropuerto, desde la sala de espera, antes de irse, pero ese día no lo hizo. No sé si porque llegó tarde o qué..., recuerda. Ella había tenido que viajar a Boston en esa fecha para
acompañar a una persona oriunda de Chalatenango.
Don Alfredo, agrega que desconocen si los hijos de doña Gloria recibieron alguna indemnización, pues no les ve desde hace tiempo. Su esposa cree que los hijos mayores habrían recibido ayuda de organismos humanitarios estadounidenses. Lo cierto es que en el último año han visto crecer la familia, pues han nacido biznietos y tataranietos. Pese a la situación económica difícil, su negocio de venta de muebles se mantiene. La familia Pocasangre se aferra a los valores cristianos y agradece el apoyo de su comunidad y su parroquia, la iglesia Guadalupe en Soyapango. La fe en Dios es lo único que les queda. Un hombre sin fe es como un barco sin vela que naufraga, aseguró Alfredo Pocasangre. 17 buscados 3 muertos |
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