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El Salvador y Venezuela, entre amistad y discordia

La historia reciente entre El Salvador y Venezuela se ha convertido en una especie de “estira y encoge”, que ha transitado por la política, el petróleo y el deporte.

Edward Gutiérrez
El Diario de Hoy

nacional@elsalvador.com

En la Cumbre de Río en Costa Rica, Flores reconoció al gobierno golpista de Pedro Carmona, que duró sólo 48 horas. Foto EDH

Hugo Chávez fue el árbitro que hace dos años logró, con un chiste, poner fin a un enfrentamiento verbal que en plena cumbre de mandatarios en Panamá tuvieron Fidel Castro y Francisco Flores.

Meses más tarde, las relaciones entre El Salvador y Venezuela no pasaron a ser las mejores del continente. Una delegación de militares salvadoreños que participaba en las tareas de rescate y reconstrucción de la población de Comasagua se convirtió en un punto de tensión. La misión, al parecer, habría recibido una orden de abandonar el país por parte del gobierno salvadoreño.

Luego de varios días de silencio, la ministra de Relaciones Exteriores, María Brizuela, dijo que todo había sido producto de “un problema de comunicación” cuando se pensó integrar a los venezolanas al plan de invierno del gobierno.

Entre enero y mayo de 2001, el contingente de más de 100 soldados venezolanos construyó en Coma sagua 104 viviendas, reparó otras decenas y reconstruyó la iglesia central y un centro de salud.

Los militares venezolanos se retiraron en junio, al finalizar su labor, pero tras de sí dejaron una de sus más grades tareas: el ahijado del presidente Hugo Chávez.

El 16 de enero, tres días después del terremoto, Carolina Hernández, tuvo a su hijo con la asistencia de médicos venezolanos. Su esposo, un agente de la PNC, se encontraba ausente por la emergencia que vivía el país.
Tan agradecida quedó con los suramericanos que decidió ponerle a su hijo el nombre de Chávez, con quien incluso dijo haber hablado por teléfono.

Más de un año después, el presidente Francisco Flores volvió a convertirse en el centro de atención de las cumbres, esta vez, en la Cumbre de Río, celebrada el 12 de abril pasado en San José Costa Rica.
Chávez no estaba presente. Y cómo iba a estarlo si se mantenía en prisión luego de un golpe de Estado.

En esa cumbre, Flores reconoció, a diferencia de otros mandatarios, al gobierno golpista de Pedro Carmona.
Después de 48 horas, Chávez volvió al poder, y el presidente Flores se vio en aprietos. Pese a ello, dijo que no se disculparía con Chávez.

Dos meses más tarde, El Salvador acepta otorgar asilo a uno de los golpistas de Chávez, el contraalmirante Carlos Molina Tamayo.

Ayer, cuando se le preguntó a Chávez sobre estas decisiones del gobierno salvadoreño respondió: “Esa es historia pasada; no he venido aquí a pedir explicaciones a nadie y no tengo por qué hacerlo”.
Se intentó, además, preguntar a Chávez sobre su compadre el coronel Emiro Brito, detenido por estafa en El Salvador y liberado cuando arribó al poder en febrero de 1999.
La avalancha de reporteros impidió lograr una respuesta sobre esta persona.

 

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