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Entierran a niño asesinado a golpes

La barbarie mató la gracia y la ternura de un niño de tres años. Una familia sufría ayer mientras sepultaba en un cementerio a “la alegría de la casa”

Jorge Beltrán
Nacional
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com

Ricardo Edenilson Rivera Guillén celebró su tercer cumpleaños en abril de este año. Foto: EDH

Ayer al mediodía, en la casa de la familia Guillén Lemus, el dolor hablaba a través de las lágrimas. Y éstas eran abundantes.
Y no era para menos. En aquella sencilla vivienda se aprestaban a enterrar al pequeño Ricardo Edenilson, quien murió el viernes, al parecer, por una paliza que le propinó José Ricardo Rivera Martínez, padre del menor.
En aquella casa, los tíos y abuelos lo recordaban como un niño gracioso y tierno, inquieto, pero obediente.
Edenilson fue criado en casa de los abuelos maternos, en el cantón Jardín, de Chalatenango.
La madre del menor, Elba Marina Guillén, trabajaba en una maquila de San Salvador.

Yolanda América, de 9 años y tía del fallecido, entre sollozos recordaba el día en que cumplió tres años:
“Bien me acuerdo cuando metió el dedo en el pastel”, relató la niña de tez blanca y ojos claros, como los de su único sobrino.
Mientras que Ernesto Landaverde, un amiguito, aseguraba que a Edenilson le gustaba jugar con carritos de fricción y ver cuando volcaban al chocar.

Pero esos eran ya sólo recuerdos que fluían en las mentes de quienes conocieron al niño. Ya en la realidad, una foto ampliada del día de su cumpleaños yacía sobre el blanco ataúd.
Blanca Argelia Lemus, la abuela, aseguraba que hacía unos seis meses que Edenilson vivía con su madre en Cojutepeque, donde convivía con el presunto asesino.

Golpes


La abuela recordó que, hace un mes, Edenilson llegó con el labio inferior reventado. El padre del menor adujo que el niño se le había caído.
Pero en el corazón de Blanca Argelia algo le decía que no era así. Ella asegura que desconfiaba de su yerno. “Al principio, él se portó bien, pero con el tiempo fue cambiando”. A ella le daba “mala espina”, asegura.
Para la bisabuela del menor, Rosa Amélida, lo que hicieron con su único bisnieto jamás lo había visto en los 70 años que tiene de vivir.

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Al filo de la 1:00, cuando se disponían a salir hacia el panteón, la noticia de que el supuesto asesino había sido arrestado cayó como una gota de bálsamo en aquellos corazones destrozados.
Esto llevó un poco de tranquilidad en la familia doliente. Y es que el detenido los había amenazado desde hace mucho tiempo.

“Si hacen algo contra mí, cualquiera de tu familia me las va a pagar”, había advertido a la madre del pequeño Edenilson.
Las reacciones al saber de la captura se desgranaban en aquella reunión, como ha sucedido con la vida de tantos niños aquí, en El Salvador.
Entre un grupo de campesinos sentados en una banca de madera, una voz pausada y longeva se escuchó: “‘Ta bueno que lo metan preso. Si hizo semejante barbaridad con el niño que era su hijo, cuántas cosas más no podrá hacer”, sentenciaba un anciano.

Recuerdos de dolor

Los recuerdos se desgranan en la mente de tíos y abuelos maternos.
- Ricardo Edenilson llegó a la casa de los abuelos paternos cuando sólo tenía 22 días de nacido.
- Hace unos seis meses, el padre y la madre se lo llevaron a vivir con ellos, en Cojutepeque.
- La abuela recuerda que hace varios días, cuando fueron a visitarla, el niño tenía reventado el labio inferior.
- El padre del menor aseguró, tanto a la madre como a la abuela, que el niño se había caído.
- Era el primer nieto de Salvador Guillén y Blanca Lemus.
- La familia del menor pide que se haga justicia, que no vaya a quedar impune, como ha sucedido en casos similares.

 

 

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