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Unidos en el sentimiento

Pero, aparte de la gratitud, el acompañamiento emocional a las víctimas, cualesquiera que sean, surge del espíritu de unión que caracteriza a los seres humanos

La Puerta de Brandenburgo, en Berlín; la Casa de la Ópera , en Sídney; el Cristo de la Redención, en Río de Janeiro; la Torre CN en Toronto; las pirámides de Giza, en Egipto; la Torre de Tokio; el Puente de la Paz que une Canadá con Estados Unidos; la Catedral Ártica, en Noruega,; el Ángel de la Independencia, en Ciudad de México, y muchos otros edificios y monumentos alrededor del planeta lucen iluminados con los colores franceses, rojo, azul y blanco. 

Es muestra de la solidaridad del mundo con el pueblo francés y un tributo a las víctimas de los atentados terroristas del pasado 13 de noviembre. Es, asimismo, un símbolo que el mundo civilizado muestra contra los actos de grupos extremistas fanáticos que ven a personas inocentes como enemigos.

Las redes sociales también están inundadas con mensajes de apoyo y empatía a las víctimas de la violencia, y de rechazo a los que creen que pueden imponer sus creencias a través del terror. La ola de solidaridad que mueve al mundo a manifestarse es una reacción ante lo irracional, pues el asesinato alevoso y premeditado de personas que asistían a un concierto, departían en un restaurante o miraban un partido de fútbol, no tiene ninguna justificación. Es simplemente odio.

Pero de todo hay, y entre los mensajes de condolencia se leen también opiniones de algunos que justifican lo sucedido en Francia o se sienten irritados por el sentimiento de solidaridad global que ha despertado. Hay, por ejemplo, quienes dicen que tanta manifestación de apoyo es excesiva pues hay otras regiones en el mundo en donde también mueren muchos inocentes y “nadie dice nada”. Existe un error de información y de percepción en este argumento, pues siempre hay voces que se levantan ante cualquier acto en las que hay víctimas, y el hecho de que se sienta pena por unas no indica que no se tenga por otras. 

La tragedia de Francia ha llamado más a la condena porque se hizo con el propósito específico de matar inocentes. 

En El Salvador alguien escribió que a qué viene tanto ruido por algo que sucedió en Francia, un país lejano que no tiene nada que ver con nosotros, y que en el nuestro muere más gente en una sola semana. La réplica sería la misma, que sentir pesar por lo que ocurrió en Francia no indica que no importe lo que pasa aquí. Y se agregaría otro componente. Francia sí tiene que ver con nosotros y tenemos una deuda de gratitud con ese país, que siempre ha sido nuestro aliado y colaborador. Algunos tal vez no lo recuerden pero en la época de la guerra y en la posguerra recibimos mucha ayuda de los franceses. 

Expertos franceses colaboraron para quitar las minas que quedaron regadas en vastos territorios del país después de la guerra. Actividad altamente riesgosa que llevaron a cabo de muy buena voluntad y con éxito. También fueron equipos franceses los que construyeron escuelas en lugares prácticamente inaccesibles, ayudaron en la reconstrucción de infraestructura e hicieron campañas amplias de letrinización.

Pero, aparte de la gratitud, el acompañamiento emocional a las víctimas, cualesquiera que sean, surge del espíritu de unión que caracteriza a los seres humanos. John Donne, quien inspiró a Hemingway, dijo: “La muerte de cualquier hombre me disminuye porque estoy ligado a la humanidad, por consiguiente, nunca preguntes por quién doblan las campanas, doblan por ti”.

*Médico psiquiatra.
Columnista de El Diario de Hoy.