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Una historia de horror

El 28 de noviembre de 1979 las FPL, organización del FMLN, secuestra al embajador de Sudáfrica en El Salvador, exigiendo por su libertad 20 millones de dólares y la publicación de mensajes a favor de la guerrilla en medios de prensa internacionales y en cadena nacional en El Salvador.

Cuando el embajador de Sudáfrica, señor Archibald Gardner Dunn, se encontraba en la sala de su oficina ese fatídico miércoles 28 de noviembre de 1979, fue secuestrado violentamente por un comando urbano del FPL. Eddie Dunn --como lo conocían sus amigos-- tenia 61 años de edad al momento de su secuestro, era un diplomático de distinguida carrera acreditado en El Salvador, Nicaragua y Costa Rica desde 1974, _previamente había servido en Helsinki, Washington, Santiago de Chile y Buenos Aires.

Cuando fue secuestrado, la salud del embajador era precaria y estaba recientemente operado de cataratas en ambos ojos, además padecía de una diabetes severa. _En un primer comunicado de las FPL, fechado el 1º de diciembre de 1979, reconocieron el plagio; más tarde en un segundo comunicado fechado el 6 de diciembre, exigieron como única condición para su liberación la publicación de un manifiesto de 21 paginas, mecanografiado a espacio corrido, en todos los periódicos nacionales. Del gobierno de Sudáfrica demandaban la misma publicación en casi 400 periódicos, radios y televisoras internacionales en más de 110 países del mundo. Inicio y final de la publicación en radios y televisoras debían comenzar con el himno del guerrillero.

El famoso cirujano cardiovascular sudafricano Chistiaan Barnard, ofreció poner sus servicios a orden del país para la gente menos privilegiada a cambio de la libertad del embajador, pero fue denegado en comunicado de las FPL de fecha 24 de diciembre. El 31 de diciembre el embajador Dunn envió una carta a su agobiada esposa --quien yacía hospitalizada de cáncer terminal en Los Ángeles, California-- y otra a Ernesto Rivas Gallont, a quien le pedía mantenerse disponible como intermediario en las negociaciones.

Por su parte, el gobierno de Sudáfrica rechazó la demanda de las publicaciones y dinero exigida por las FPL. Robin Dunn, el hijo del embajador, informó que solamente habían recaudado 102,000 dólares; las FPL dieron un ultimátum el día 24 de abril de 1980, que si no se realizaba el pago el embajador sería asesinado, ante ello la esposa del embajador manifestó que había logrado recaudar 437,500 dólares adicionales, por lo que las FPL extendieron el plazo hasta el 20 de mayo de 1980 y fijaban un nuevo monto: dos millones de dólares.

La familia, en su angustia, logró recaudar 482,000 mil dólares, los captores extendieron el ultimátun hasta el 30 de mayo; ya para el 23 de mayo_la familia sabiendo que su gobierno no negociaría con los secuestradores y después de haber vendido todo y tras aceptar el préstamo de un amigo recaudaron la suma de 648 mil dólares; no obstante, el 14 de junio la esposa del embajador sufría un colapso nervioso y su estado era grave; en su angustia y desesperación había logrado recaudar un millón 137 mil dólares, gracias a samaritanos de todo el mundo.

Las FPL aceptaron la propuesta, se acordó el pago del rescate, pero no pudieron cumplir con las pruebas de que Dunn estaba vivo, por lo que aparentemente negociaron sobre su cadáver. Finalmente el 8 de octubre de 1980, diez meses después del secuestro, las FPL emitieron un comunicado informando con cinismo y falsedad que porque la familia no cumplió las demandas el embajador fue ajusticiado.

A 34 años de la muerte del embajador Dunn, el secuestro sigue siendo un delito de lesa humanidad, sin que la Corte Penal Internacional hubiese castigado a los asesinos. En el marco de la campaña electoral del año 2009, el hijo del embajador secuestrado solicitó públicamente se le entregaran los restos de su padre asesinado para darle cristiana sepultura y con eso daba por cerrado ese capitulo, deseo que no fue cumplido.

¿Es conveniente para un país altamente polarizado recordar en esta época el secuestro y asesinato del Embajador de Sudáfrica; el secuestro de uno de los postulantes a concejales para la Alcaldía de San Salvador, señor Jaime Hill Argüello; los secuestro de Víctor Kilahuer, Tomás Adolfo McEntee, Carlos Eduardo Guirola y Teófilo Simán entre otros muchos? ¿Valdrá la pena dejar atrás el cobarde asesinato del ministro de la Presidencia Sr. José Antonio Rodríguez Porth y del ideólogo Gabriel Eugenio Payés? ¿Las masacres de 400 campesinos desarmados en Nueva Trinidad y de 42 soldados en el puente de Quebrada Seca, torturados y asesinados después de rendirse?

¿Es conveniente dejar atrás los crímenes cometidos por los escuadrones de la muerte y las masacres llevadas a cabo por la Fuerza Armada y sus comandos especiales?

Considero que sí, los salvadoreños tenemos que tener la valentía de dejar atrás todos esos crímenes cometidos en uno de los episodios más sangrientos de nuestra historia reciente, no obstante a solo días de elegir a nuestros diputados y alcaldes debemos de privilegiar con nuestro voto a todos aquellos postulantes que representan una nueva forma de hacer política, dándoles un voto de castigo a todos aquellos que en algún momento participaron en historias de horror que enlutaron familias enteras en nuestro querido El Salvador.

Es el momento para que todos, como sociedad, tomemos la decisión de ver hacia adelante y superar de una vez por todas esa oscura historia política, dándole el apoyo con nuestro voto cruzado a personas que representan el futuro y no nuestro triste pasado.

*Colaborador de El Diario de Hoy.