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Sí señor… ¡hay que ahorrar!

Vivir con “austeridad” no es tacañería, sino ajustar los consumos a lo que necesitamos en la realidad para hacer nuestro trabajo

Ahorrar puede ser una condición deseada estratégica en una “visión”, la aplicación de un sistema en una “misión”, un “valor” a resaltar en un grupo de personas, una “actitud” psicológica que nos oriente y una “conducta observable” que se debe poner en práctica todos los días.

Para entendernos mejor, ahorrar es un buen hábito que debemos aprender, practicar y enseñar. La gente madura, aprenderla y practicarla, y muy importante, enseñarla a nuestros niños y jóvenes. ¿Y sabe cuál es la mejor forma de hacerlo? Sencillo: como persona, poniéndolo en práctica siendo y dando buen ejemplo.

Fíjese, sobre el cielo de mi oficina donde escribo este artículo hay tres bombillas que se encienden y apagan con un interruptor. Pues para ahorrar energía, trabajo con una lámpara adicional de mesa junto a la computadora que la he girado hacia arriba. Como el cielo es blanco, produce un reflejo agradable que no deslumbra y tengo suficiente luz para ver el teclado y los documentos. Y así, en lugar de tres lámparas solo utilizo una y además que ahorro el 66 % de energía, trabajo con una luz indirecta más adecuada y agradable. Y en cuanto entra suficiente luz natural por la ventana, la apago para no desperdiciar, iluminando innecesariamente mi entorno de trabajo.

En los programas de reducción de costos y ahorros que implantamos en las empresas, el uso correcto de las energías y otros insumos es uno de los apartados importantes con los que trabajamos para mejorar la productividad y la rentabilidad.

Curiosamente, en los países ricos se ahorra, en relación al consumo, más energía que en los países menos ricos como el nuestro. Y no me refiero solo a la energía, sino también a otros elementos como el agua, los combustibles, los insumos en una casa o en una empresa y también se estudian y mejoran los procesos para ahorrar tiempo o eliminar los que consumen recursos y no aportan valor agregado. La energía eléctrica forma parte de nuestra vida, todo lo que utilizamos está conectado a electricidad y caemos en la cuenta cuando inesperadamente se corta.

Vivir con “austeridad” no es tacañería, sino ajustar los consumos a lo que necesitamos en la realidad para hacer nuestro trabajo. Y la austeridad, lo contrario a la mala costumbre de derrochar, es una forma de disfrutar una buena calidad de vida sin desperdiciar recursos. Todo lo que consumimos, son recursos y todos tienen un costo en sus unidades de medida que se pueden traducir a dinero, de ahí que ahorrar energía, agua, tiempo y otros recursos, es hacer más productivos los procesos y más rentables las empresas.

*Ingeniero. 
Columnista de El Diario de Hoy.
www.centrodecalidadyproductividad.com