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Premio Nobel de la Paz a Túnez, un ejemplo para El Salvador

Alcanzar el desarrollo y el bienestar es una tarea de todos los salvadoreños, lograrlo requiere que los diferentes sectores de la vida nacional logren consensos básicos. Pareciera que la sociedad civil empuja a este objetivo

El Premio Nobel de la Paz de este año ha recaído en cuatro organizaciones de Túnez, el único país arrastrado por la llamada primavera árabe, en 2011, que ha logrado convivir con su transición democrática y la ha fortalecido, no obstante las dificultades propias de una sociedad dividida con serios problemas sociales, políticos y culturales; los galardonados lo componen el sindicato UGTT (Unión General de los Trabajadores Tunecinos), la UTICA, la patronal de Túnez, la Liga Tunecina Derechos Humanos y la Orden de Abogados.

No tengo el conocimiento para referirme a la realidad tunecina, mucho menos a la de la comunidad árabe sumamente complejas en las que entran en conflicto las viejas tradiciones con las nuevas prácticas de un mundo moderno, la religión y la política, la pobreza y la riqueza y el contexto conflictivo y explosivo de la zona; de lo que sí estoy claro, y lo digo con conocimiento vivencial, es que sí los tunecinos lograron mantener viva la transición democrática es porque han logrado altos niveles de consenso como el alcanzado por las cuatro organizaciones de la sociedad civil que han superado contra viento y marea las dificultades. 

Y esto es, precisamente, lo que destaca el Comité Noruego, resumido en tres ideas: una, “su contribución decisiva para la construcción de una democracia plural en Túnez a raíz de la Revolución del Jazmín, en 2011”. Dos, “el Cuarteto estableció un proceso político alternativo y pacífico en un momento en el que el país estaba al borde de la guerra civil”. Y tres, Túnez “ha presenciado una transición democrática basada en una vibrante sociedad civil que exige respeto por los derechos humanos básicos”.

He querido recoger estas ideas con la intención de contrastarlas con El Salvador y señalar que nuestro país, no obstante sus graves problemas, no está al borde del precipicio y hay espacio para salir adelante, cuestión que requiere del consenso entre los diversos sectores de la vida nacional. 

El Cuarteto en Túnez logró enrumbar el país hacia la democracia y la pluralidad, y lo hizo dando el ejemplo, reuniéndose diversos sectores para alcanzar el bien de la nación; en El Salvador esto todavía es un desafío por alcanzar.

Todavía más, en El Salvador tenemos mejores condiciones para ponernos de acuerdo y alcanzar el desarrollo y el bienestar; no estamos al borde de una guerra, al contrario, la dejamos atrás hace más de un par de décadas. ¿Y la guerra contra las maras?, eso pertenece a otro orden y si bien es cierto provoca miles de muertes violentas cada año, no se trata de dos fuerzas enfrentadas, mucho menos son grupos insurgentes que buscan el poder, se trata de pandillas que se han organizado y han crecido ante la deficiente actuación del Estado.

Como consecuencia del final de la guerra y el establecimiento de la paz, en El Salvador, por un lado, la pluralidad política es un hecho de tal forma que, incluso los dos últimos gobierno han sido presididos por los exguerrilleros del FMLN y, por otro, el respeto de los derechos humanos no solo es una realidad, todavía con posibilidades de crecer y fortalecerse aún más, sino también es ejercido por instituciones y en general por la sociedad en su conjunto.

En este sentido, países como Túnez, que se encuentran al borde del abismo, imbuidos en conflictos de gran profundidad y complejidad, incluso relacionados con identidades, etnias e historia, han logrado trazar un proceso de democracia, pluralidad, y progreso. Sin duda alguna porque hay en marcha procesos positivos como los impulsados por las cuatro organizaciones de la sociedad civil, ahora galardonadas por Noruega.

No cabe duda de que la sociedad civil cada vez toma mayor fuerza en El Salvador, y lo hace porque esta cansada de una clase política, de unos partidos políticos, que se han alejado de la población, que han convertido a la práctica política en un negocio o una forma de vivir y no un servir.

El tema de la corrupción pareciera que ha fortalecido a la sociedad civil, y no puede ser de otra manera, está cansada, hastiada de que unos pocos se aprovechen del Estado y crean que un puesto en el gobierno se convierta en un botín.

Además, y esto es interesante en El Salvador, que la sociedad civil aglutina a jóvenes, a muchos jóvenes, no solo con nuevas ideas sino con la voluntad y el deseo de hacer las cosas bien, hacerlas en bien del país y no solo cumpliendo objetivos particulares ni mucho menos partidarios. Túnez es un ejemplo.

*Editor Jefe de El Diario de Hoy.
ricardo.chacon@eldiariodehoy.com