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No partamos de la desconfianza

No solo los abogados sino todos los ciudadanos vemos a diario los negativos aspectos de la naturaleza humana a los que aludía Dickens. Pero también todos conocemos los aspectos positivos.

Charles Dickens decía en una de sus numerosas obras, que los abogados en muchos  casos tenían que involucrarse con el peor aspecto de la naturaleza humana, tales como contiendas, rencores, perversas inclinaciones, hipocresías, fraudes y perversiones. Por eso -–según Dic-  kens -–  los abogados como colectividad son suspicaces, desconfiados y cautos en demasía.

No puedo decir que comparto el siempre sagaz razonamiento del ilustre escritor inglés, sobre todo porque los abogados también tenemos que involucrarnos con algunos de los mejores aspectos de la naturaleza humana: las muestras de honradez, persistencia, caridad, y sobre todo, la búsqueda de la verdad y la justicia. Bajo el razonamiento de Dickens, esta otra cara de la moneda nos dejaría “tablas”.

Pero la descripción que de mi gremio hace el escritor, sí me sirve para reflexionar sobre la desconfianza, la suspicacia, el temor, la cautela en demasía y la descalificación a primera vista que ahora más rápido que antes, está volviéndose parte de nuestra cotidianeidad. Esto comienza por nuestra clase política y nuestros funcionarios, trasladándose hasta todos los rincones de nuestra sociedad.

Cualquier iniciativa que provenga de nuestros gobernantes de turno y del instituto político que les acompaña, es inmediatamente descalificada por la oposición. Y al decir esto no me refiero a los últimos catorce meses, sino al menos a los últimos veinticinco años en que esto ha sucedido. Tal parece que se trata de una mal entendida consigna en virtud de la que todas las ideas que se gesten al interior del Gobierno, deben ser rechazadas por sus opositores.

Evidentemente que nadie quiere tener una oposición –- ni hoy ni nunca -– que aplauda y avale absolutamente todo lo que se proponga por quienes gobiernan, pero tampoco necesitamos una descalificación a priori, motivada solamente por el temor, la suspicacia y la desconfianza.  
Y exactamente lo mismo aplica en sentido inverso. Todos sufrimos las consecuencias cuando las autoridades adoptan posiciones irreflexivas y cuando se excluye sin justificación cualquier tipo de contribuciones provenientes de sus opositores políticos. Hoy y antes hemos tenido excelentes iniciativas que nunca son analizadas ni siquiera superficialmente. Lo que escuchamos los ciudadanos es que “si el otro es quien ha tenido la iniciativa, debe ser por eso una mala iniciativa, debe haber sido hecha para ocasionarnos problemas, desestabilizar nuestro gobierno y sacar raja política de ello”.

De nuevo, es evidente que nadie quiere que los gobernantes hagan eco de cualquier propuesta que provenga de la oposición; está claro que los gobernantes fueron electos para ser ellos los que toman las decisiones. Pero lo que mínimamente se espera es que las propuestas sean seriamente analizadas, sin sesgos de ningún tipo y sin que las decisiones finales de su implementación o rechazo, estén motivadas por el temor o la desconfianza a su adversario. Esto toma especial relevancia hoy día, cuando los delincuentes son capaces de paralizar el país sin que se tengan remedios para el problema. 

Quienes ayer gobernaron hoy son oposición y quienes hoy gobiernan dejarán de serlo algún día; eso es esencial a la democracia. Si entienden a cabalidad esa realidad, entonces tendrán que despojarse de las intrigas que rodean sus decisiones, tendrán que dejar de ver confabulaciones en todo lo que opine su opositor y tendrán que prestar atención a las críticas que se les hagan.
 
Lo peor de todo es que la desconfianza y los prejuicios ya están enquistándose también en la ciudadanía. Ya hay quienes de manera automática rechazan lo que provenga de quienes profesan una ideología distinta. Están siendo frecuentes las muestras de intolerancia ciudadana con quienes piensan diferente.
 
Así vemos sectores que enardecidos vociferan contra toda propuesta de la empresa privada porque se desconfía de todo lo que de ella salga sin haberse detenido a tratar de entender lo que se propone. Otros sectores de antemano descalifican iniciativas de ciertas entidades de la sociedad civil, solo porque provienen de instituciones o movimientos más cercanos a un pensamiento de izquierda.

El colmo es que a las noticias, opiniones, editoriales y programas, se les califica dependiendo del medio en el que son divulgados; si aparecen en un medio del que ya me he formado la idea que es más proclive a una ideología con la que no me identifico, entonces todo lo que ahí aparece debe generarme desconfianza. ¡Qué mal nos está haciendo eso! 

No hay que ser ingenuos; siempre habrá mal intencionados. Pero es un grave error que la mala intención sea la premisa de la cual partimos. ¿Cuántas oportunidades nos estamos perdiendo todos? 

No solo los abogados sino todos los ciudadanos vemos a diario los negativos aspectos de la naturaleza humana a los que aludía Dickens. Pero también todos conocemos los aspectos positivos. Que sea esto último lo que nos permita despojarnos de la desconfianza y buscar juntos el desarrollo de nuestro país.

*Colaborador de El Diario de Hoy.