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Parece como si el pasado nos persiguiera

Mientras nosotros retrocedemos, países como Costa Rica, Panamá y aún Guatemala se desarrollan aún más y atraen muchas inversiones, lo cual significa fuentes de trabajo

Con estupor he escuchado, en poco menos de dos semanas, anuncios tan impactantes como que el Cuerpo de Paz se va, que para medios internacionales somos “la capital del crimen”, que se clausuró El Mundo Feliz y que cerrará la planta de Jumex.

Vinieron entonces a mi mente otros anuncios impactantes, difundidos hace más de tres décadas, como el cierre de la fábrica Texas Instruments y hasta ensambladoras de autobuses, la salida del personal diplomático de varias embajadas y el éxodo de salvadoreños hacia México, Estados Unidos, Canadá y Suiza y Suecia a como diera lugar.

Entonces como ahora, había “tendaladas” de muertos en las calles, predios baldíos, en El Playón y en las zonas rurales.

¿Tanto hemos retrocedido? Porque un panorama así tuvimos desde 1980, a lo largo de 12 años de guerra interna.

Entonces había Estado de Sitio y toques de queda, pero impuestos por el gobierno militar; ahora los imponen las pandillas en las colonias donde operan y se dan el lujo de hasta exigir el documento de identificación a los desconocidos que llegan.

En aquella época, el gobierno les llamaba “delincuentes terroristas” a la guerrilla, que ahora está en el poder tras convertirse en partido político; por ley son “terroristas” las maras, que en muchos aspectos han tratado de emular a la insurgencia, incluso autodenominándose “revolucionario” uno de estos grupos.

El mismo gobierno ha reconocido que necesita recuperar el control total de las zonas y comunidades en las que operan las pandillas, donde la máxima es “ver, oír y callar”.

Tanto en los 80 como ahora, hechos como estos, así como la lucha de clases promovida desde sectores del oficialismo y la falta de incentivos, son los detonantes de la salida de empresas y el cierre de fuentes de trabajo.

El oficialismo parece tratar de restar importancia a la salida de Jumex y al cierre de El Mundo Feliz, pero deben recordar que también recientemente cerró Maseca.

¿Tendrán que cerrar más empresas para cobrar conciencia de lo que esto significa?

Para muchos, a quienes les resulta indiferente la realidad de sus hermanos, el que se queden sin trabajo cientos de personas quizá ni les quita el sueño. Pero es grave. Es el pan y el futuro de familias enteras lo que se pierde.

No es correcto salir con simplistas respuestas como “la empresa no se va, lo que pasa es que cierra la planta”. Precisamente, aunque continúe la comercialización de sus productos, no evita que se cierren decenas y decenas de empleos.

Y esto se traduce en más pobreza y más salvadoreños que busca emigrar y prefieren morir en el intento que ser víctimas de la criminalidad o ver en la total miseria a sus familias.

Es necesario revertir esta tendencia. Mientras nosotros retrocedemos, países como Costa Rica, Panamá y aún Guatemala se desarrollan aún más y atraen muchas inversiones, lo cual significa fuentes de trabajo.

Quiera Dios que con el relevo que se ha producido en Seguridad Pública cambien muchas cosas de raíz y se enfrente efectivamente el problema de la criminalidad, pero también en el área económica se haga lo propio y se recuperen las inversiones.

*Editor Subjefe de El Diario de Hoy.