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Yo no olvido el año viejo

Ojalá que el recuento de acontecimientos que nos indignaron este año viejo sirva también para no olvidar los errores cometidos y aprender de ellos, así como hacernos reflexionar en todo lo que se pueda mejorar para tener un mejor país

En El Salvador nos podemos quejar de cualquier cosa, menos de aburrirnos con los sucesos políticos y jurídicos que acontecen a diario. Tal vez porque ya somos expertos en el “reír por no llorar”, 2015 no ha sido la excepción en la acumulación de historias en que, la falta de competencia o de vergüenza de algunos funcionarios, nos ha indignado como sociedad, ha unido a muchos en la lucha por objetivos comunes y, a la vez, ha contribuido a sacar a flote el ingenio y humor de muchos en redes sociales. 

Enero de 2015 marcó el inicio de la campaña electoral para las elecciones de Asamblea Legislativa y concejos; en realidad nunca fue el inicio, porque aunque oficialmente el banderazo de salida fue autorizado para el último día del año, esta inició desde que los partidos políticos inscribieron sus planillas. La campaña adelantada, representada por pinta y pega (prohibidas por la ley) de los rostros de distintos candidatos, ha sido el pan nuestro de cada elección, donde quienes pretenden hacer buenas leyes en beneficio de la sociedad no son capaces de respetar las reglas del juego electoral ya fijadas. No faltó aquel candidato que se escudó en la conveniente interpretación de “no estoy pidiendo el voto” para justificar sus actos. 

Quizá una de las historias más complejas que resaltará de 2015 es el día de las elecciones y los dos meses siguientes en los que no tuvimos resultados electorales. El día de la elección nos dejó la admiración al trabajo realizado por las juntas receptoras de votos, en las cuales miles de salvadoreños demostraron su patriotismo en una jornada sin descanso para que otros miles pudieran ejercer su derecho al voto. Sin embargo, también nos dejó la nota opaca que duró un poco más de dos meses; esos días dejaron al descubierto la falta de organización del Tribunal Supremo Electoral, a quien le quedó grande el título de máxima autoridad electoral y se limitó a ser un mero espectador de lo que hacían los partidos (en capacitación y conteo). Esos días nos quedamos sin información preliminar de resultados electorales, sin fibra óptica porque alguien se la robó, pleitos y arreglos a conveniencia en las mesas de conteo final, un recuento que obligó a retrasar la toma de posesión de los diputados de San Salvador. También nos dejó la sorpresa de muchos miembros de la “vieja guardia” que quedaron fuera de la Asamblea y nuevos rostros que han dado qué hablar (para bien y para mal) en el ambiente político salvadoreño.

Nos dejó, una vez más, 2015, una elección atrasadísima de magistrados de la Corte Suprema de Justicia. La Legislatura realizó los nombramientos correspondientes en un proceso que pudo ser mejor si hubiera existido la voluntad de transparentar un poco más cada etapa y dar una ponderación más técnica de los requisitos que demanda la constitución y la jurisprudencia constitucional para dicho cargo. Para suerte de la sociedad salvadoreña, y a pesar de las deficiencias que pudieron detectarse en el proceso de elección, los nuevos magistrados de la Corte Suprema han demostrado un compromiso por ayudar a mejorar la institución y la intención de estrechar lazos cordiales entre todos los que integran la Corte. Y ese propósito de colaboración ha quedado demostrado en la resucitada Sección de Probidad que, a pesar de tener poco tiempo funcionando bajo todas las potestades, ya genera la incomodidad entre los políticos; esa incomodidad se ha convertido en sinónimo de eficiencia en el trabajo encomendado, como el que realiza la Sala de lo Constitucional desde 2009.

También 2015 nos dejó muchos temas pendientes de ser discutidos y legislados; la reforma al sistema de pensiones sobre la rentabilidad de las cotizaciones; la ley de telecomunicaciones en relación al espectro radioeléctrico; a la ley de partidos políticos sobre la democracia interna y financiamiento; ley de aguas, ciudadanización de las JRV y elección de funcionarios, en otros temas, son las deudas del año. Ojalá que el recuento de acontecimientos que nos indignaron este año viejo sirva también para no olvidar los errores cometidos y aprender de ellos, así como hacernos reflexionar en todo lo que se pueda mejorar para tener un mejor país.

*Columnista de El Diario de Hoy.