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Luces y sombras de 2015

Es en esta sociedad salvadoreña, cada vez más organizada, donde las batallas determinantes por la libertad y la democracia tendrán la oportunidad de expresarse, debatirse y encontrar vías legítimas de satisfacción

Se cierra el año 2015 con cifras de miedo, tanto en lo económico como en lo relativo a la seguridad ciudadana. Terminamos el ejercicio fiscal pagando más impuestos y recibiendo a cambio servicios públicos más deficientes. La situación general se ha deteriorado casi en la misma proporción en que el oficialismo arrecia la publicidad de sus supuestos logros. Pero ninguna encuesta seria otorga al gobierno calificaciones de aprobación en las áreas sensibles. La institucionalidad democrática luce maltrecha, el discurso divisivo aumenta decibeles y un grupo de políticos hasta se dio el lujo de esperar los últimos días hábiles para exhibir su alergia absoluta a la rendición de cuentas.

Aunque quisiéramos pensar otra cosa o ver hacia otro lado, lo cierto es que tuvimos un año desastroso. Ni siquiera el hálito de esperanza que los salvadoreños vimos aparecer en el cielo con la beatificación de Monseñor Romero consiguió que las reflexiones profundas alcanzaran para todos o duraran el tiempo suficiente. Los doce meses que mañana llegan a su fin nos dejan una estela de sinsabores, propios de esas etapas históricas oscuras en las que la mediocridad campea y escasean los verdaderos liderazgos.

Pero de la negatividad, ya lo sabemos, nadie saca fuerzas, así como jamás se han obtenido uvas de los arrozales. Entre las brumas de tantas razones (reales y aparentes) para dejar de creer, lo que asoma es un conjunto de luces, pequeñas tal vez, y rodeadas de negrura, pero estables en su misión de brillar y señalar un camino. De esas luces sí vale la pena hablar en las postrimerías de un año convulso, porque con ellas es posible alumbrar el porvenir.

Todavía no cabe esperar demasiado de los partidos políticos ni de sus liderazgos emergentes. En la izquierda se ven figuras jóvenes con mañas demasiado viejas --inflar la propia imagen con troles no es más que una nueva forma de engañar--, mientras en la derecha se observan, antes que muestras reales de carácter, agudas faltas de criterio. De hecho, en tanto los partidos sigan sin resolver sus apuestas por el futuro, no será por ahí por donde asome la esperanza.

Se rescata en este inventario, sin embargo, a esa sociedad civil pujante e inconforme que este año volvió a mostrar una fortaleza digna de las luchas democráticas que se avecinan. Organizaciones aglutinantes, movimientos ciudadanos independientes, líderes de opinión de probada ecuanimidad, jóvenes comprometidos con algo más grande que su propio bienestar, sumados a esos contados pero decisivos funcionarios públicos (en la Corte Suprema de Justicia, por ejemplo) que han sabido hacer la diferencia, todos ellos conforman una enriquecedora amalgama de ideas, principios y motivaciones dispersos a los que ha terminado uniendo una sola convicción: Ya no basta participar en elecciones cada cierto tiempo y esperar a que los políticos, de buena gana, reconozcan nuestros valores democráticos; ha llegado el momento de recordar a quiénes pertenecen el presente y el futuro que nos jugamos con cada decisión política que se toma en El Salvador.

Entre 2012 y 2014, fuera del movimiento Aliados por la Democracia y un par de organizaciones más (FUNDE, FUSADES, etc.), eran pocos quienes asumían la defensa enérgica y razonada de la institucionalidad, la transparencia y las libertades. En 2015 se dejaron oír nuevas voces contra la corrupción y aparecieron otras instancias ciudadanas exigiendo la depuración de nuestro sistema político. Sin ser exponencial, el crecimiento de estas manifestaciones constituye una ruptura con los niveles de tolerancia que la sociedad salvadoreña estaba acostumbrada a manejar frente a la deshonestidad, el maniqueísmo ideológico y los abusos de poder.


Los políticos van y vienen, pero es en esta sociedad salvadoreña, cada vez más organizada, donde las batallas determinantes por la libertad y la democracia tendrán la oportunidad de expresarse, debatirse y encontrar vías legítimas de satisfacción. Nada mejor para desear al país en el umbral de un nuevo año.

*Escritor y columnista de El Diario de Hoy.