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Los renglones torcidos de Dios y las terribles cifras de la violencia

Hace un año, en este mismo espacio, reflexionaba sobre los 12 jóvenes asesinados diariamente, me escandalizaba esta cifra; esta semana, los números terroríficamente superan las 42 muertes violentas

Reproduzco lo que escribí en septiembre de 2014. Hace varios años llegó a mis manos una novela entretenida, aunque para algunos es una obra que deben leer los jóvenes para formar el carácter, “Los renglones torcidos de Dios”, escrita por Torcuato Luca de Tena Brunet, un madrileño nacido en 1923, periodista y escritor vinculado con las ideas monárquicas; me vino a la memoria el libro, además de su entretenido argumento en la que una guapa detective, Alice Gould, ingresa a un psiquiátrico haciéndose pasar por demente para resolver un crimen que se ha cometido, me recordó lo que padece el país a través del sugestivo título que es usado a diestro y siniestro por propios y extraños, los renglones torcidos de Dios. 

Y es que los creyentes, por lo menos de manera elemental, entienden y creen que los renglones, esa serie de caracteres, palabras dispuestas en línea recta, tienden a torcerse con las actuaciones del hombre, de los hombres; la condición humana, el pecado dirían unos y otros. En este sentido, más allá de la frase, recordando lo básico de la novela de Torcuato, Alice se enfrenta con la tragedia humana, con los diferentes enfermos ingresados en el psiquiátrico que requieren no solo atención médica sino también hacerles sentir que, no obstante sus deficiencias o taras, son personas dignas.

Y es que la novela no solo busca pintar cómo es una institución psiquiátrica, en sí misma me parece que es un sitio especial sobre todo cuando no existen los recursos, la voluntad y una visión moderna para atendernos, sino que Alice debe demostrar que está sana, aunque parezca enferma, aunque por momentos nos hace ver que está totalmente desquiciada. La clave --y esto es lo interesante de la obra-- es sí Alice se hace, y realmente es una detective o en realidad es una loca de remate.

Ya algunos promotores de la antisiquiatría se planteaban la interrogante de quiénes son los locos, los que están al interior de un manicomio acusados de romper las normas y reglas, o los que están fuera de él, quienes actúan con la irracionalidad propia de los desquiciados fuera de los nosocomios mentales.

Perdonen que haya dado una gran vuelta, pero no hallaba el camino para resaltar un hecho que muestra lo enferma que está nuestra sociedad: alrededor de once o doce asesinados al día, la mayoría de ellos jóvenes, que dejan a familias profundamente adoloridas, y todo por nada, sí, por nada, porque en ninguno de estos casos se trata de ofrecer la vida por una causa, por un ideal, por una lucha en bien de la humanidad.
 
Eso fue hace un año, pero ahora, esta semana, los números terroríficamente están sobrepasando diariamente las 40 muertes violentas y al igual de lo que se ha visto desde hace uno, dos, tres, cuatro, cinco o más años, esta violencia demencial muestra la brutalidad e irracionalidad a la que se ha llegado en el país. Lo peor de todo es que no sabemos sí esto terminará o simplemente irá creciendo hacia una realidad desconocida.

Como salvadoreño, como cristiano, como periodista no me gusta esto, mucho menos tener que reportarlo en los periódicos, sin embargo, sí bien esta realidad es dolorosa, si bien es cierto hay otras realidades como lo es que la mayoría de salvadoreños es buena, trabajadora, dedicada a educar a sus hijos y hacer cosas de bien, la noticia sobre la violencia, los crímenes, las extorsiones, los robos se deben seguir reportando en los diferentes medios informativos. ¿Por qué hacerlo?

Primero, porque se trata de un acicate que debe golpear la conciencia ciudadana que no puede acostumbrarse ni mucho menos creer que los asesinatos, los crímenes contra la vida, e incluso, la muerte de mareros no puede quedar en la impunidad. 

Segundo, porque pone presión a las autoridades que deben hacer su mejor esfuerzo no solo para enfrentar esta criminalidad, sino además para hacer de El Salvador un país seguro.

Y tercero, al igual que Torcuato, el reportar esta realidad, nos hace recordar que la sociedad, los ciudadanos estamos viviendo en un país enfermo que no nos permite poner un límite, una frontera entre lo demencial y lo cuerdo, lo sensato, lo decente.

Ahora bien --y esto lo he planteado una y otra vez a través de los años--, cómo reportar esta violencia, es el gran reto que tienen los periodistas, la prensa seria que, sin duda, tiene estándares de mayor profesionalismo, principios éticos y un sentido de nación. 

*Editor Jefe de El Diario de Hoy.
ricardo.chacon@eldiariodehoy.com