Lee la versión Epaper
Suscríbase
Lee la versión Epaper

Las empresas juegan un rol vital en el cambio del mundo

El desafío es que todos los países y todas las partes de la sociedad trabajen conjuntamente de tal forma que puedan alcanzarse los objetivos, así como el estrechamente interrelacionado acuerdo climático que se acordará en París, en diciembre<

Como comunidad global hemos llegado a algo así como una encrucijada. Durante los últimos 200 años hemos vivido bajo un modelo de negocios aceptado. Extraer y explotar los recursos naturales del mundo fue casi la norma y muy pocos cuestionaron la veracidad de este sistema.

Si avanzamos al 2015, las cosas han cambiado. De forma lenta pero segura, durante las últimas décadas ha aumentado la consciencia sobre temas ambientales. En el mundo actual, la vieja forma de hacer negocios ya no es viable. El precio que pagamos por apegarnos a las viejas costumbres nos rodea por todas partes.

Basta con ver la última década. En Estados Unidos, el costo del clima extremo, incluyendo al Huracán Sandy y las sequías en California y Texas, ha superado los 300,000 millones de dólares. Si analizamos los desastres naturales ocurridos en todo el mundo, la cifra supera los 2 billones de dólares. En San Pablo, un lugar fuertemente dependiente de la energía hidroeléctrica, hemos visto la peor sequía de los últimos 80 años. Se estima que tan solo Unilever está incurriendo en costos asociados a los efectos del cambio climático de alrededor de 300 millones de euros por año.

Hay abundante evidencia que apoya la visión de que integrar el desarrollo sustentable con los modelos de negocios no afecta los estados financieros de una compañía, sino que de hecho, los mejora. Más allá de tener sentido comercial, la protección ambiental también es una fuerza motora del cambio social.

Conocemos los beneficios. Ahora, a nivel compañía, necesitamos gente y organizaciones que lideren la implementación de la transición hacia una economía verde inclusiva, y que sumen a otros. Defensores de la Tierra, un premio de Naciones Unidas, reconoce a los individuos que están tomando este liderazgo.

Un ejemplo es Natura, una empresa colega brasileña de productos cosméticos ganadora del premio “Defensores de la Tierra”. Natura garantiza aprovisionamiento sustentable de sus ingredientes y jerarquiza el empaquetado reciclable. Al adoptar un enfoque de ciclo de vida basado en eco-innovación, la compañía duplicó su tamaño entre 2007 y 2011. Los beneficios socio-ambientales de seleccionar proveedores con base en alta sustentabilidad costaron más de 750,000 dólares tan solo en 2012.

La propia Unilever ha puesto a la sustentabilidad en el centro de sus operaciones, cadena de proveedores, innovación y marcas. Es un imperativo moral y comercial. El Plan de Vida Sustentable de la compañía ha demostrado que reduce costos y riesgo, que impulsa el crecimiento e impregna un sentido de propósito en toda la organización, lo que atrae y retiene empleados. En enero de este año, Unilever anunció que actualmente envía cero desperdicios a rellenos sanitarios, ahorrando 200 millones de euros en toda nuestra red de fábricas.

Además, anunció el ahorro de 1 millón de toneladas de CO2, y un ahorro futuro de 100 millones de euros en manufactura. En 2014, las marcas más sustentables de Unilever crecieron dos veces más rápido que el resto de la organización. A la luz de dicha evidencia, el caso comercial a favor de la sustentabilidad es claro. En términos más sencillos, simplemente no es posible tener una empresa fuerte y en funcionamiento en un mundo de desigualdad, pobreza y cambio climático. La empresa tiene que ser parte de la solución.

Estos temas serán puestos bajo los reflectores esta semana conforme algunas de las mentes más influyentes del mundo se reúnan en Nueva York en el marco de la cumbre de los Objetivos de Desarrollo Sustentable de la ONU, donde se discutirán algunas de las decisiones más importantes que enfrenta el mundo ahora.

Trabajar en sociedad para alcanzar estos objetivos es una de las metas clave de esta cumbre. Esta colaboración debería llevarse a cabo en todo nivel, desde los CEO hasta los productores. Dicha sociedad podría incluir el apoyo a los pequeños agricultores del mundo para que puedan producir, vender y comer alimentos más nutritivos o empoderar individuos de algunos de los países más pobres del mundo para que mejoren las comunidades donde viven, así como sus propias vidas.

El desafío es que todos los países y todas las partes de la sociedad trabajen conjuntamente de tal forma que puedan alcanzarse los objetivos, así como el estrechamente interrelacionado acuerdo climático que se acordará en París, en diciembre. Por eso, la edición de este año del premio Defensores de la Tierra apunta a apoyar los objetivos ilustrando, con los ejemplos de los galardonados, que la transición a modelos comerciales incluyentes, sustentables, de poco consumo de carbón y uso eficiente de recursos, no solo es posible sino que ya está en progreso.

Ahora es el momento de actuar. Cabe esperarse que las generaciones futuras vean al 2015 como el año en que todo cambió. Sin cambios profundos en la forma en que operamos, seguiremos pagando el precio de nuestra falla para adaptarnos. El costo humano de dicha falla sería devastador.


*Presidente del Consejo Empresarial 
Mundial para el Desarrollo Sustentable.
@PaulPolman