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Irrelevante

La irascibilidad hacia los periódicos solo por el hecho de que no impriman alabanzas y hagan preguntas incómodas, preocupa independientemente de quien sea. Pero que venga de alguien como el alcalde deprime

El tema, que calificaron de irrelevante, se mantuvo suficiente tiempo en las discusiones políticas como para merecer un par de consideraciones. ¿El tema? Que pescaron a un tipo que se gana la vida usando el internet para manipular la verdad, inclinar opiniones del lado de sus clientes y amedrentar y hostigar a quienes quieran opinar en contra para fomentar la autocensura. Ninguno de los “qués” anteriores son ilegales. Quizás en los “cómos” tenga el acusado que rendir cuentas. 

Lo que convirtió en relevante este tema de la noche a la mañana fueron las salpicaduras. Como quien jala la suciedad que tapa una cloaca, amarrado venía un hilo de otras suciedades que si no dejan mal parados a algunos miembros de la clase política (de ambos lados, puesto que al parecer ningún partido tiene el monopolio en el juego sucio cibernético y apesta igual), los dejan en posiciones adyacentes al territorio de la falta de ética. 

Y no nos toca a nosotros, la ciudadanía, decidir a gritos quienes son culpables o no; que si por ese método se encontrara la justicia, por el mundo caminarían una infinidad de Barrabases libres. Es por eso que la justicia que la aplique a quien se la hemos delegado, el Ministerio Público, y que lo haga con pruebas y no con rumores, código penal en mano y no en base a vendettas políticas.

Lo que sí nos toca a la ciudadanía es poner atención, porque hay otros olores que han empezado a emanar de la cloaca destapada que podrían ser tóxicos para nuestra democracia, y a esos hay que tenerles muchísimo cuidado. Especialmente al de la hostilidad demostradísima de un funcionario de elección pública hacia los principales medios de comunicación. Para nadie es noticia que al Alcalde de San Salvador, los periódicos con más circulación en el país no le hacen ninguna gracia. Sus medios de comunicación de preferencia son los que le permiten montar amigables tertulias en cámara sin escrutinios periodísticos de por medio.

Como consumidor, está en su pleno derecho. Es el hecho que existe un espectro de gustos lo que permite que coexistan en el mismo formato obras de arte como Casablanca y basura como la séptima entrega de Rápido y Furioso. En lo que a periódicos respecta, los gustos del alcalde pueden estar en el espectro de quién prefiere otro tipo de lecturas, en el caso de él, aparentemente las de medios digitales de los que nadie había oído hablar antes de las elecciones y cuyas cuentas en redes sociales se alimentan de darle “retweet” a su cuenta oficial. Y allá él.

Lo que no está bien es que en algún momento, quizás dejándose llevar por el torbellino de su Goebbelianismo digital, ha olvidado el rol importantísimo que juegan los periódicos (sobre todo los que imprimen opiniones en contra del poder electo) dentro de una democracia. Permiten contrastar disensos, lo que le da oxígeno al pluralismo político que en teoría, fomentamos constitucionalmente. Son especialmente importantes cuando incomodan al poder. ¿Qué los periódicos también son poder? Cierto. ¿Qué detrás de las prensas matutinas hay ciudadanos, y como tales, tienen sus propias ideas políticas y simpatías? Algo de verdad hay ahí también. 

Pero asumir que los lectores desconocen esto al hacer uso de los periódicos para informarse, entretenerse o contrastar sus propios pareceres es arrogancia condescendiente hacia los lectores, asumiendo que son incapaces de pensar por sí mismos. 

La irascibilidad hacia los periódicos solo por el hecho de que no impriman alabanzas y hagan preguntas incómodas, preocupa independientemente de quien sea. Pero que venga de alguien como el alcalde de San Salvador, que ha hecho su carrera en base a mercadear sus nuevas ideas y su juventud como diferencia a la actual clase política, deprime. Deprime porque el alcalde suponía ser miembro de una generación diferente, que tolera, que está acostumbrada a pensares de todo tipo gracias a la globalización a la que la tecnología lo ha expuesto. Y sin embargo, usa la tecnología para bloquear diferencias y amplificar alabanzas, evitando debates constructivos.

Con sus llamados al boicot de los periódicos, más que a la juventud revolucionaria con la que ilusionó, recuerda a los fosilizados berrinches que desataran los ataques del Kirchnerismo contra el Clarín en Argentina. Y ojalá sus acólitos le hicieran caso y dejaran de leer opiniones disidentes: si así fuera, quienes osamos diferir con él por escrito y en público, gozaríamos merecidas vacaciones de los acosos de los ejércitos de troles. Pero a mí no me hagan caso, que al final, esto es “irrelevante”.
 

*Lic. en Derecho de ESEN con maestría en Políticas Públicas de Georgetown University. Columnista de El Diario de Hoy. 
@crislopezg