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La hora del engendro

La recomendación para las mujeres con respecto a no quedar embarazadas, que por decir lo menos, es una medida extravagante, a oídos de muchos suena “como una petición de auxilio” del gobierno

Hace muchos años, en Caluco, se acostumbraba que las noches de luna llena, a la una de la madrugada, recorriera las calles del pueblo un hombre batiendo su tambor, recordándole a todos los habitantes que había llegado la hora del engendro. 

Tal como se recoge en el libro “Exploración etnográfica. Departamento de Sonsonate”, publicado a mediados de los años setenta, la gente del pueblo estaba convencida de que si un niño era concebido en noche de luna, y a esa hora determinada, tenía asegurada una larga y sana existencia.

Algo de eso me parece, pero al revés, el anuncio de las autoridades de salud pidiendo a los salvadoreños que, ante la sospecha de malformaciones fetales achacadas al zika, se abstengan de procrear durante los dos próximos años; advertencia que ha provocado que volvamos a ocupar un lugar destacado –además del que ya gozábamos por el altísimo índice de homicidios-, en la prensa internacional. 

“So pretexto de lidiar con una epidemia viral relacionada con daño cerebral en infantes, El Salvador está simplemente recomendando a todas las mujeres del país no quedar embarazadas hasta 2018. Una medida que, para muchos, es una muestra de la desesperación del gobierno”, escribe esta semana un articulista del New York Times.

La recomendación para las mujeres con respecto a no quedar embarazadas, que por decir lo menos, es una medida extravagante, a oídos de muchos suena “como una petición de auxilio” del gobierno, tal como destaca el artículo citado.

El País también toca el tema y, entre otros, cita a una abogada especialista en género de FESPAD, quien declara “que las autoridades de El Salvador no tienen la facultad legal para hacer este tipo de recomendaciones”. La experta apunta que “el deber del Ministerio de Salud es solamente informar sobre las consecuencias de la enfermedad, pero no sugerir cuándo embarazarse o cuándo no, sobre todo cuando no se han tomado otras medidas que realmente solucionen el problema para las mujeres que ya están embarazadas”. 

The Economist, después de sentar que la lucha debe ser erradicar el mosquito y no los embarazos, termina su artículo diciendo: “las mujeres necesitan hechos, no metas de fertilidad”.

Una faceta, y no menor de la sugerencia, es la que se refiere a las repercusiones demográficas de la disminución de los nacimientos durante, al menos, dos años. Menos mal que todo ha quedado, por ahora, en recomendación; porque, suponiendo que los salvadoreños decidieran no tener más bebés durante un tiempo, el problema demográfico y económico que una disminución de la natalidad acarrearía, sería verdaderamente importante. 

Independientemente de la oportunidad de la advertencia, más preocupante que la imagen de “no saber qué más hacer” para atajar la epidemia, que ha proyectado a propios y extraños nuestro sufrido país, el anuncio parece tener todos los elementos para ver en él un trasfondo ideológico, muy similar a la manera de pensar de los soviéticos en sus días de gloria, cuando decidían e imponían a su población y a la de países satélites, qué producir, cuánto producir, dónde producir… En nuestro caso se está sugiriendo, a ciencia incierta, que no se tengan hijos.
Como me decía un conocido, -exagerando un poco, lo admito-: “poco nos falta para llegar a la política de hijo único que los chinos acaban de derogar”. 

Estamos, otra vez, frente a uno de esos engendros, “pensadas” les dice la gente, que hacen dudar no solo de la oportunidad y eficacia de la recomendación de no tener hijos durante dos años para evitar las consecuencias perniciosas del zika en los bebés, sino de la capacidad para comprender y solucionar los problemas de salud, seguridad, solvencia fiscal, educación, inversión extranjera, etc., que poco a poco desencantan a los que creyeron en promesas populistas, y confirman las sospechas de incapacidad de quienes saben que un país no se maneja a golpe de ocurrencias y buenas intenciones. 

*Columnista de El Diario de Hoy.
@carlosmayorare