Lee la versión Epaper
Suscríbase
Lee la versión Epaper

La hegemonía de izquierda

Que los partidos anhelen el respaldo ciudadano para mantenerse en la presidencia, incrementar el número de diputados y triunfar en más alcaldías no es ningún pecado

La hegemonía es sinónimo de  dominación, sometimiento, imposición, preeminencia de una persona o grupo sobre otro u otros. En el ámbito político quien la detenta asume el control absoluto del poder. No existen obstáculos para gobernar, el monopolio para manejar al país es sólido, sin fisuras, no hay debates ni se contraponen las ideas, las otras organizaciones políticas están neutralizadas y la alternancia entra en zona de riesgo porque la competencia electoral también está contaminada por quienes detentan la supremacía estatal.

De acuerdo con las conclusiones de su primer congreso, el FMLN quiere “alcanzar y profundizar la hegemonía política, ideológica, económica-social y cultural del proyecto revolucionario”. Pretende hacerlo a nivel nacional, en las instituciones públicas y en el conjunto del sistema político. También persigue el mismo objetivo al interior del partido. Asume la existencia de la de oposición política pero la considera un estorbo para la consolidación de su plan hegemónico. Compartir la conducción del Estado con el resto de fuerzas políticas no es una opción. Quiere comandar solo, o mal acompañado en la Asamblea, el futuro de los ciudadanos y para lograrlo pide a su militancia emplear todos los métodos para destruir a la oligarquía y a sus cómplices. 

Una de sus líneas programáticas señala que “(…) Para romper el equilibrio político será necesario avanzar en lo económico y social y lograr la hegemonía de izquierda. Por lo tanto, romper ese equilibrio y volcar la correlación de fuerzas a favor de los cambios, es uno de los principales retos del FMLN y de las fuerzas progresistas y democráticas”.

Mientras el mundo libre evoluciona y se ponen al frente de los Órganos Ejecutivos hombres y mujeres que encuentran en sus adversarios políticos la complementariedad de visiones para guiar a sus respectivas naciones, el liderazgo del FMLN mantiene la lógica bélica “amigo-enemigo”. No hay espacio para otras formas de pensamiento y quien diga lo contrario es un traidor al que se debe depurar. Por eso también van tras la hegemonía en la dirección del partido. 

De hecho la actual dirigencia viene consolidando ese dominio desde hace décadas, aún antes de la firma de la paz y, una vez suscrita ésta en Chapultepec, han mantenido arrinconados en una esquina a quienes expresan simpatía por la socialdemocracia. “Un elemento esencial del fortalecimiento ideológico y político del FMLN es erradicar de sus filas cualquier vestigio de las ideas reformistas, derrotistas y claudicantes (…) Para ello se debe: robustecer la disciplina revolucionaria”. Las elecciones del pasado domingo, en las que prevalecieron las candidaturas únicas de quienes llevan más de una década en la cúpula de ese instituto político, confirman la intención de no ceder a los progresistas ni una mínima cuota de autoridad.

Cuando el partido oficial afirma que “la derecha oligárquica perdió el poder en el Estado pero aún tiene un peso importante en la Asamblea Legislativa, gobierna la mayoría de municipios y controla otras instituciones del Estado”, evidencia un peligroso interés por afianzar el mando total de las instituciones. Que los partidos anhelen el respaldo ciudadano para mantenerse en la presidencia, incrementar el número de diputados y triunfar en más alcaldías no es ningún pecado. Ese es precisamente el propósito de su existencia y el sistema electoral contribuye a distribuir esas parcelas de gobierno.

Lo anormal es que para alcanzar ese objetivo quieran  manipular a las entidades públicas, manosear las reglas electorales y retrasar o impedir su modernización, fomentar la lucha de clases y alimentar la confrontación política. Esas prácticas son precisamente las que recién expulsaron de la Casa Rosada al Kirchnerismo, son las que seguramente configurarán un nuevo mapa político a favor de la oposición en Venezuela como consecuencia de las legislativas del próximo 6 de diciembre y son la que hicieron explotar las primaveras ciudadanas en varias partes del mundo.
 

*Columnista de El Diario de Hoy.